Las Confesiones de Lys - Freddys Moretta

Las Confesiones de Lys | Freddys Moretta

Sinopsis 

A modo de relatos Lys nos cuenta las conversaciones con su doctor sobre situaciones de su vida y el mundo tal y como ella lo ve, de una forma muy peculiar. Son relatos sensuales que rozan lo erótico y de rápida lectura casi poética.

Crítica

Las formas de ver el mundo son tan diversas como las personas que habitan este planeta. A través de distintas miradas, la literatura nos enfrenta a perspectivas muy variadas sobre temas fundamentales de la experiencia humana: el sexo, el placer, la violencia, el dolor del pasado y la cercanía de la muerte. En Las Confesiones de Lys, el autor Freddys Moretta nos abre las puertas a la mente convulsa de una mujer que atraviesa las etapas más avanzadas de una enfermedad mental y de un grave deterioro físico. Con una lectura atenta, se puede entender que la protagonista sufre las consecuencias de una enfermedad de transmisión sexual no tratada, específicamente la sífilis en una fase muy avanzada, la cual la ha llevado a la locura. Lejos de ser un simple reporte médico, el libro convierte la enfermedad de Lys en una forma de explorar su historia: es a través de su propia sexualidad desbordada como ella intenta darle sentido a su realidad.

La vida de Lys en el sanatorio no es el origen de sus males, sino el punto final de una historia marcada por la crueldad y la injusticia. Más allá de los problemas mentales que sufre en el presente de la historia, el texto nos permite reconstruir su pasado mediante pequeños recuerdos y detalles que el autor nos va soltando como migajas a lo largo de la narración. Así descubrimos una infancia marcada por el abuso infantil, las carencias extremas y el maltrato dentro de su hogar. Lys es el resultado de una familia rota: un padre abusador, una madre ausente que ejercía la prostitución y un inicio sexual temprano y desenfrenado que definió el rumbo de sus días. Toda esta falta de protección moldeó a una mujer que terminó sola y vulnerable en la calle. Por eso, el sanatorio resulta contradictorio: es al mismo tiempo el lugar que la aísla del mundo y el espacio donde los traumas de su niñez siguen vivos en su mente.

Uno de los aspectos más conmovedores de la psicología de Lys es la marcada disociación entre su yo adulto y su yo niño. En la narrativa se percibe un gesto de ternura trágica cuando intenta dormir o adormecer a esa niña interna, buscando protegerla a toda costa para que no sea testigo de la mujer dañada y degradada en la que se ha convertido. Esta fractura interna se complementa con una postura ética muy clara dentro de su discurso: Lys posee una moralidad abierta, honesta y sin tapujos. Lejos de esconderse tras las apariencias, rechaza la hipocresía de aquellas mujeres que ocultan sus deseos o juzgan a los demás. Se reconoce libremente tal cual es, una mujer que habla de su sexualidad, la siente y la ejerce de manera transparente, reivindicando su cuerpo y sus pasiones incluso en medio del dolor y el estigma social.

Un elemento fascinante que el autor nos deja entrever en este recorrido es que Lys no fue una prostituta cualquiera: en su momento de esplendor gozó de cierta fama y estatus dentro de ese mundo marginal. Esto se evidencia con sutileza en varios pasajes donde habla de la comida y la bebida. Ella recuerda con nostalgia cómo solía codearse con clientes y personajes influyentes que le enseñaron a apreciar licores caros y banquetes ostentosos, lo cual contrasta brutalmente con su realidad actual dentro del sanatorio, donde su alimentación se reduce a platos simples como las lentejas y el arroz con leche. Este contraste entre el lujo efímero de su pasado y la miseria de su presente le otorga una dimensión aún más trágica a su caída.

El formato narrativo elegido por el autor es el estilo epistolar. Mediante estas cartas dirigidas a un médico, podemos escuchar una voz que cambia de manera repentina entre la inocencia de una niña y la furia salvaje. Un aspecto clave a destacar en esta estructura es que no existen personajes de peso más allá de Lys y el propio médico. Si bien a lo largo del relato se menciona a las enfermeras, a un ginecólogo y a un enfermero que abusa de la chica, ninguno de ellos llega a desarrollarse como un personaje secundario destacable. Estas figuras funcionan más bien como sombras o presencias de fondo que representan el control y el abuso institucional. El médico actúa como un confesor lejano y como la autoridad que busca disciplinar su cuerpo, mientras que los demás cuidadores se convierten en sus verdugos. Esta falta de personajes secundarios con entidad propia refuerza la sensación de encierro, soledad absoluta y aislamiento en la que vive la protagonista.

Además, el deterioro del cuerpo de Lys está escrito con imágenes muy particulares. Las menciones repetidas a los problemas en sus ojos, a las heridas en sus pezones y al intenso dolor en sus huesos nos muestran el avance devastador del padecimiento. Este dolor óseo resulta especialmente revelador, pues no solo evoca las lesiones destructivas en los huesos propias de la sífilis terciaria, sino también los efectos agresivos de los antiguos tratamientos a base de mercurio o arsénico, los cuales solían desgastar profundamente el sistema óseo de los pacientes. Todas estas dolencias muestran cómo la enfermedad va consumiendo a la protagonista por dentro y por fuera.

Para quienes vayan a comenzar la lectura, es importante avisar que el libro puede ser difícil de seguir en algunas partes debido a la verborrea y al desorden en la forma de hablar de la protagonista, cuyo pensamiento fragmentado impide que los hechos se cuenten de manera lineal. Sin embargo, esto no es un error de redacción, sino un logro en la construcción del personaje: la forma de hablar de Lys es caótica porque su mente también lo está. Estamos ante un ejemplo claro de literatura de culto y de narrativa experimental que busca romper con los moldes tradicionales. El estilo de Moretta recuerda a otras grandes obras sobre la marginalidad en la ciudad, como Opio en las nubes del escritor colombiano Rafael Chaparro Madiedo. Al igual que en la novela de Chaparro, en Las Confesiones de Lys, el sexo se mezcla con los vicios, el ritmo de las palabras y un toque surrealista que por momentos resulta disparatado e insólito, para luego regresar a la realidad de las relaciones sexuales en su estado más crudo y puramente físico.

Las Confesiones de Lys no es una lectura fácil ni pensada para pasar el rato. Si buscas una historia convencional donde todo se explique paso a paso, vas a encontrar muchos desencuentros con el libro. La obra exige un lector dispuesto a sumergirse en los rincones más oscuros de la ciudad y de la mente: la prostitución en las calles, los vicios, la enfermedad y el encierro. El gran mérito del autor es que no juzga a su personaje ni adorna de más su sufrimiento. Lys habla directamente desde su dolor, y a través de sus cartas nos entrega un retrato conmovedor, fascinante y profundamente humano de una vida llevada al límite. Es una obra impactante que se consolida como un texto para quienes disfrutan de la literatura de culto, intensa y sin censura.

Frases

- [1] Mi nombre es Lys y tengo un defecto, Yo que poseo el don de la palabra, Yo no tengo quien me escuche, Yo hablo sola. 

- [5] La ciudad llora. Hiede a soledad. Mi nombre es Lys y soy su amante. Ella no tiene género, es tan varón o hembra como lo requiera mi necesidad.

- [27]Ya no tengo tiempo, la vida se ha convertido en una lluvia del mes de mayo, en una hoguera de cenizas dulces, en una estrella dolorida y sin deseos de morir. 

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