Alfa | Ali Hazelwood
Sinopsis
Una híbrida humana y un licántropo alfa se enfrentan, con uñas y dientes, a los lazos del destino en la esperada novela del universo de Novia.
Serena Paris es huérfana y no pertenece a ninguna manada. No hay otro como ella. Su comparecencia en público como la primera híbrida entre humanos y licántropos debería haber puesto fin a siglos de desavenencias entre ambas especies. En lugar de eso, la colocó en el punto de mira, presa de las despiadadas maquinaciones políticas entre licántropos, vampiros y humanos. Ahora que sus enemigos estrechan el cerco sobre ella, solo le queda una salida… Si él está dispuesto a aceptarla.
Como alfa de la manada del noroeste, Koen Alexander está acostumbrado a que le obedezcan. Tal es su autoridad que solo un necio se atrevería a amenazar a su compañera. Da igual que Serena no sienta lo mismo por él, nada le impedirá mantenerla a salvo.
Sin embargo, los vampiros y los licántropos sedientos de poder no son los únicos que persiguen a Serena. Tarde o temprano, su pasado le dará alcance, y puede que Koen sea el único capaz de evitar su aniquilación.
Crítica
Aventurarse en la narrativa de Ali Hazelwood supone recorrer un itinerario con altibajos harto conocidos por quienes seguimos de cerca la literatura contemporánea de romance y fantasía urbana. Tras haber leído tres de sus obras (Novia, Alfa y Caída libre), sentimos que ya le hemos cogido por completo el tranquillo a su fórmula narrativa, que resulta bastante predecible en sus giros y soluciones. Aun así, dentro de la etiqueta del romantasy, Alfa se posiciona un escalón por encima de su antecedente inmediato en el género, lo que nos lleva a otorgarle cuatro estrellas en el balance general. El salto cualitativo se percibe, sobre todo, en la construcción de sus figuras principales: Serena emerge como una protagonista dotada de mayor dinamismo, frescura y un pragmatismo genuino. Lejos de quedar relegada a la sombra de Misery, demuestra una autonomía forjada a golpes de adversidad, capaz de sobreponerse al despojo de su propio pasado para tomar las riendas de su destino y proteger a quienes la rodean.
Hay que ser claras desde el principio: nos encontramos ante una propuesta de romantasy que es súper light. Este no es un libro hecho para que pienses en profundidad ni para que sientas mucho más allá de lo que está estrictamente escrito en la página; no apela a una catarsis emocional ni busca una trascendencia literaria. Sus personajes, aunque simpáticos en el momento, tampoco van a resultar memorables. Es exactamente el tipo de lectura rápida de usar y tirar: te lo lees, te diviertes, pasas un rato ameno y hasta ahí llega la experiencia. De hecho, estamos convencidas de que después de algunos años prácticamente nadie se va a acordar del título ni de los detalles de la trama, pero cumple su objetivo inmediato dentro de la literatura de evasión.
El verdadero motor que sostiene el interés durante la primera mitad reside en la interacción magnética entre la pareja central. La tensión dramática entre Serena y Koen se edifica mediante una dialéctica de estira y afloja constante, un juego en el que ambos son plenamente conscientes de su condición de fated mates (compañeros predestinados), pero donde el entorno los obliga a contener los impulsos propios de su naturaleza híbrida y licántropa. Anteponer el bien común y la estabilidad comunitaria a la urgencia del vínculo biológico le otorga una madurez sumamente bienvenida a la dinámica. Koen encarna con precisión los atributos canónicos del arquetipo del alfa, pues es autoritario, dominante, visceralmente territorial y arrastra esa faceta de sabelotodo que tan bien funciona en el género. No obstante, la autora logra matizarlo al dotarlo de la vulnerabilidad de un vikingo gruñón y atribulado, cuya entrega desinteresada hacia la manada del noroeste se siente auténtica. Asimismo, un acierto indiscutible en la arquitectura del libro radica en la decisión de alternar la focalización e incluir capítulos narrados desde la perspectiva de Koen, pues esta alternancia brinda una visión mucho más amplia y poliédrica de las situaciones.
A diferencia del despliegue conceptual que presenciamos en Novia para explicar la compleja coexistencia geopolítica entre humanos, vampiros y hombres lobo, en Alfa el escenario socioespacial se repliega casi por completo al entorno de la manada. En esta ocasión, la autora se desmarca en gran medida de su habitual trasfondo STEM o estrictamente científico, ya que, lejos de centrarse en laboratorios o teorías complejas, el conflicto se limita únicamente al misterio sobre la condición médica y las perturbaciones biológicas de la protagonista. Sin embargo, un detalle recurrente que nos fastidió considerablemente a lo largo del texto fue la insistencia con la que se destaca el cuerpo de Serena de forma hiper sexualizada, pues ese prototipo repetitivo de la chica menuda pero de "grandes curvas" termina sintiéndose como un cliché cansino e innecesario.
Por otro lado, sería un ejercicio de complacencia ignorar que la obra dista de disfrutarse de principio a fin. El tramo final se convierte en una travesía cuesta arriba producto de una ineludible sensación de agotamiento lector y saturación. Llegado cierto punto, la historia bordea un dramatismo excesivo y recargado que evoca inevitablemente la estructura de una telenovela turca, creando una espiral donde se amontonan sin tregua un diagnóstico terminal, la revelación de una secta y la irrupción de la protagonista al rescate del coprotagonista. Para quien ya conoce el patrón habitual de la autora, las costuras del argumento quedan al descubierto desde los primeros capítulos. El enigma de la enfermedad de Serena resulta dolorosamente predecible y, a medida que avanzan las páginas, la trama pierde cohesión para dispersarse en una sucesión de acontecimientos caóticos y saltos temporales desprovistos del contexto necesario. Al alcanzar el clímax, la historia se desinfla debido a la resolución superficial, apresurada y francamente mediocre de conflictos que prometían una mayor densidad.
En el plano estilístico, la homogeneización del registro humorístico tiende a igualar las voces de los personajes secundarios, haciendo que casi todos terminen expresándose bajo el mismo patrón de chascarrillos que resta matices al conjunto. A esto se suma un desatino significativo en la cadencia del relato: la saturación de contenido explícito. La inclusión de un capítulo entero consagrado exclusivamente a la intimidad resulta excesivamente dilatada e innecesaria, cortando de golpe la progresión dramática en lugar de aportar a la tensión entre los personajes.
A pesar de estas evidentes imperfecciones en el diseño estructural, de lo predecible que se vuelve la fórmula de Hazelwood tras tres libros a las espaldas y de su falta de trascendencia, Alfa se sostiene en el cómputo global con sus cuatro estrellas como una opción de romantasy ligera, adictiva y entretenida que logra cumplir su cometido esencial de entretener sin mayores complicaciones.
Frases
- Ella no espera gran cosa de nadie ni se ofende con facilidad. Hace que alejarla resulte tremendamente difícil y frustrante.
- Desconectó. Me disocio. Intento no pensar en lo que está en juego. Para sorpresa de nadie, lo de ir a la tele a hablar de lo extraña que es una puede resultar un pelín alienante. Solitario.
- A la gente le encantan las teorías de la conspiración. Sin embargo, hay que llevar mucho cuidado a la hora de elegir el envoltorio con el que se las presentas.
- Creo que no soy capaz de sentir celos. Para eso es necesario creer que se te debe algo, y nunca ha sido mi caso.
- Los cambios requieren adaptación.... y los secretos, distancia.
- Si ya tenéis una asamblea, ¿por qué aceptáis el liderazgo de un alfa?
Se ríe entre dientes.
- No somos humanos, Serena. Estamos programados biológicamente para unirnos en torno a un individuo digno.
- Me señala con la cabeza- Tú eres licántropa. Puede que no al cien por cien, pero también lo notas, ¿a que sí?
La importancia de Koen como símbolo. La unidad. La fuerza. La seguridad. Supongo que es como la fe, en cierto modo, aunque al mismo tiempo no se parece en nada.
- Aquí, el lobo es la forma por defecto. La humana es algo a medio camino entre una molestia necesaria y una limitación bochornosa que afecta únicamente a los licántropos menos dominantes.
- Nunca he tenido muy claro si quería saber quiénes eran mis padres. Supongo que no es la actitud habitual de alguien huérfano... O puede que sí. Estoy segura de que, aunque algunos buscan desenterrar el pasado para definir con más precisión el futuro ( lo típico que suele soltarte el psicólogo), a otros se la suda tanto como a mí. Los niños criados como yo desarrollan un pragmatismo único, fruto de la certeza de que nada nos protegerá frente a la realidad.
- Un lobo comprende la naturaleza de un modelo único y afectuoso. Toda forma parte de un conjunto, envolvente, físico y sencillo. Bañado de sol, inundado de lluvia. Un acercamiento a algo significativo. Un paso adelante, con el que buscas, buscas, y buscas, aunque todo se te escape de...
- Cuando tu vida no ha sido más que una sucesión de giros inesperados, lo cotidiano puede resultar de lo más exótico.
- El bien y el mal son conceptos muy categóricos que no siempre logran captar los matices y las complejidades de la vida.
- La mayoría de las historias tienen algo de ciertas. Aunque, en muchas ocasiones, las verdades que buscamos no son las que acabamos encontrando.
- Nunca he dejado que mis orígenes me definieran, ya que, de lo contrario, nunca me habría llegado a definir. Puede que sea Serena la desconocida, pero sigo siendo Serena. El pasado no tiene por qué moldear el futuro.
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