Vuelo de brujas - Pepa Mayo, Rosa Curiel y Alicia Sánchez

Vuelo de brujas - Varios

Vuelo de brujas |
Pepa Mayo, Rosa Curiel y Alicia Sánchez

Sinopsis 

Este libro es un homenaje a las brujas. Una celebración para revisitar una de las figuras más presentes en nuestro imaginario literario y cinematográfico: desde Circe, Medea o Morgana hasta las brujas de Mayfair, pasando por Merricat y Constance, de Shirley Jackson.

Todas ellas figuras femeninas fuertes, fascinantes y extraordinarias que se alejan de los convencionalismos y representan la rebeldía y el poder.

Terror y fantasía se entremezclan en los relatos de Vuelo de brujas para formar el particular aquelarre que trece autoras han dedicado a uno de sus monstruos más queridos, y reales, si es que alguna vez han sido ellas, las brujas, el auténtico monstruo del cuento...

Crítica

Todas las mujeres tenemos algo de brujas, no solo porque hemos cargado con el estigma de tener genios terribles o por el simple hecho de que, hace ya bastante tiempo, se ha sospechado de la mujer, especialmente de aquellas que no encajan con esa imagen mariana de la feminidad, sino porque la transgresión siempre ha necesitado de un mito radical para explicarse. Vuelo de brujas, la antología editada por Pepa Mayo, opera precisamente en ese territorio de sospecha histórica. Sin embargo, el gran acierto de las quince autoras que componen este volumen no es huir de los clichés tradicionales o edulcorar el mito, sino todo lo contrario: abrazan conscientemente los tópicos más oscuros y la imagen de la bruja terrible descrita en manuales inquisitoriales como el Malleus Maleficarum. Al adueñarse de esa iconografía del espanto y de la maldad inherente que los perseguidores proyectaron sobre lo femenino, la obra se transforma en un tapiz polifónico donde el cliché no es una limitación, sino una provocación estética y política. Aquí la bruja asume su monstruosidad no como una derrota, sino como la última frontera de su soberanía.

Dentro de este despliegue de horror y mitología compartida, sobresalen piezas de una enorme madurez estilística que logran fundar puentes entre el folclore inquisitorial y la gran literatura hispanoamericana. Un ejemplo evidente es "La hilandera" de Alicia Sánchez, un relato que se sostiene sobre una atmósfera magnética que evoca de inmediato el realismo mágico y los tintes generacionales y míticos de La casa de los espíritus de Isabel Allende. En este texto, el acto de tejer y coser abandona su rol de sumisión doméstica para ligarse a la hechicería de la sangre y del destino; lo sobrenatural se inserta en el día a día como una herencia tan inevitable como el apellido, demostrando cómo el mito pervive a través de los siglos. Esa misma sofisticación al explorar los límites de la identidad y el pacto con lo innombrable se traslada a "Ada Neuman" de Patricia Esteban Erlés y a "Celebración de las Tinieblas" de Rosario Curiel. Mientras Esteban Erlés domina la perturbación a través de una prosa milimétrica, clínica y cargada de un simbolismo siniestro, Curiel construye una liturgia sombría donde la oscuridad y el ritual prohibido dejan de ser una amenaza para transformarse en un espacio de revelación y justicia poética para las expulsadas de los altares convencionales.

La compilación avanza con paso firme hacia la materialidad del cuerpo, el suspense y los rincones más oscuros del rito y la memoria histórica. Es imposible no detenerse en "Cabeza de oso", una de las piezas más magnéticas del volumen, donde la propia Pepa Mayo demuestra un control absoluto de la narrativa de tensión. Lejos de apoyarse únicamente en el impacto fantástico, el cuento destaca por ser una obra de suspense impecablemente construida. A través de una atmósfera asfixiante y un manejo milimétrico del ritmo, la autora nos arrastra por una intriga criminal y psicológica que culmina en la revelación del sacrificio ritual. Aquí, el horror atávico del cliché de la bruja se camufla bajo las reglas del thriller, demostrando que la crueldad enraizada en estos mitos se vuelve aún más perturbadora cuando se cocina a fuego lento.

Esta crudeza se complementa a la perfección con la propuesta de Fayna Bethencourt en "Cuando llueve por dentro". Lejos de ser una simple fantasía, el relato funciona como un eco desgarrador que nos trae de vuelta la memoria histórica de la mujer condenada por la Inquisición; esa lluvia que cala los huesos de la protagonista es el trauma transgeneracional del encierro, el tormento y los calabozos, una encarnación poética del dolor físico y moral infligido a los cuerpos femeninos bajo el yugo del Santo Oficio.

El punto más perturbador y descarnado de esta apropiación del mito lo hallamos en "El niño difunto" de Gemma Solsona Asensio. Solsona Asensio maneja con maestría la prosa para adentrarnos en una historia terrible de la niñez y el maltrato. Al cruzar el umbral del folclore gótico, el cuento desentraña la malicia infantil y la violencia soterrada que los adultos ejercen sobre los más vulnerables. La hechicería aquí no es un juego de magia, sino la manifestación desesperada y oscura que surge en entornos corrompidos por la crueldad hacia la infancia. El relato conecta de forma magistral con las acusaciones históricas sobre el infanticidio y el control de la vida presentes en el Malleus Maleficarum, pero obligando al lector a mirar de frente la violencia real que inspiró aquellos mitos.

El ritmo de Vuelo de brujas es ágil y magnético, sostenido por la diversidad de voces que jamás pierden el rumbo del proyecto editorial. Al cerrar el libro, queda la certeza de que estas autoras no han pretendido pedir perdón ni limpiar la figura de la bruja; al contrario, han tomado las llamas de las viejas hogueras y los textos que las condenaron por no encajar en el molde mariano de la sumisión para demostrar que, a través de la literatura contemporánea, la potencia implacable y terrible de su disidencia sigue completamente viva.



Frases

-[12] La mujer que incumple con los roles estipulados por el sistema debe ser, sin remedio alguno, una bruja. De ahí que en su representación se haya tomado como imagen la deformidad, la ancianidad e incluso la gordura, pues resultan contrarios a la concepción de puerza, inocencia y perfección que se quería transmitir a la juventud. 

-[13] Dejáte embrujar y vuela con ellas. 

-[15] -Y me maldijeron: "Serás una bestia eterna". Pero si la eternidad es una palabra que no acaba de entenderse, lo eterno es lo que se pasa de generación en generación, así nos perpetuamos como ideas benéficas o perversas. 

-[22] Yo era la bruja hilandera, decían, la tejedora de muertos y desgracias. 

-[25] Los muertos. Ellos vinieron conmigo, y aquí se quedarán. Son como una estela, sujetos a mi por infinidad de hilos de plata, unos hilos que conforman una telaraña invisible que me rodea siempre. 

-[26] ¿Las habéis visto? ¿Habéis visto a mis pobres hijas? Tienen los ojos y el cabello negro y andan sigilosas como pajarillos, susurrando canciones que nadie conoce. Mis hijas, dulces y bellas como palomas blancas. 

-[26] También me dijo que debía cepillarme [27] el pelo cien veces cada noche, antes de acostarme, porque sólo así conseguiría tener una hermosa melena, me decía, con brillantes hebras de oro coronando mi cabeza. 

-[36](…)  Yo también lo sé, sé que los espíritus de las niñas está escondidos en la parte secreta de la casa. Están hechas del polvo que se acumula en los grandes tapices, del verdín que crece entre las piedras del jardín, de la fina arena que desprenden las baldosas desgastadas...

-[39] Mi rueca es mucho más que cuatro tablones de madera unidos entre sí, pienso. No sé de donde proviene, si del cielo o del infierno, pero es un instrumento sagrado, y, como tal, perdurará a través del tiempo, pase lo que pase. 

-[70] Mar le enseñó a contar hasta diez en sánscrito: eka, dvau, trayas, catvarah, paenca, sap, sapta, astau, náva, dása...Eera una de esas cosas inncesarias que tambén le habrían gustado a su padre, como coleccionar mariposas o aprender el tiro con arco. 

-[176] Ella, una tormenta eléctrica, taimada y rabiosa, que haría cualquier cosa por obtener lo que se le viniera en gana. Tan malvados, tan letales. En los ojos de cada uno se reflejaba el otro. Eran iguales. 

-[189] Mariana y yo tuvimos que hacernos invisibles para ocupar un espacio en el que no molestáramos a nadie. Lo que les cuento es como haberse asomado por un instante, al infierno. 

-[214] La única verdad es que crees que si destruyes lo que no entiendes, si haces desaparecer lo que desearías poder saber, no tendrás que contestar a todas esas preguntas que bullen dentro de ti y que hacen tambalearse todo lo que te han enseñado hasta ahora. 

-[265] Tal vez Rosemonde era tan bruja como ella. Tal vez, la crueldad de la gente la había llevado a internarse en el bosque, igual que a ella, con la diferencia de que Rosemonde había decidido no volver a salir. 

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