Entrevista con el Vampiro - Anne Rice
Entrevista con el Vampiro | Anne Rice
Sinopsis
Entrevista con el vampiro es el primer título de la famosa e inquietante serie de Crónicas Vampíricas. En esta novela, Anne Rice narra la conversión de un joven de Nueva Orleans en eterno habitante de la noche. El protagonista, llevado por el sentimiento de culpabilidad que le ha causado la muerte de su hermano menor, anhela transformarse en un ser maldito. Sin embargo, ya desde el inicio de su vida sobrenatural se siente invadido por los sentimientos más humanos, como el amor que lo ata a una de sus víctimas, una pasión no exenta de dependencia sexual y psicológica.
Ésta es una obra de inusitado horror, producto de una pluma magistral.
Crítica
Si hay algo que detesto de la deriva actual, y lo digo con el cinismo de quien se siente anciana a pesar de su edad, es la urgencia por barnizar de proteccionismo y moralina barata cada rincón de la cultura. Vivimos en la era de la hipocresía: pretendemos blindar a una infancia que ya navega sin brújula por contenidos de toda índole, mientras nos rasgamos las vestiduras cuando libros como estos caen en manos de adolescentes.
Los subestimamos bajo el estigma de ser "poco sesos", olvidando que son mentes en plena forja. No necesitan censura, necesitan formación para decidir qué mundo quieren habitar. Al fin y al cabo, ¿Quién que haya crecido en los noventa no se formó el carácter entre las páginas de Anne Rice, Stephen King o Cassandra Clare?
Resulta paradójico que joyas como Entrevista con el Vampiro hayan caído en un limbo editorial, careciendo de reediciones dignas bajo el pretexto de no ser "educativas". Recuperar estas obras es una bofetada contra la mediocridad de quienes pretenden decidir por los jóvenes. Rice no escribió para dar lecciones de ética, sino para explorar la oscuridad y la condición humana; precisamente aquello de lo que hoy intentan, inútilmente, "protegernos".
Más allá de la transgresión, la obra es una lección de historia sensorial. Nos sumerge en una Nueva Orleans colonial erigida sobre la riqueza del índigo y el azúcar, pero también sobre la amalgama violenta de sangres —españolas, francesas, indígenas y africanas—. Es la crónica del migrante y del descubrimiento crudo del cuerpo, donde la pasión y el dolor se confunden en el mismo lecho.
En este escenario, Louis sostiene el peso de una transformación dolorosa. Es un personaje que, aunque parece lánguido frente al magnetismo de Lestat, es en realidad el más vital y el que mejor encierra el espíritu de su tiempo. Incluso en sus momentos más destructivos —como su curiosa e irredenta pulsión por incendiar aquello que ama o lo que lo ata, desde Pointe du Lac hasta la sangrienta venganza en el teatro de los vampiros—, Louis busca desesperadamente purgar un pasado que lo asfixia.
Ese viaje hacia la madurez llega a su punto de quiebre con la muerte de Claudia y Madeleine en el Théâtre des Vampires. Es allí donde Louis cambia de verdad: se desprende de la esperanza y abraza el olvido. La figura de Claudia, esa mujer de intelecto voraz atrapada en un cuerpo infantil, queda como el testimonio de que el conocimiento no puede ser contenido por la biología ni por la moralina de turno.
Al final, tras recorrer Europa y enfrentarse a la decadencia estática de Armand, el círculo se cierra con un encuentro amargo. Louis halla a un Lestat destruido, oculto entre los escombros de una era que ya no comprende. Allí reside la verdadera maldición: no es la sangre, sino la incapacidad de adaptarse a la modernidad.
Mientras Louis fluye con los siglos y acepta su propia sombra, Lestat se marchita como un fantasma anacrónico. Esta obra no es una mala influencia; es un tratado sobre el derecho a evolucionar, incluso cuando el precio sea ver el mundo arder tras nosotros.
Frases
- [12] El vampiro era totalmente blanco y terso como si estuviera esculpido en hueso blanqueado; y su rostro parecía tan exánime como el de una estatua, salvo por los dos brillantes ojos verdes, que miraban al muchacho tan intensamente como llamaradas en una calavera. Pero, entonces, el vampiro sonrió, casi anhelante, y la sustancia blanca y tersa de su rostro se movió con las líneas infinitamente flexibles pero mínimas de los dibujos animados.
-[13] (…) -Usted no siempre fue un vampiro, ¿verdad?- preguntó.
-No-contestó el vampiro-,era un hombre de veinticinco años cuando me convertí en un vampiro, y eso sucedió en mil setecientos noventa y uno.
-[14] …Entonces vivíamos en Luisiana. Habíamos recibido tierra para colonizar y pusimos dos plantaciones de índigo en el Mississippi, muy cerca de Nueva Orleans...-Ah, por eso el acento...-comentó en voz baja el chico. Por el momento, el vampiro le echó una mirada vaga. -¿Tengo acento?-preguntó, y empezó a reírse. Y el chico, aturdido, contestó rápidamente. -Lo noté en el bar cuando le pregunté cómo se ganaba la vida. No es más que un leve acento en las consonantes, eso es todo. Nunca me imaginé que fuera francés. -Esta bien-le aseguró el vampiro-.No estoy tan sorprendido como parezco. Sólo es que, de tanto en tanto, lo olvido. Pero deja que continúe...
-[14] -Te hablaba de las plantaciones. En realidad, tuvieron mucho que ver con mi transformación en vampiro. Pero ya llegaré a eso. Nuestra vida era lujosa y primitiva al mismo tiempo. Y nosotros la encontrábamos sumamente atractiva. Allí vivíamos mucho mejor de lo que jamás podríamos haber vivido en Francia. Tal vez la mera inmensidad de Luisiana nos lo hacía parecer, pero, al creer que así era, lo era. Recuerdo los muebles importados que atestaban la casa. -El vampiro sonrió-.Y el clavicordio; era un encanto. Mi hermana solía tocarlo. En los atardeceres de verano, ella se sentaba ante las teclas dando la espalda a las grandes puertas vidrieras. Y todavía puedo recordar esa música rápida, quebradiza, y la visión del pantano elevándose detrás de mi hermana, los cipreses ahítos de musgo flotando contra el cielo. Y estaban los ruidos del pantano, un coro de criaturas, y el canto de los pájaros. Pienso que nos encantaba. Hacía que los muebles de palo rosado fueran más preciosos, que la música fuera más delicada y deseable. Inclusive cuando la vistaria rompió las contraventanas de las ventanas del ático y sus zarcillos se abrieron paso por el ladrillo blanqueado en menos de un año.
-[16] (…) Sucedió cuando tenía quince años. Entonces él ya era muy apuesto. Tenía una piel muy fina y grandes ojos azules. Era robusto, no delgado como ahora soy yo y fui yo entonces...Pero sus ojos...Era como si, cuando lo miraba a los ojos, yo estuviera a solas en el límite del mundo..., en una playa del océano barrida por el viento. Lo único que había era el suave rumor de las olas. Pero -dijo con los ojos aún fijos en el marco de la ventana-empezó a tener visiones. Al principio, sólo me lo insinuó, y dejó por completo de comer. Vivía en el oratorio. A cualquier hora del día o de la noche, yo lo podía encontrar arrodillado sobre la losa del altar. Y descuidó el mismo oratorio. Dejó de encender las velas y de cambiar los lienzos del altar y hasta barrer la hojarasca.
-[20] (…) Vivía como un hombre que quería morir pero que no tenía el valor de matarse. Caminaba a solas por las calles y los callejones de los negros; me caía al suelo en los cabarets, me negué dos veces a batirme en duelo, más por apatía que por cobardía, y, verdaderamente, deseaba que me asesinasen. Y entonces fui atacado. Pudo haber sido cualquiera. Y yo presentaba una invitación abierta a marineros, ladrones, maniáticos, a cualquiera. Pero se trató de un vampiro. Me atrapó a unos pasos de mi casa una noche y me dejó dándome por muerto, o así lo pensé.
-[22] (…) La gente que deja de creer en Dios, o en la bondad, sigue creyendo en el demonio. No sé por qué. No; sé muy bien por qué. El mal siempre es posible. Y la bondad es eternamente difícil. Pero debes comprender; la posesión en realidad es otra manera de decir que alguien está loco. Así era como pensaba el cura. Estoy seguro de que había vislumbrado la locura. Tal vez se había colocado directamente encima de una locura rampante y la había proclamado como una posesión. No tienes que ve a Satán cuando se lo exorciza. Pero estar ante la presencia de un santo...creer que el santo ha tenido una visión...No, es egoísmo, es nuestra negativa a creer que puede suceder a nuestro lado.
-[27] (…) Déjame decirte lo que es el poderoso instinto de un vampiro, para quien hasta el cambio más imperceptible en las expresiones faciales de un ser humano es tan evidente como un gesto. Lestat tenía un instinto sobrenatural. Me empujó al carruaje y azotó los caballos. "Quiero morir-empecé a murmurar-.Esto es insoportable. Quiero morir. Usted tiene el poder de matarme. Déjeme morir." Me negué a mirarlo, a ser encantado por la mera belleza de su apariencia. Pronunció mi nombre muy suavemente y se rió. Como te he comentado, estaba completamente decidido a tener mi plantación.
-[30] -Qué patético resulta describir cosas que verdaderamente no pueden describirse-dijo, y su voz fue casi un susurro. El muchacho quedó inmóvil, como si estuviera congelado-.Lo único que vi fue esa luz cuando chupaba la sangre. Y entonces esa cosa...fue un sonido. Al principio un rugido apagado y luego como el tam-tam de un tambor cada vez más frecuente, como si una criatura inmensa se me viniera encima lentamente a través de un bosque oscuro y desconocido, golpeando un inmenso tambor. Y luego se oyó el sonido de otro tambor, como si otro gigante se acercara detrás del primero, concentrado en su propio tambor, sin prestar la más mínima atención al ritmo del anterior. El sonido se hizo cada vez más fuerte, hasta que pareció no solo llenar mis oídos sino todos mis sentidos; estaba latiendo en mis labios, mis dedos, en la piel de mis sienes, en mis venas. Sobre todo en mis venas, un tambor y luego otro tambor; y entonces, de improvisto, Lestat alzó la muñeca y yo abrí los ojos y, en aquel instante, me tuve que dominar para no agarrarle la muñeca y ponérmela de nuevo en la boca a cualquier costo; me dominé porque me di cuenta de que el tambor había sido mi corazón y el segundo tambor había sido el suyo.
-[31] Ésa, por supuesto, fue una orden sabía. Cuando vi la luna sobre las piedras, me enamoré tanto de ella que me quedé allí casi una hora. Pasé por el oratorio de mi hermano sin pensar siquiera en él, y de pie entre los algodoneros y los robles, oí la noche como si fuera un coro de mujeres susurrantes, todas invitándome con sus pechos. En cuanto a mi cuerpo, aún no estaba enteramente convertido y, tan pronto como me acostumbré a los sonidos y las visiones, me empezó a doler.
-[33] La alusión al ataúd tocó una veta mía de terror que pienso que absorbió toda la capacidad de miedo que me quedaba. Luego sólo sentí la leve alarma de tener que compartir un ataúd con Lestat. Él estaba en ese momento en el dormitorio de su padre, despidiéndose de él, diciendo que regresaría por la mañana.
-[36] Lo primero que se me hizo evidente, cuando Lestat y yo pusimos el ataúd en un carruaje y robamos otro ataúd de un depósito, fue que Lestat ya no me gustaba. Aún me faltaba mucho para ser su par, pero me sentí infinitamente más cerca de él que antes de la muerte de mi cuerpo. No puedo realmente aclararte esto muy bien, por la razón obvia de que ahora tú estás como yo antes de que se me muriera el cuerpo. No puedes comprender. Pero, antes de morirme, Lestat había sido la experiencia más abrumadora que yo jamás había tenido.
-[40] -Matar no es una acción común-dijo el vampiro-. Uno no se sacia simplemente con sangre.-Sacudió la cabeza-.Seguro que es la consideración de que se trata de la vida de otro; y, a menudo, la experiencia de la pérdida de esa vida por medio de la sangre, lentamente. Es una y otra vez la experiencia de la pérdida de mi propia vida, la que experimenté cuando le chupé la sangre a Lestat de la muñeca y sentí que su corazón latía junto al mío. Es una y otra vez la celebración de esa experiencia-dijo esto con la máxima seriedad, como si discutiera con alguien que opinaba otra cosa-.Creo que Lestat jamás vivió eso, aunque no sé cómo pudo ser así. Quizá lo vivió algo, pero muy poco, según creo, de lo que tendría que haber vivido.
-[47] -Ah, sí, a menudo. Pero te contaré un pequeño secreto que se aplica no sólo a los vampiros sino a los generales, los soldados y los reyes. La mayoría de nosotros preferimos ver morir a alguien que ser objeto de rudeza bajo nuestros techos. Es extraño...sí, pero muy cierto, te lo aseguro. Ese Lestat salía a cazar seres humanos todas las noches. Yo lo sabía. Pero si él hubiera sido rudo y desagradable con mi familia, mis huéspedes o mis esclavos, yo no lo podría haber soportado. Pero no lo fue nunca. Parecía deleitarse con los visitantes.
-[49] -Una noche me gustaría conocer el demonio-me dijo una vez con una sonrisa maligna-.Lo perseguiría de aquí hasta los bosques del Pacífico. Yo soy el demonio.
-[51] Pero deja que te describa Nueva Orleans como era entonces, para que puedas comprender la simplicidad de nuestras vidas. No había ninguna ciudad en Norteamérica como Nueva Orleans. No sólo estaba llena de franceses y españoles de todas categorías, que habían formado su propia aristocracia, sino que habían llegado todas las variedades de inmigrantes, principalmente irlandeses y alemanes. Entonces no sólo estaban los esclavos, realmente fantásticos con sus vestimentas tribales y sus costumbres, sino la clase creciente de gente libre de color, esa gente maravillosa de nuestro propio mestizaje y de las islas, que produjo una casta magnífica y única de artesanos, artistas, poetas y famosas bellezas femeninas. Y estaban los indios, que en verano llenaban los muelles vendiendo hierbas y obras de artesanía. Y en medio de todo esto, en medio de esta Babilonia de idiomas y colores, estaba la gente del puerto, los marineros de los barcos, que venían en gran número a gastarse el dinero en las salas de fiesta, a comprar por una sola noche a las mujeres hermosas, oscuras y blancas, a cenar lo mejor de la cocina francesa y española y a beber vinos importados de todo el mundo. Luego, además de todo eso, al cao de unos años de mi transformación, aparecieron los norteamericanos, que construyeron la ciudad al norte del Barrio Francés, con magníficas mansiones griegas que en la noche brillaban como templos.
-[52] Así era Nueva Orleans: un lugar magnífico y mágico para vivir. Un lugar en el cual un vampiro, ricamente vestido y caminando con gracia por los charcos de luz de una lámpara de aceite, no atraía más la atención en las noches que cientos de otras exóticas criaturas; si es que atraía alguna, si es que alguien susurraba detrás de un portal: "Oh, ese hombre...¡qué pálido, cómo relumbra..., cómo se mueve!¡No es natural!" Una ciudad en la que el vampiro podía desaparecer antes de que alguien pudiera terminar de decir esas palabras, buscando los callejones en los que podía ver como un gato, en los bares a oscuras donde los marineros dormían con sus cabezas apoyadas en las mesas, en hoteles con habitaciones de altísimos techos donde una figura solitaria podía sentarse, con sus pies sobre un almohadón bordado, con sus piernas cubiertas con medias, su cabeza inclinada bajo al luz mortecina de una única vela, sin jamás ver la gran sombra que se movía por las flores de yeso del techo, sin ver los largos dedos blancos que se acercaban a apagar la frágil llama.
-[52] (…) Y cuando camino por las calles-iluminadas por las estrellas- del Quartero del Garden District, nuevamente vuelvo a aquella época. Supongo que ésa es la naturaleza de los monumentos, ya sea una pequeña casa o una mansión de columnas corintias y rejas de hierro forjado. El monumento nos dice que este o aquel hombre caminaron aquí. No, es lo que él sintió en un momento lo que continúa en su sitio. La luna que aparecía [53] sobre Nueva Orleans todavía aparece. Mientras los monumentos sigan en pie, seguirá apareciendo igual. El sentimiento, al menos aquí...y allí...continúa siendo el mismo.
-[53] Te daré un ejemplo perfecto de lo que le gustaba a Lestat. Al norte, por el río, estaba la plantación Freniere, una magnifica extensión de tierra que tenía grandes esperanzas de hacer una fortuna con el azúcar poco después de que se hubiera inventado el proceso del refinamiento. En esto hay algo perfecto e irónico; esa tierra que yo amaba producía azúcar refinada. Digo esto con más tristeza de lo que creo que te imaginas. Esa azúcar refinada es un veneno. Fue la esencia de la vida de Nueva Orleans, tan dulce que puede ser fatal, tan [54] ricamente provocativa que todos los demás valores se pueden olvidar...
-[55] (…) Cuando a medianoche dejó la plantación contempló el rostro de la muerte con la presencia de un hombre que, sabiendo que sólo tenía un camino por delante, ha resuelto seguirlo con perfecta valentía. Mataría al joven español o moriría. Era algo impredecible, pese a sus habilidades. Su rostro reflejaba una profundidad de sentimientos y de sabiduría que yo jamás he visto en las caras de las víctimas de Lestat.
-[68] (…) No te puedo contar lo que me conmovió su aspecto. Porque cuando traigo la muerte, es algo rápido e inconsciente y que deja a la víctima como en un sueño encantado. Pero esto era el decaimiento lento, el cuerpo negándose a rendirse al vampiro del tiempo que lo había desangrando durante años sin fin.
-[90] Pero ella estaba aferrada a mí y pronto no pude decir nada. Durante cuatro años no había saboreado la sangre humana; durante cuatro años no la había realmente conocido y entonces oí el latido de su corazón con ese ritmo terrible. ¡Y qué corazón! No el corazón de un hombre o un animal sino el corazón de una niña que latía cada vez más fuerte negándose a morir, repicando primero como una débil llamada a la puerta, llorando: "No moriré, no moriré, no puedo morir, no puedo morir..." Creo que me puse de pie aún aferrado a ella, con el corazón empujando a mi corazón, más rápido y sin esperanzas de cesar, con la rica sangre manando demasiado rápida para mí, y la habitación girando. Y entonces, pese a mí mismo, me quedé mirando, por encima de su cabeza agachada y su boca abierta, el rostro mortecino de su madre; ¡y a través de sus párpados semicerrados, sus ojos brillaron como si estuviera viva! Aparte de mí a la niña. Estaba como una muñeca desarticulada. Y al tratar de escapar de la madre, vi que una figura familiar llenaba la ventana. Era Lestat, que se movió riéndose, con su cuerpo agachado como bailando en la calle enlodada.
-[94] Yo contemplaba todo esto, fascinado. Lestat era magistralmente inteligente y completamente vicioso, pero yo no sabía cuán inteligente era hasta que hundió sus dientes en ese cuello y le apretó la garganta con un dedo, mientras su otro brazo la estrechaba fuertemente, de modo que bebió hasta saciarse sin que la otra mujer se diera cuenta de nada.
-[98] Mi naturaleza de vampiro ha sido la mayor aventura de mi vida; todo lo anterior fue confuso, nublado; pasé por la vida mortal como un ciego que salta de un objeto a otro. Únicamente cuando me transformé en un vampiro sentí respeto por primera vez en mi vida. ¡Jamás vi un ser humano vivo, palpitante, hasta que me convertí yo en un vampiro; nunca supe lo que era la vida hasta que se derramó e un trago rojo por mis labios y mis manos!
-[98] Como hombre tú no puedes volver al jardín de infancia y jugar con tus juguetes, pidiendo que te den amor y cuidados nuevamente sólo porque ahora sabes lo que valen. Lo mismo sucede con tu naturaleza humana. La has dejado atrás. Ya no miras " a través de un cristal oscuro". Pero no puedes regresar al cálido mundo humano con tus nuevos ojos.
-[100] -Así es como es- me contestó-.¡Tú hablas de encontrarte con otros vampiros! ¡Los vampiros son asesinos! ¡No quieren tu sensibilidad! Te verán llegar antes de que tú los puedas ver y verán tus fallos, y sin confiar en ti, tratarán de matarte. Buscarían matarte aunque fueras como yo. Porque ellos son depredadores solitarios y no buscan más compañía que los felinos en las selvas. Son celosos de su secreto y de su territorio; y, si encuentras a uno o dos viviendo juntos, sólo será por seguridad. Y uno será el esclavo del otro, del modo en que tú lo eres mío.
-[111] -Ella es nuestra hija- dijo-.Va a vivir con nosotros. La miró radiante pero sus ojos estaban fríos, como si todo fuera una broma horrible; entonces me miró y su rostro demostró convicción. La empujó en mi dirección. Ella se puso sobre mis rodillas, y yo la abracé sintiendo lo suave que era, la suavidad de su piel, como la pie de una fruta cálida, de ciruelas calentadas por el sol; sus grandes ojos luminosos se fijaron en mí con confiada curiosidad.
-[112] -No, querida, ya no- le dijo él; miró la ventana y [113] luego cerró el dormitorio y puso la llave en la cerradura-.Eres nuestra hija; la hija de Louis y mía ¿comprendes? Bien, ¿con quién quieres dormir? ¿Con Louis o conmigo? Quizá quieras dormir con Louis. Después de todo, cuando estoy cansado...no soy tan bueno.
-[113] (…) Eso es difícil de precisar. Fue una declaración. Estoy convencido de que Lestat era una persona que prefería no pensar ni hablar de sus motivaciones o creencias, ni siquiera consigo mismo. Una de esas personas que deben actuar. Una persona de ésas debe ser golpeada bastante antes de que se abra y confiese que hay un método y un pensamiento en su manera de vivir. Eso es lo que sucedió esa noche con Lestat. Había sido arrinconado hasta donde tuvo que descubrir, incluso a sí mismo, por qué vivía y cómo lo hacía. El mantenerme a su lado, eso sin duda era parte de lo que arrinconó. Pero, sin duda, quería que yo me quedará. Conmigo vivía de una forma en la que jamás podría haber vivido solo. Y, como te he dicho, siempre tuve el cuidado de no darle el título de ninguna propiedad; algo que lo enfurecía.
-[114] (…) Hay algo más que quisiera contarte sobre los motivos que esa noche tuvo Lestat. Él no confiaba en nadie. Era como un gato, según su propia confesión, un depredador solitario. No obstante, esa noche se había tenido que comunicar conmigo; hasta cierto punto se había descubierto al decirme la verdad. Había abandonado su tono de burla, de condescendencia. Por un momento había olvidado su furia perpetua. Y esto para Lestat era exponerse. Cuando estábamos solos en las calles oscuras, sentí con él una comunión como no la había sentido desde mi muerte.
-[115] Pues -dijo el vampiro- nuestra vida sufrió un gran cambio con madeimoselle Claudia, como te puedes imaginar. Su cuerpo murió, pero sus sentidos se despertaron tanto como los míos. Y busqué en ella señales de esto. Pero durante los primeros días no me di cuenta de cuánto la quería, de cuánto quería hablar con ella y estar con ella. Al principio, sólo pensaba en protegerla de Lestat. La metía en mi ataúd todas las mañanas, no le quitaba la vista de encima y trataba de que estuviera con él lo menos posible. Eso era lo que Lestat quería y dio muy pocas señales de que le pudiera llegar a hacer algún daño.
-[115] Una niña muerta de hambre es un espectáculo horroroso - me dijo-.Y un vampiro muerto de hambre es algo aún peor.
-[115] (…) Ella se olvidó de inmediato de sus cinco años de vida mortal. O al menos así lo parecía, ya que era misteriosamente tranquila y reservada. Y, de tanto en tanto, yo temía que hasta hubiese perdido los sentidos, que la enfermedad de su vida mortal, combinada con el gran traumatismo del vampirismo, le pudieran haber robado la razón; pero eso estuvo muy lejos de la realidad. Simplemente, era tan diferente a Lestat o a mí que yo no la podía entender; porque, aunque era pequeña, ya era una fiera asesina capaz de una búsqueda incesante de sangre con la imperiosidad de un niño. Y aunque Lestat aún me amenazaba con hacerle daño, a ella no se lo hacía, sino que era cariñoso, orgulloso de su hermosura, ansioso por enseñarle que debíamos matar para vivir y que nosotros no podíamos morir jamás.
-[116] Entonces la plaga fulminó la ciudad, como ya te he dicho, y él la llevaba a los cementerios hediondos donde las victimas de la peste y de la fiebre amarilla yacían apiladas mientras los ruidos de las palas no cesaban ni de día ni de noche. -Ésta es la muerte- le dijo él, señalando el cuerpo descompuesto de una mujer-,algo que nosotros no podemos sufrir. Nuestros cuerpos permanecerán como ahora, frescos y vivos; pero no debemos vacilar en traer la muerte, porque así vivimos.
-[117] Claudia y Lestat podían cazar y seducir, permanecer largo tiempo en compañía de la víctima condenada, gozando el espléndido humor en su inocente amistad con la muerte. Pero yo aún no lo podía soportar. Por tanto, para mí la población creciente era una misericordia, un bosque en el que estaba perdido, incapaz de detenerme, girando demasiado rápido para el pensamiento o el dolor, aceptando una y otra vez la invitación a la muerte rápida en vez de prolongarla.
-[117] Un desfile incontable de sastres, zapateros y modistas venían a nuestro piso a vestir a Claudia con lo mejor en la moda infantil; en consecuencia , ella siempre estaba como una visión, no sólo de belleza infantil, con sus cejas pobladas y su glorioso pelo rubio, sino del buen gusto de bonetes finamente [118] acabados y pequeños guantes de lazo, fantásticos abrigos y capas de terciopelo y vestidos blancos de grandes mangas. Lestat jugaba con ella como si fuera una magnífica muñeca; y yo jugaba con ella de la misma forma; y fueron sus ruegos los que me obligaron a abandonar mis colores negros y adoptar chaquetas de dandy y corbatines de seda y suaves abrigos grises y guantes y capas negras.
-[119] (…) A la madrugada, se echaba a mi lado, con su corazón latiendo contra el mío. Y, en muchas oportunidades, cuando la miraba -cuando ella estaba sumergida en su música o en su pintura y no sabía que yo estaba presente-, pensaba en esa singular experiencia que había tenido con ella y con nadie más; que yo la había asesinado, le había arrebatado la vida, había bebido toda la sangre de su vida en un abrazo fatal que había dado a tantos otros, otros que ahora yacían moldeados por la tierra húmeda. Pero ella vivía, vivía para pasarme los brazos por el cuello y apretar su pequeña frente contra mis labios y poner sus ojos brillantes delante de los míos hasta que nuestras cejas se confundían; y riéndonos, bailábamos por la habitación como en un vals violento. Padre e [120] hija. Amante y amada.
-[127] Es el día en Nueva Orleans en que todos los creyentes van a los cementerios a arreglar las tumbas de sus seres queridos. Limpian las paredes de yeso de las bóvedas, limpian los nombres grabados en el mármol. Y finalmente llenan las tumbas de flores. En el cementerio de St. Louis, que estaba muy próximo a nuestra casa, en el que estaban enterradas todas las grandes familias de Luisiana, en el que estaba enterrado mi propio hermano, incluso había pequeños bancos de hierro puestos ante las tumbas para que las familias pudieran sentarse y recibir a otras familias que habían ido al cementerio con el mismo propósito. Era un festival en Nueva Orleans; podía parecer una celebración de la muerte a los viajeros que no lo comprendían, pero era una celebración de la vida eterna.
-[135] -Tú me mataste- susurró-.¡Tú me robaste la vida!
-Sí-le dije, cogiéndola de la mano para poder sentir los latidos de su corazón-.Más bien traté de hacerlo. Beberte la vida. Pero tenías un corazón como ningún otro que yo hubiera oído, un corazón que latía y latía hasta que tuve que dejarte, tuve que alejarte de mí a menos que aceleraras mi pulso hasta causar mi muerte. Y Lestat me encontró a mí, a Louis, el sentimental, el tonto, dándose un banquete con una niña de cabellos dorados, una Inocente Sagrada, una niña pequeñita. Te trajo del hospital donde te habían llevado y yo nunca supe lo que pensaba hacer, salvo que lo intuí. "Tómala, termínala", dijo él. Volvía a sentir la pasión. Oh, ya sé que te he perdido ahora para siempre. ¡Lo puedo ver en tus ojos! Me miras como a los mortales, desde lejos, desde una fría región [136] de autosuficiencia que no puedo entender.
-[136] (…) Había algo en ella [137] que estaba pegado a mí como toda ella podría haberlo estado. Lo mismo le sucedía a Lestat. ¡No podían soportar vivir solos! ¡Necesitábamos nuestra compañía! Una multitud de mortales nos rodeaba, empujando, ciegos, preocupados, y eran los consortes de la muerte. "Unidos en el odio", me dijo ella después con calma.
-[137] -Yo fui mortal para ti-dijo, y cuando alcé la vista, la vi sonriente; pero la suavidad de sus labios era evanescente y, en un momento, su mirada pasó de largo como alguien escuchando una música distante, importante-.Tu me diste tu beso inmortal-dijo, pero no a mí sino a sí misma-.Tú me amaste con tu naturaleza de vampiro.
-[138] (…) Yo no tengo naturaleza humana. Y ninguna historia del cadáver de la madre y de las habitaciones de hotel donde los niños pueden aprender las monstruosidades que yo sé. Yo no tengo nada. Tus ojos se entristecen cuando te digo esto. No obstante, tengo tu lengua. Tu pasión por la verdad. Tú necesitas llevar la aguja de la mente hasta el corazón de las cosas, como el pico de un colibrí, que golpea con tal rapidez y salvajismo que los mortales piensan que no tiene patitas diminutas, que jamás se puede posar, que siempre va de una búsqueda a otra llegando al corazón de las cosas. Yo soy más tu ego de vampiro que tú mismo. Y ahora el sueño de sesenta y cinco años ha terminado.
-[142]-¿Pensaste alguna vez que lo podría hacer?-me preguntó con el mismo tono de voz-.Encontraremos a otros de nuestra especie. Los encontraremos en Europa central. Allí es donde viven en gran número. Los relatos, tanto de ficción como los de verdad, llenan volúmenes con esas cantidades. Estoy convencida de que todos los vampiros provienen de allí, si es que provienen de algún sitio. Le hemos aguantado demasiado tiempo. Vamos. Y deja que la carne instruya a la mente.
-[145] -Mato a seres humanos todas las noches. Los seduzco, los acerco a mi lado con un hambre insaciable, una constante búsqueda sin fin de algo...algo que no sé lo que es...-Se puso los dedos sobre los labios y los apretó, y su boca se abrió a medias y pude ver el brillo de sus dientes-.No me importa nada de dónde vienen, ni a dónde van, si no los he encontrado en mi camino. ¡Pero él no me gusta! Quiero que muera y lo tendré muerto. Lo disfrutaré.
-[154] -He hablado en serio. Estoy harta de discutir contigo. El infierno es odio, gente que vive en odio eterno. Nosotros no estamos en el infierno. Puedes aceptar el regalo o no. No me importa. Pero terminemos de una vez por todas con este problema. Antes de que Louis, disgustado, nos abandone a ambos.
-[167] -Y ahora estás condenado en la tierra-susurró y su susurro hizo un eco en las ruinas-.Y ahora estás condenado en la tierra, que ha abierto su boca ara recibir la sangre de tu hermano. Mientras labres esta tierra, a partir de ahora no le darás fortaleza. Serás un fugitivo y un vagabundo en la tierra...y la venganza contra quien te mate será siete veces siete.
-[169] -Asesinatos, padre, muerte tras muerte: la mujer que murió hace dos noches en Jackson Square. Yo la maté. Y a miles de otros antes que a ella, uno o dos por noche, padre, durante sesenta años. He caminado por las calles de Nueva Orleans como el Segador Maldito y me he alimentado de vida humana apara mantener mi propia existencia. No soy un mortal, padre; soy inmortal y condenado, como los ángeles puestos en el infierno por Dios. Soy un vampiro.
-[171] No recordaba la Europa de mi infancia. Ni siquiera el viaje a América, en realidad. Que yo hubiera nacido era una idea abstracta. No obstante, ejercía una atracción en mí tan poderosa como Francia puede tenerla para un hombre de as colonias. Yo hablaba francés, leía francés, recordaba haber esperado informes sobre la Revolución y leído los reportajes de las victorias de Napoleón en los diarios franceses. Recuerdo la rabia que sentí cuando él vendió la colonia de la Luisiana a los Estados Unidos. Yo no sabía cuánto del mortal francés aún vivía en mí. En realidad, ya había desaparecido, pero yo sentía un inmenso deseo de ver Europa y de conocerla, lo que me venía no sólo de haber leído toda su literatura y filosofía, sino también de una sensación de haber sido formado en Europa con más profundidad y agudeza que el resto de los norteamericanos. Yo era un créole que quería ver dónde había comenzado todo.
-[172] Me hizo sentir el abismo que nos separaba. En los primeros años de nuestras vidas en común, yo había pensado que ella era como Lestat, empeñada en su instinto de matar, aunque compartiera mis gustos en todo lo demás. Ahora sabía que ella era más inhumana de lo que jamás podríamos haber soñado ni Lestat ni yo. Ni la más remota concepción la vinculaba con la simpatía por la existencia humana. Quizás esto explica por qué-pese a todo lo que yo había hecho o dejado de hacer-, ella se aferraba a mí. Yo no era de su especie. Simplemente, lo más cercano a ella.
-[175] La vieja ciudad francesa había sido quemada en un gran parte hacía ya mucho tiempo, y la arquitectura de esos días era como la actual, española, lo que significaba que a medida que caminábamos lentamente por la misma calle angosta pasábamos ante paredes blanqueadas y grandes entradas que revelaban distantes patios iluminados como paraísos parecidos al nuestro, y cada uno parecía ofrecer una promesa, un misterio sensual. Grandes bananeros cubrían las galerías de los patios interiores y las masas de helechos y flores se amontonaban a la entrada. Arriba, en la oscuridad, había figuras sentadas en los balcones, de espaldas a las puertas abiertas, y sus voces bajaban y el rumor de los abanicos eran apenas audibles por encima de la brisa del río; y sobre los muros crecía la vistaria y las enredaderas, tan espesas que nos podíamos cepillar contra ellas cuando pasábamos y nos deteníamos ocasionalmente en este o aquel lugar para recoger una rosa luminosa o un tallo de madreselva. A través de los altos ventanales veíamos una y otra vez el juego de las luces de las lámparas contra los techos de yeso ricamente ornamentados, y a menudo la iridiscencia de un candelabro de cristal. De vez en cuando, una figura vestida de gala aparecía en las barandillas y veíamos el brillo de las joyas en su cuello, su perfume agregaba un aroma lujurioso a las flores.
-[194] (…) Desde el primer instante en que llegamos a Varna, percibí en ella algunos cambios que, de inmediato, me hicieron tomar conciencia de que ella era tan hija de Lestat como mía. De mí, ella había aprendido el valor del dinero, pero de Lestat había heredado la pasión de gastarlo: y no estaba dispuesta a irse sin el vehículo más lujoso que pudiera conseguir, equipado con asientos de cuero que podrían haber servido a una docena de pasajeros, de sobra para un hombre y una niña que sólo usaba ese compartimiento para el transporte de un arcón de roble tallado. En la parte trasera había atado dos baúles con las mejores ropas que se podían conseguir en las tiendas; y viajamos con esas enormes ruedas livianas y radios muy finos que cargaban con facilidad el inmenso bulto sobre los caminos de montaña.
-[266] -Comprendo-asintió-.Lo observé en el teatro; tu sufrimiento, tu simpatía por aquella muchacha. Vi tu simpatía por Denis cuando te lo ofrecí; te mueres cuando matas, como si sintieras que se merezca morir, y te refrenas en todo. Pero ¿por qué, con esa pasión y ese sentido de la justicia, quieres llamarte hijo de Satán?
-[284] -Te podría dar razones: que son demasiado callados; que los vampiros del mundo son muy pocos y viven aterrorizados, peleándose entre ellos, eligiendo con cuidado sus pares, asegurándose de que respetan mucho a los demás vampiros. En esta casa hay quince vampiros y ese número es cuidado [285] con meticulosidad. Se teme mucho a los vampiros débiles; te lo debo decir. Es obvio que tú eres imperfecto para ellos: piensas demasiado, sientes demasiado. Como tú mismo dijiste, la frialdad del vampiro te tiene sin cuidado. Y luego está esa niña misteriosa: una niña que no puede crecer, que jamás puede bastarse a sí misma.
-[287] Puedo volver a contemplar a ese chico mortal como si no estuviera dormido en la cama sino de rodillas al lado de Armand, con los brazos alrededor del cuello. Para mí, era una imagen del amor. El amor que yo sentía. No el amor físico, como debes comprender. No hablo de ninguna manera de eso, aunque Armand era hermoso y simple y ninguna intimidad con él podría haber sido repelente. Para los vampiros, el amor físico culmina y es saciado con una sola cosa: la muerte. Hablo de otra clase de amor que jamás había sido Lestat. Armand jamás escondería el conocimiento y yo lo sabía. Pasaba por él como por una vitrina de cristal, de modo que yo me podía aproximar y absorberlo y crecer. Pensé que le oí hablar, tan bajo que no pude estar seguro.
-[295] -¡Arrancarme a mí de manos humanas como dos monstruos asquerosos en un cuento de hadas de pesadillas!¡Padres ciegos!¡Padres!-escupió la palabra-.Que haya lágrimas en tus ojos. No tienes lágrimas suficientes para lo que me hiciste. ¡Seis años mortales más, siete, ocho...y yo podría haber tenido esa figura!-Su dedo señaló a Madeleine, cuyas manos subieron hasta su rostro, con los ojos húmedos; gimió casi el nombre de Claudia, pero ésta no la oyó-.Sí, esas formas. Podría haber sabido lo que es caminar a tu lado. ¡Monstruos! ¡Darme la inmortalidad con este disfraz desesperado, con esta forma inútil!
-[297] El amor es igual al odio: metí egoístamente eso en mi pecho, me aferré a eso cuando me apoyé pesadamente en la cama.
-[301] (…) Me imaginé solo para siempre, como si al ganar esa fortaleza de vampiro la noche de mi muerte, hubiera abandonado a Lestat y jamás hubiera vuelto la mirada buscándolo, más allá de la necesidad de tenerlo a él o cualquier otro a mi lado. Era como si la noche me hubiera dicho: "Tú eres la noche y únicamente la noche te comprende y te cubre con tus brazos". Uno con las sombras. Sin pesadillas. Una paz inexplicable.
-[318] -Ella es una época para ti, una época de tu vida. En caso de que rompas con ella, romperás con la única persona viva que ha compartido el tiempo contigo. Tú le temes a eso; temes el aislamiento, la carga, la inmensidad de la vida eterna. -Sí, eso es verdad, pero sólo en parte. Esa época no significa mucho para mí. Ella la cargó de significado. Otros vampiros deben experimentar lo mismo y sobreviven ese paso de cien épocas.
-[318] (…) ¿Cuántos vampiros crees que tienen el valor suficiente para la inmortalidad? Para empezar, tienen las nociones más vagas acerca de la inmortalidad. Porque, al convertirse en inmortales, quieren que todas las formas de su vida sean fijas e incorruptibles: los carruajes hechos en el mismo estilo; vestimentas con el corte mejor; hombres ataviados y hablando del modo que siempre han comprendido y valorado; cuando en realidad, todas las cosas cambian menos el vampiro; todo salvo el vampiro está sujeto a una corrupción y a una distorsión constantes. Muy pronto, con esa mente inflexible, y a veces incluso con la mente más flexible, esta inmortalidad se transforma en una [319] condena penitenciaria, en un manicomio de figuras y formas que son desesperadamente ininteligibles y sin valor.
-[321] (…) A través de ti, me puedo salvar a mí mismo de la desesperación que te he descrito como nuestra muerte. A través de ti, debo vincularme con el siglo XIX y llegar a comprenderlo de una manera que me revitalice, algo que necesito desesperadamente. A ti he esperado en el Théatre des Vampires. Si conociera a un ser humano de es sensibilidad, ese dolor, ese enfoque , lo convertiría en un vampiro al instante.
-[322] -Pero, Louis-me dijo en voz baja-.Ése es el mismísimo espíritu de tu época. ¿No lo ves? Todos se sienten como tú. Tu caída de la gracia y de la fe ha sido la caída de este siglo.
-[341] Entonces concebí todo con demasiada claridad. Ahora caminábamos, esa caminata beligerante y ciega que hacen los hombres cuando están borrachos perdidos y llenos de odio por los demás, cuando al mismo tiempo se sienten invencibles. Yo caminaba de esa forma por Nueva Orleans la noche en que conocí por primera vez a Lestat, esa ebria caminata que es un desafío a todas las cosas, que está milagrosamente segura de sus pasos y encuentra un camino siempre.
-[344] Me retiré al cementerio de Montmartre. Por qué elegí ese lugar, no lo sé, salvo que no estaba lejos del Boulevard des Capucines; y Montmartre era casi rural entonces, oscuro y tranquilo comparado con el resto de la urbe. Vagabundeando por las casas bajas con sus huertos, maté sin la más mínima satisfacción, y luego busqué el ataúd donde pasaría ese día en el cementerio. Saqué los restos con mis propias manos y me eché en un lecho que hedía, que tenía el hedor de la muerte. No puedo decir que eso me diera comodidad, pero me brindó quizá lo que buscaba. Encerrado en esa oscuridad, oliendo la tierra, lejos de todos los humanos y de todas las formas humanas y vivientes, me entregué a todo lo que me entorpecía e invadía mis sentidos; es decir, me entregué a mi dolor.
-[349] No pude traeros. No pude traeros. Pero ellos yacen arruinados y muertos en vuestro derredor. Si el fuego no los consume, será el sol. Si no se queman, entonces la gente que vaya a combatir el fuego los verá y los expondrá a la luz del sol. Os lo prometo: todos morirán como vosotras habéis muerto; todo aquel que esté allí esta madrugada, morirá. Y esas son las únicas muertes en mi larga vida que considero exquisitas y buenas.


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