Cumbres Borrascosas - Emily Brontë

Cumbres Borrascosas Emily Bronte

Cumbres Borrascosas | Emily Brontë

Sinopsis 

La vida en los aislados páramos de Yorkshire cambia cuando el señor Earnshaw lleva a su hogar a Heathcliff, un niño huérfano de origen incierto que crece junto a sus hijos, Hindley y Catherine. Entre Heathcliff y Catherine surge un vínculo intenso y absoluto, pero las diferencias sociales y el orgullo de ella la llevan a casarse con Edgar Linton, un hombre de posición acomodada.

Despechado y humillado, Heathcliff abandona la casa y regresa años después convertido en un hombre rico decidido a vengarse de quienes considera responsables de su sufrimiento. Su plan arrastra a las dos familias, los Earnshaw y los Linton, a una espiral de resentimiento, manipulación y dolor que se extiende a la siguiente generación.

Con el paso del tiempo, las consecuencias de sus actos alcanzan a los hijos de ambos linajes, quienes heredan el peso de los errores del pasado. Solo a través de ellos se abre la posibilidad de romper el ciclo de odio y encontrar una forma de redención.

Crítica 

Volver a Cumbres Borrascosas a los 34 no es una simple relectura: es descubrir que aquello que en la adolescencia parecía una historia de amor absoluto es, en realidad, una exploración incómoda de la obsesión, la violencia y sus consecuencias. Emily Brontë no construye un romance para idealizar, sino una tragedia para entender, y cuestionar, cómo se deforma el amor cuando se mezcla con el orgullo, el resentimiento y la necesidad de posesión.

Heathcliff es, probablemente, el mayor punto de quiebre entre ambas lecturas. Donde antes podía parecer un hombre herido, incluso fascinante en su oscuridad, ahora se revela con una claridad mucho menos indulgente: es un personaje despreciable en su crueldad. No porque no haya sufrido, sino porque decide hacer del sufrimiento un sistema. No solo devuelve el daño, lo amplifica, lo organiza y lo perpetúa en otros. Su relación con Hareton es la prueba más brutal de ello, porque reproduce en él la misma degradación que vivió, cerrando un círculo donde el dolor no se supera, sino que se hereda.

Catherine, por su parte, tampoco es una lectura complaciente. Su célebre idea de que ella y Heathcliff son lo mismo deja de parecer romántica para volverse inquietante. No hay ahí una unión ideal, sino una disolución del yo. Y, sin embargo, sus decisiones son profundamente conscientes. Elige la seguridad, el estatus y la estabilidad que le ofrece Edgar Linton, aun sabiendo lo que sacrifica. No es una víctima pasiva, es una figura activa en la tragedia. Su incapacidad de elegir con honestidad no solo la destruye a ella, sino que arrastra a todos los que la rodean.

Hay un matiz clave que la relectura permite ver con mayor claridad. Tanto Catherine como Heathcliff son producto de una crianza marcada por la negligencia y la violencia. Tras la muerte del padre de Catherine, la autoridad de Hindley se traduce en abandono para ella, dejada a sus anchas, sin límites ni guía, y en brutalidad para él, reducido casi a la condición de sirviente y expuesto a humillaciones constantes. Ese entorno no los excusa, pero sí explica cómo sus emociones crecen sin contención, cómo lo que podría haber sido un vínculo complejo termina convirtiéndose en una relación destructiva. Lo “salvaje” deja de ser romántico para revelarse como consecuencia.

En este punto, la novela despliega una de sus ideas más potentes: el destino no es una fuerza abstracta, sino la acumulación de decisiones. Y es precisamente en la segunda generación  esto se vuelve más evidente. Catherine Linton, hija de Catherine y Edgar, hereda una mezcla de sensibilidad y carácter, pero también un entorno más contenido. En contraste, Linton Heathcliff, hijo de Isabella y Heathcliff, encarna una degradación distinta: enfermiza, manipuladora, caprichosa e incapaz de trascender su propia debilidad. Su construcción recuerda, en apariencia, al arquetipo del niño frágil de El jardín secreto, pero mientras allí hay transformación, aquí hay estancamiento. Linton no evoluciona, es la cristalización de lo peor de sus padres.

La figura de Isabella resulta especialmente reveladora en este entramado. Es la ilusa que cree que el amor puede domesticar lo indomable, que ve en Heathcliff no lo que es, sino lo que imagina que podría llegar a ser. Su error no es solo sentimental, es profundamente simbólico. Representa esa idea, todavía vigente, de que el amor puede rehabilitar a quien no quiere cambiar. Su destino desmonta esa fantasía con crudeza.

Y, sin embargo, la novela no se queda en el determinismo absoluto. La relación entre Hareton y Catherine Linton introduce una variación significativa, casi una grieta en el ciclo. No desde la idealización, sino desde el aprendizaje. Frente a la repetición de la violencia, aparece por primera vez una forma de reparación.

En medio de esta relectura, hubo algo que terminó de sacudirme fuera del libro y devolverme al presente. Ver a chicas en el cine tomándose fotos frente al cartel, imitando o parodiando el gesto de besar a Heathcliff, me produjo una sensación extraña, casi de desconcierto. No desde el juicio fácil, sino desde la distancia que da haber vuelto a la novela: ¿en qué momento este personaje empezó a leerse como un ideal romántico? Porque Heathcliff no es, en ningún caso, un modelo de amor al que aspirar. No es un perfil deseable, ni una fantasía inocente. Es, precisamente, la advertencia de lo que ocurre cuando el amor se convierte en dominación y resentimiento.

Y, sin embargo, la escena resulta comprensible si se mira en el contexto actual. Vivimos en un momento donde narrativas cercanas al llamado “dark romance” han ganado espacio y normalización, donde la intensidad, el conflicto y ciertas formas de toxicidad se perciben como signos de profundidad emocional. En ese marco, no sorprende que Heathcliff pueda ser reinterpretado como un amante apasionado y no como lo que realmente es: un personaje que encarna la degradación del amor. Lo inquietante no es que ocurra, sino lo fácil que resulta.

Todo esto vuelve aún más problemática la lectura romántica que a veces se impone, especialmente en ciertas adaptaciones recientes. La estética puede ser seductora, pero corre el riesgo de simplificar lo esencial. ¿Qué ocurre cuando Heathcliff se percibe como un caballero oscuro que haría todo por amor? Se borra lo fundamental, que su amor no construye, destruye, que no es un modelo, sino una advertencia. Idealizarlo no solo es una mala lectura, es perder de vista el núcleo mismo de la novela.

En contraste con muchas historias actuales que siguen romantizando la intensidad sin consecuencias, Brontë ofrece algo mucho más complejo. Muestra amores obsesivos y tóxicos sin embellecerlos, llevándolos hasta sus últimas consecuencias. No hay redención fácil, ni justificación emocional que los salve.

Otro de los grandes aciertos de la novela está en su estructura narrativa. La historia llega a través de Nelly Dean y del filtro de Lockwood, lo que introduce una distancia clave. No accedemos directamente a la interioridad de los personajes, sino a través de relatos, interpretaciones, matices. Ese recurso evita que el lector se vea completamente arrastrado por la intensidad emocional y le permite construir su propio juicio. Es una decisión narrativa brillante porque no impone una lectura, la exige.

Y, quizá lo más honesto de esta relectura es admitir la contradicción final. Durante buena parte del libro, uno desea que Heathcliff desaparezca, que su ciclo de violencia termine de una vez, incluso que personajes como Joseph enfrenten algún tipo de castigo. Y, sin embargo, cuando todo termina, queda claro que la novela no funciona desde esa lógica de justicia retributiva. No hay un consuelo fácil, ni un cierre moral tranquilizador.

Aun así, y quizá precisamente por eso, la valoración no puede ser otra: cinco estrellas. Porque a pesar de la incomodidad, de la rabia que despiertan sus personajes, de ese deseo constante de que alguien pague por lo que ha hecho, la novela logra algo mucho más difícil. Obliga a mirar de frente lo que muchas historias prefieren suavizar. Y en esa incomodidad, en esa lucidez implacable, es donde reside toda su grandeza.

Cumbres Borrascosas


Frases

- [8]  Pero el Señor Heathcliff contrasta singularmente con su vivienda y con su modo de vida. Tiene aspecto de gitano de piel morena; su atuendo y sus modales son de caballero, es decir; tan de caballero como los de muchos hidalgos rurales; un poco abandonado , quizá, pero su descuido no le hace parecer mal, ya que tiene una figura firme y garbosa; y es más bien apático. Puede que algunas personas le acharan cierto grado de soberbia grosera; yo albergo dentro de mi una cierta conformidad con él que dice que no hay nada de eso; sé por instinto que su reserva proviene de una aversión por su parte a las exhibiciones  aparatosas de sentimientos, a las manifestaciones mutuas de benignidad. Ama y odia disimuladamente y le parecería una impertinencia que le devolviera su amor o su odio. No, me precipito. Le estoy achacando pródigamente mis propios atributos. Puede que el señor Heathcliff tenga unas razones completamente distintas de las que me mueven a mí para no tender la mano cuando se encuentra ante una persona a la que no quiere conocer.

- [32]  ¡Qué veletas tan presuntuosas somos! Yo, que me había determinado a mantenerme independiente de todo trato social, y que había dado gracias a mis estrellas por haber llegado por fin a un lugar tal trato era casi impracticable... Yo, débil infeliz, tras luchar hasta el anochecer con la melancolía y la soledad, me vi obligado por fin a arriar la bandera, y con el pretexto de enterarme de asuntos relacionados con las necesidades de mi casa,  pedía la señora Dean, cuanto esta me trajo la cena, que se sentara mientras yo comía, con la esperanza sincera de que resultase ser una chismosa con todas las de la ley, y de que o bien me animara o me adormeciera con charla.

- [32]  Aquí no solemos apreciar a los forasteros, señor Lockwood, a no ser que nos aprecien ellos a nosotros primero.

- [54 - 55]  Deberás acercarte a ella, y ofrecerte a darle un beso, y decirle... tú sabrás mejor lo que debes decirle; pero hazlo con cordialidad, y no como si consideraras que se ha convertido en una desconocida por su vestido señorial. Y ahora,  aunque tengo que preparar la cena, sacaré tiempo para arreglarte de tal modo que Edgar Linton parecerá un pelele a tu lado, como de hecho lo parece. Aunque tú eres más joven, eres más alto y el doble de ancho de hombros, palabra de honor; podrías derribarlo en un abrir y cerrar de ojos, ¿no te parece?.

A Heathcliff se le iluminó la cara, pero volvió a oscurecérsele y suspiró.

- Pero Nelly, aunque lo derribara veinte veces, no por ello sería él menos apuesto ni yo lo sería más ¡Ojalá tuviera yo el pelo rubio y  la piel clara, y tuviera ropa buena y buenos modales como él, y  tuviera la oportunidad de ser tan rico como lo será él!

- ¿Y llamar llorando a tu mamá a cada paso - añadí yo- , y temblar si un mozo del campo te amenaza con el puño, y quedarte encerrado en casa todo el día por un chaparrón? ¡Ay Heathcliff, qué poco ánimo estás mostrando! Ven al espejo y te enseñaré a lo que debes aspirar. ¿Ves esas dos líneas que tienes entre los ojos, y esas cejas espesas que en vez de levantarse en arco están hundidas en el centro, y ese par de diablos negros, tan hundidos, que no abren nunca las ventanas con confianza, sino que se quedan al acecho tras ellas, centelleando, como espías del demonio? Aspira y aprende a despejar las arrugas ceñudas, a levantar las cejas con franqueza y a convertir a los diablos  en ángeles confiados y candorosos, que no sospechen ni desconfíen de nada y que siempre vean amigos donde no están seguros de ver enemigos. No tengas la expresión de un chucho resabiado que da la impresión de que sabe que se merece los puntapiés que recibe, que odia, no obstante, a todo el mundo, tanto como al que le da el puntapié, por lo que sufre.

-Dicho de otro modo, debo desear los grandes ojos azules de Edgar Linton y su frente tersa - respondió él- Ya los deseo, y no por eso los alcanzaré.

- Con buen corazón tendrás la cara linda, muchacho- seguí diciendo yo -, aunque fueras negro del todo; y con mal corazón, la cara más linda se te volverá peor que fea.Y ahora que hemos terminado de lavar, de peinar y de estar de mal humor, dime si no es verdad que te consideras bastante apuesto.Te diré que yo sí considero que lo eres.

- [58]  Apoyó los codos en las rodillas y la barbilla en las manos y se quedó absorto en una meditación muda.

Cuando le pregunté en qué pensaba, me respondió con seriedad:
- Intento determinar cómo me voy a desquitar de Hindley. No me importa cuánto tiempo tenga que esperar, con tal de conseguirlo al final. ¡Espero que no se muera antes!
- ¡ Qué vergüenza, Heathcliff!- dije yo- Solo Dios toca castigar a los malos: nosotros debemos aprender a perdonar.
—No, Dios no impondrá la venganza que impondré yo —replicó— ¡Si tan solo supiera la mejor manera de conseguirlo! Déjame que lo discurra a solas; mientras pienso en ello, no siento dolor.

- [59 - 60] - Antes bien, de actividad agotadora. Ese es el mío ahora mismo; y, por tanto, siga adelante con todo detalle. He advertido que las gentes de estar regiones llegan a valer tanto más que las gentes de las ciudades, como vale más la araña de una mazmorra que la de una casita de campo para los habitantes respectivos de estas; y, con todo, la mayor atracción no se debe del todo a la situación del espectador. Es verdad que viven más en serio, más en si mismos, y menos en los cambios superficiales y en las cosas externas y frívolas. Me imagino que aquí casi es posible un amor para toda la vida; y eso que no era capaz de creer en ningún amor que hubiera cumplido el año. La primera situación se parece a la del hombre hambriento al que ponen delante un único plato, en el que puede concentrar todo su apetito y hacerle justicia; la segunda, la del mismo al que presentan una mesa servida por cocineros franceses, puede que obtenga el mismo placer del conjunto, pero cada una de sus partes no es más que un átomo en su consideración y en su recuerdo.

-¡Oh! Aquí somos iguales que en cualquier otra parte cuando se nos llega a conocer- observó la señora Dean , algo desconcertada por mi discurso.

- ¡Dispense usted!- repuse yo- Usted, amiga mía, es una prueba notable en contra de esa afirmación. Con la excepción de algunos provincialismos de poca importancia, no tiene indicios de los modales a los que me he acostumbrado a considerar como propios de su clase. Estoy seguro de que usted ha pensado mucho más de lo que suelen pensar los criados en general. Se ha visto obligada a cultivar sus facultades reflexivas por falta de ocasiones de malgastar su vida en menudencias necias.

- [67]  - ¡Antes no me decías nunca que hablaba demasiado poco ni que te disgustase mi compañía, Cathy!- exclamó Heathcliff, muy agitado.

-No es compañía en absoluto la de alguien que no sabe nada ni dice nada- murmuró ella.

- [77- 78]  No tengo más derecho a casarme con Edgar Linton que a estar en el cielo; y si ese hombre malvado que está allí adentro no hubiera rebajado tanto a Heathcliff, yo no habría pensado en ello. Ahora sería degradante para mí casarme con Heathcliff; de manera que él no sabrá nunca cuánto lo amo; y ello, Nelly, no porque sea apuesto, sino porque tiene de mí más que yo misma. No sé de qué están hechas nuestras almas, pero la suya y la mía son una mismas cosa; y la de Linton es tan diferente como un rayo de luna de una centella, o la escarcha del fuego.

(...)Quiero engañar a mi conciencia intranquila y convencerme de que Heathcliff no tiene idea de esas cosas. No la tiene, ¿verdad?¿Verdad que no sabrá lo que es estar enamorado?
-No veo motivo por el que no lo pueda saber igual que usted- repliqué - ¡y si usted es su elección, él será el ser más desventurado que ha nacido! ¡En cuanto usted sea la señora de Linton, él pierde a su amiga, a su amor, todo junto! ¿Ha considerado usted cómo llevarán la separación, y cómo llevará él quedarse abandonado del todo en el mundo? Porque señorita Catherine...
- ¡Él, abandonado del todo!¡Nosotros separados!-exclamó ella, con acento de indignación- ¿Quién ha de separarnos, dime?¡El que lo intente sufrirá la suerte de Milón? No, Ellen, mientras yo viva, ningún mortal nos hará separarnos. Todos los Linton que hay en la faz de la tierra pueden disiparse y desaparecer antes de que yo consienta olvidar a Heathcliff. ¡Oh!¡No es eso  lo que pretendo, no es esa mi intención!¡No quisiera ser la señora de Linton a tal precio! Él valdrá tanto para mí como lo ha valido toda la vida. Edgar deberá quitarse de encima su antipatía y tolerarlo, cuando menos. Ya lo hará, cuando se entere de mis verdaderos sentimientos hacia él. Nelly, ahora veo que me consideras una egoísta miserable; pero ¿no se te ha ocurrido nunca que si Heathcliff y yo nos casásemos, seríamos unos mendigos? Mientras que si me caso con Linton, podré ayudar a Heathcliff a subir, y a sacarlo del poder de mi hermano.

- [78]  No soy capaz de expresarlo, pero, sin duda, tú tienes, como todo el mundo, la noción de que hay o debe haber una existencia tuya que está más allá de ti. ¿De qué serviría mi creación si yo estuviera contenida por entero aquí? Mis grandes sufrimientos en este mundo han sido los sufrimientos de Heathcliff, y he contemplado y sentido todos desde el principio; mi pensamiento máximo en la vida es él. Si pereciera todo lo demás y quedase él, yo seguiría existiendo; y si quedase todo lo demás y él fuera aniquilado, el universo se convertiría en un gran desconocido; no me parecería que yo formara parte de él. Mi amor por Linton es como el follaje de los bosques; el tiempo lo cambiará, bien lo sé, como el invierno cambia los árboles. Mi amor por Heathcliff es como la roca viva eterna sobre la que levanta todo; no produce gran deleite visible, pero es necesaria.¡ Yo soy Heathcliff, Nelly!¡Está siempre en mi mente, siempre! No como deleite, como yo tampoco me deleito en mí misma siempre, sino como mi propio ser. 

- [107]  - No aspiro a vengarme de ti - respondió Heathcliff con menor vehemencia- . No es ese el intento. El tirano aplasta a sus esclavos, y estos no se revuelven contra él, sino que aplastan a su vez a los que tienen debajo. Acepto de buena gana que te diviertes sometiéndome a suplicios mortales, con tal de que consientas que yo me divierta un poco a mi vez del mismo modo, y te abstengas de insultarme en la medida que seas capaz de ello. Después de haber arrasado mi palacio, no me levantes una choza para quedarte pagada de ti misma y admirada de tu caridad por habérmela dado como hogar. ¡Si me imaginara que querías realmente que me casara con Isabella, me cortaría el cuello!

- Ah, lo malo es que no estoy celosa, ¿es eso?- exclamó Catherine - Pues bien, no voy a ofrecerte otra vez una esposa; es una maldad tan grande como ofrecer a Satanás un alma perdida. Tú, como él, eres dichoso haciendo sufrir a los demás. Tú mismo lo demuestras. Ahora que Edgar se le ha pasado el mal humor al que cedió por tus visitas; ahora que yo empiezo a estar tranquila y segura, tú, inquieto por saber que estamos en paz, pareces decidido a provocar una riña. Riñe con Edgar, si quieres, Heathcliff, y engaña a su hermana; así darás precisamente con el medio más eficaz para vengarte de mí.

- [151]  - Ahora me estás enseñando lo cruel que has sido...lo cruel y lo falsa.¿Por qué me despreciaste?¿Por qué traicionaste a tu propio corazón, Cathy? No tengo una sola palabra de consuelo. Esto te lo mereces. Te has matado a ti misma. Sí, puedes besarme, y llorar, y arrancarme besos y lágrimas; te destruirán...te condenarán. Me amabas... ¿qué derecho tenías a dejarme, entonces? ¿Qué derecho, respóndeme, por el triste capricho que tuviste con Linton? Porque, aunque ni miseria, ni degradación, ni muerte, ni nada que pudieran habernos inflingido Dios o Satanás habría podido separarnos, nos separaste tú por tu propia voluntad. No te he roto yo el corazón, te lo has roto tú; y al romperlo, has roto el mío. Soy fuerte, tanto peor para mí.¿Que si quiero vivir?¿Que vida sería la mía cuando tú...?¡Ay, Dios! ¿Querrías vivir tú con tu alma en la tumba?

-Déjame en paz. Déjame en paz-sollozó Catherine - Si he hecho mal,  me estoy muriendo por ello. ¡Es suficiente!¡Tú también me dejaste, pero no quiero reñirte! Te perdono.¡Perdóname tú a mí!

- Es difícil perdonar mirando esos ojos y tocando esas manos demacradas- respondió él- ¡Bésame otra vez, y que no te vea los ojos! Te perdono lo que me has hecho. Amo a mi asesina...pero ¿cómo puedo amar al tuyo?

- [155]  - ¡Ha muerto!- dijo. No me ha hecho falta esperarte para enterarme. Guarda tu pañuelo; no lloriquees delante de mí. ¡Malditos seáis todos! ¡Ella no necesita de vuestras lágrimas!

Yo lloraba tanto por él como por ella; a veces sentimos lástima de criaturas que carecen de dicho sentimiento,  tanto hacia sí mismas como hacia los demás; y en cuanto hube echado la primera ojeada a su cara, percibí que se había enterado de la catástrofe; y me vino la idea necia de que se le había calmado el corazón y estaba rezando, pues movía los labios y tenía la mirada clavada en el suelo.

- [156]  - Y...¿habló de mí en algún momento?- preguntó él, vacilante, como si temiera que la respuesta a esta pregunta fuera a introducir unos detalles que él no podría soportar.

- No recobró nunca el sentido; no conoció a nadie desde que la dejó usted- dije- Yace con una dulce sonrisa en la cara; y sus últimas ideas volvierona tiempos agradables del pasado. Su vida se cerró en un sueño amable; ¡ojalá tenga un despertar tan suave en el otro mundo!

- ¡Ojalá se despierte entre tormentos!- gritó él con una vehemencia terrible, dando un pisotón en la tierra y gimiendo en un paroxismo repentino de pasión incontrolable - ¡Sí, ha sido mentirosa hasta el final! ¿Dónde está? No está allí...ni en el cielo...ni ha perecido...¿Dónde? ¡Oh! ¡Tú dijiste que en nada te importaban mis sufrimientos! Y yo pido una cosa, y la repetiré hasta que me quede rígida la lengua: ¡Catherine Earnshaw, que no descanses mientras yo viva! Dijiste que yo te maté , ¡persígueme pues! Es verdad que los asesinados persiguen a sus asesinos. Creo... sé que ha habido fantasmas que han vagado por la tierra.¡ Estate siempre conmigo..., adopta cualquier forma..., vuélveme loco!¡Pero no me dejes en este abismo, donde no puedo encontrarte!¡Ay, Dios!¡Es inexpresable!¡No puedo vivir sin mi vida!¡No puedo vivir sin mi alma!

- [202]  ¿No crees que Hindley estaría orgulloso de su hijo, si pudiera verlo? Casi tanto como lo estoy yo del mío. Pero he aquí la diferencia: el uno es oro que hace oficio de empedrado, y el otro es estaño pulido para imitar una vajilla de plata. El mío no tiene nada de valor, aunque yo tendré el mérito de llevarlo hasta donde pueda llegar tan mal material. El suyo tenía cualidades de primera clase, y se han perdido, han quedado peores que inservibles.No tengo nada de qué lamentarme; él tendría más de lo que nadie sabe, salvo yo.¡Y lo mejor es que Hareton me aprecia condenadamente! Reconocerás que en esto he superado a Hindley. ¡Si el villano muerto pudiera levantarse de su tumba para insultarme por los perjuicios que he causado a su vástago, yo tendría el placer de ver a dicho vástago rechazarlo a la fuerza, indignado porque se atreviera a denostar al único amigo que tienen en el mundo!

- [227]  Él quería que todo yaciera en un éxtasis de paz; yo quería que todo brillara y bailara de júbilo glorioso. Yo le dije que su paraíso solo estaría medio vivo, y él me dijo que el mío estaría embriagado; le dije que en el suyo me quedaría dormida; y  él me dijo que en el mío no podría respirar, y empezó a ponerse muy insolente.Por fin, accedimos a probar ambos en cuanto llegara el buen tiempo, y después nos besamos y quedamos amigos.

- [274]  - Pero, señora de Heathcliff, todos hemos tenido que empezar, y todos hemos tropezado y vacilado en el umbral; y si nuestros maestros se hubieran burlado de nosotros en vez de ayudarnos, seguiríamos tropezando y vacilando.

- [296]  - Entonces ¿no teme usted la muerte? - insistí.
-¿Temerla?¡No!- repuso- No tengo miedo, ni presentimientos, ni esperanzas de morir.¿Por qué iba a tenerlos? Con mi constitución recia, mi modo de vivir morigerado y mis ocupaciones poco peligrosas, debería quedarme, y probablemente me quedará, en efecto, sobre la tierra hasta que me quede un cabello negro en la cabeza. ¡A pesar de lo cual, no puedo seguir de esta manera! Tengo que recordarme a mí mismo que debo respirar; ¡casi tengo que recordar a mi corazón que siga latiendo! Y es como contraer un fuerte resorte; si hago el menor acto que no está inspirado en un único pensamiento, es a la fuerza; y si observo cualquier cosa, viva o muerta, que no esté asociada con una única idea universal, es a la fuerza. Tengo un único deseo, y todo mi ser y mis potencias ansían alcanzarlo. Lo han ansiado tanto tiempo, y de un modo tan incansable, que estoy convencido que se alcanzará... y pronto... porque ha devorado mi existencia; me devora la impaciencia por verlo cumplirse. Mis confesiones no me han aliado, pero pueden explicar algunas fases del humor que manifiesto, inexplicables de otro modo.¡Ay, Dios! La lucha es larga;¡ojalá hubiera concluido ya!

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