Cuando ellos se van | Julia Navarro
Sinopsis
Aquellos que han vivido con un perro saben que su presencia aligera los días y los llena de felicidad. Amigos fieles, cariñosos e inteligentes, cada instante a su lado supone una lección de todo lo que merece la pena ser aprendido.
Es posible rastrear el especial vínculo entre perros y hombres desde el principio de los tiempos, pero uno de los ejemplos más hermosos y emocionantes lo encontramos en la Odisea.Cuando Ulises alcanza al fin las costas de Ítaca, exhausto tras largos años vagando en el mar, el único que lo reconoce es Argos, su leal perro, que todo ese tiempo lo ha recordado y esperado para su último reencuentro.
Julia Navarro también tuvo que despedirse de su inseparable Argos, un precioso pastor alemán con el que había compartido alegría y horas de escritura. Mucho más que un libro de duelo, Cuando ellos se van es el emotivo homenaje lleno de amor y ternura que Julia Navarro rinde - a través de la Literatura, el Arte, el Cine y la Historia - a esos generosos compañeros que nos cuidan, quieren y protegen durante toda su vida.
<< No hay animal más leal que un perro. Puedes contar con ellos hasta la muerte. Te lo dan todo a cambio de nada>>. Julia Navarro.
Crítica
Hay libros que no se leen con distancia crítica, sino con algo más cercano a la herida abierta. Cuando ellos se van de Julia Navarro se mueve precisamente en ese territorio incómodo: el de convertir una pérdida íntima, la de Argos, en un espacio de reflexión compartida. Y lo hace sin caer en la trampa del sentimentalismo fácil, que habría sido lo más sencillo.
Navarro escribe desde el desgarro, pero sin caer en el sentimentalismo fácil. Desde las primeras páginas, ese recuerdo insistente “soñé con Argos, con su última mirada…” instala un tono de impotencia que cualquier persona que haya amado a un perro reconoce de inmediato. No hay épica en la despedida, solo una verdad incómoda: no siempre podemos evitar el sufrimiento de quienes queremos.
Uno de los gestos más lúcidos del texto es la renuncia a la posesión. Cuando afirma que no le gusta decir “mi perro”, porque ningún ser vivo pertenece a nadie, no está haciendo una corrección política sino una declaración emocional. Los perros no son propiedad, son compañía en tránsito. Y ese matiz resignifica la pérdida, la vuelve más compleja, más honesta.
A partir de ahí, el ensayo se abre como un mapa cultural donde los perros aparecen en la literatura, el arte, el cine y la historia. Navarro enlaza referencias que van desde Sócrates hasta Colmillo Blanco, construyendo una especie de archivo afectivo que demuestra que esta relación no es anecdótica, sino estructural en la experiencia humana.
Ahora bien, no todos los capítulos funcionan con la misma intensidad. El apartado de “Pintando perros”, por ejemplo, se siente más distante. No tanto por falta de interés, sino porque exige una mediación externa, buscar los cuadros, detener la lectura, que rompe ese flujo íntimo que el libro venía construyendo. Es quizás el momento donde más se enfría la experiencia.
En contraste, hay capítulos que golpean con mucha más fuerza. El de los perros en la guerra resulta especialmente conmovedor, no solo por lo que cuenta, sino por lo que revela, hasta qué punto hemos llevado a estos animales, leales hasta el extremo, a escenarios que nunca eligieron. Y ahí el libro recupera esa tensión constante entre amor y responsabilidad.
Otro momento particularmente sugerente es “La importancia de llamarse Barbie”. Lo que podría parecer anecdótico termina abriendo una reflexión muy fina: los nombres que damos a nuestros perros no siempre son una elección consciente, sino algo que, de alguna manera, ya venía con ellos. Los resignificamos con el tiempo. Barbie deja de ser un nombre cargado de connotaciones para convertirse en una identidad única, como Peluche termina siendo irrepetible porque está atravesado por la experiencia compartida.
Ese tipo de observaciones son las que sostienen el libro, más allá de sus referencias. Porque Navarro no solo compila, dialoga. Su prosa es ágil, cercana, con esa sensación de conversación constante que hace que el lector no se sienta interpelado desde arriba, sino acompañado.
También hay espacio para la incomodidad. Su crítica a ciertos prejuicios literarios no aparece en el vacío, sino que dialoga con casos concretos como el de Virginia Woolf y la recepción de Flush, cuya popularidad generó en la propia autora una cierta inquietud por ser encasillada como una escritora de éxito comercial y, por ello, menos “seria” o de dudosa reputación académica. Navarro recoge esa tensión para cuestionar una idea que sigue vigente, que el favor de los lectores y la calidad literaria son categorías incompatibles. Como lectora, es difícil no posicionarse aquí: no por ser un éxito comercial una obra pierde valor. Al contrario, a veces conectar con muchos lectores también dice algo sobre su capacidad de resonancia. En ese punto, es fácil alinearse con Navarro y rechazar esa mirada reduccionista. También porque los autores no son bloques monolíticos, una obra puede no interpelarte y otra sí, incluso dentro de un mismo nombre. Aunque una tenga sus manías con ciertos autores, siempre queda ese margen de sorpresa.
Y en lo personal, el libro genera incluso reacciones encontradas: resulta difícil no mirar con otros ojos a figuras como Emily Brontë tras conocer episodios como el maltrato a su perro Keeper, mientras que autores como Arturo Pérez-Reverte terminan ganando terreno, despertando incluso el interés por acercarse a obras como Los perros duros no lloran.
Es difícil no leerse en esas páginas. En mi caso, inevitablemente, apareció Peluche. Un French poodle que acompañó una etapa entera de vida, desde la infancia hasta la adolescencia. Su pérdida violenta, inesperada dejó esa misma sensación de ruptura que describe Navarro con Argos. Contextos distintos, sí, pero un mismo núcleo emocional: la imposibilidad de prepararse para el final.
El libro insiste en una idea que puede parecer excesiva hasta que se ha vivido: cuando un perro se va, el mundo se oscurece un poco. Y, sin embargo, también deja algo encendido, una especie de luz persistente que tiene que ver con lo compartido.
No es un ensayo perfecto. A veces se dispersa, a veces se apoya demasiado en la acumulación de referencias. Pero cuando acierta, que es la mayoría del tiempo, lo hace desde un lugar muy honesto, muy reconocible.
Al final, Cuando ellos se van no intenta cerrar la herida. Sabe que no se puede. Lo que hace es algo más valioso: sentarse al lado del lector y decirle, sin grandilocuencias, que ese dolor tiene sentido.
Frases
- [16 - 17] Pero esa noche soñé con Argos, con su última mirada, con las últimas horas que compartimos, horas de dolor, horas en las que me sentí impotente sabiendo que apenas podía hacer nada para impedir que viviera sus últimos días u horas con un sufrimiento inmerecido como son todos los sufrimientos.
- [17] No me gusta escribir mi perro porque ni ellos ni ningún ser vivo pertenecen a nadie. Son compañeros, al menos de un tramo de nuestras vidas, desgraciadamente tramos muy cortos porque ellos no sobrepasan los doce o quince años.
- [18] Argos, como todos los de su especie, era generoso regalándonos su afecto. Generoso en lealtad. Generoso en alegría. Generoso en compañía. Generoso, sí, siempre generoso.
- [28] ¿De quién era Argos? De nadie, de él mismo. Era uno más de la familia, como lo había sido Tifis, como lo han sido todos los perros que me han acompañado a lo largo de mi vida.
- [44] De manera que perros y hombres cohabitan desde hace miles de años. Seguramente su relación primero fue interesada, lo que no quita que se fueran forjando lazos de afecto. Porque en el terreno de los sentimientos no hay razones.
- [50] Su discurso ante el tribunal resultó tan convincente como emocionante, destacando las cualidades de los perros a los que calificó como "Los mejores amigos del hombre". Y dijo más, algo evidente para todos los que nos relacionamos con los perros, y es que el único amigo que jamás va a traicionarnos es nuestro perro, que permanece a nuestro lado en la prosperidad y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad. Dormirá en el suelo frío, donde sopla el viento y cae la nieve solo para estar junto a su amo mejor amigo.
Besará la mano que no tenga comida para ofrecerle, lamerá las heridas y las amarguras que produce el enfrentamiento con el áspero mundo. Guardará el sueño de su pobre amo como si fuera un príncipe. Cuando todos los amigos deserten, él permanecerá. Cuando las riquezas toman alas y la reputación cae en pedazos, es tan constante su amor como el sol en su viaje a través de los cielos.
Si la fortuna hace que el amo se convierta en un paria en el mundo, sin amigos y sin hogar, el perro fiel no pide más privilegio que el acompañarle para protegerle del peligro, para luchar contra sus enemigos.
Y cuando llegue el último acto y la muerte se lleve al amo en sus brazos y su cuerpo sea enterrado en la fría tierra, no importa que todos los amigos hayan partido. Allí junto a su tumba quedará el noble animal, su cabeza entre sus patas, los ojos tristes pero abiertos y alertas, noble y sincero, fiel y verdadero más allá de la muerte.
- [53 - 59] Tengo la impresión de que muchas personas desconocen que la Liga Internacional de los Derechos del Animal presentó a la UNESCO la Declaración Universal de los Derechos del Animal, y que muchos de los derechos allí recogidos se han integrado en las legislaciones de algunos países.
Precisamente porque creo que ese texto es bastante desconocido, lo traigo hasta estas páginas.
La Declaración comienza con un Preámbulo de seis puntos y continúa con catorce artículos:
PREÁMBULO
- Considerando que todo animal posee derechos
- Considerando que el desconocimiento y desprecio de dichos derechos han conducido y siguen conduciendo al hombre a cometer crímenes contra la Naturaleza y contra los animales.
- Considerando que el reconocimiento por parte de la especie humana del derecho a la existencia de las otras especies de animales constituye el fundamento de la coexistencia de las especies en el mundo.
- Considerando que el hombre comete genocidio y existe la amenaza de que siga cometiéndolo.
- Considerando que el respeto del hombre hacia los animales está ligado al respeto de los hombres entre ellos mismos.
- Considerando que la educación implica enseñar desde la infancia, a observar, comprender, respetar y amar a los animales.
PROCLAMAMOS LO SIGUIENTE.
Artículo 1.
Todos los animales nacen iguales ante la vida y tienen los mismos derechos a la existencia.
Artículo 2.
A) Todo animal tiene derecho a ser respetado.
B) El hombre, en tanto que especie animal, no puede atribuirse el derecho a exterminar a los otros animales o explotarlos violando su derecho. Tiene la obligación de poner sus conocimientos al servicio de los animales.
C) Todos los animales tienen derecho a la atención, a los cuidados y a la protección del hombre.
Artículo 3.
A) Ningún animal será sometido a malos tratos ni a actos crueles.
B) Si la muerte de un animal es necesaria, debe ser instantánea, indolora y no generadora de angustia.
Artículo 4.
A) Todo animal perteneciente a una especie salvaje tiene derecho a vivir en libertad en su propio ámbito natural terrestre, aéreo o acuático, y a reproducirse.
B) Toda privación de la libertad, incluso aquella que tenga fines educativos, es contraria a este derecho.
Artículo 5.
A) Todo animal perteneciente a una especie que viva tradicionalmente en el entorno del hombre tiene derecho a vivir y crecer al ritmo y en las condiciones de vida y de libertad que sean propias de su especie.
B) Toda modificación de dicho ritmo o dichas condiciones que fueron impuestas por el hombre es contraria a dicho derecho.
Artículo 6.
A) Todo animal escogido por el hombre como compañero tiene derecho a que la duración de su vida sea conforme a su longevidad natural.
B) El abandono de un animal es un acto cruel y degradante.
Artículo 7.
Todo animal de trabajo tiene derecho a una limitación razonable del tiempo e intensidad del trabajo, a una alimentación reparadora y al reposo.
Artículo 8.
A) La experimentación animal que implica sufrimiento físico o psicológico es incompatible con los derechos del animal, ya se trate de experimentos médicos, científicos, comerciales o cualquier otra forma de experimentación.
B) Las técnicas alternativas de experimentación deben ser utilizadas y desarrolladas.
Artículo 9.
Los animales criados para alimentación deben ser nutridos, alojados, transportados y sacrificados sin causarles ni ansiedad ni dolor.
Artículo 10.
A) Ningún animal será explotado para esparcimiento del hombre.
B) Las exhibiciones de animales y espectáculos que se sirvan de ellos son incompatibles con la dignidad del animal.
Artículo 11.
Todo acto que implique la muerte innecesaria de un animal es un biocidio, es decir, un crimen contra la vida.
Artículo 12.
A) Todo acto que implique la muerte de un gran número de animales salvajes es un genocidio, es decir, un crimen contra la especie.
B) La contaminación y la destrucción del ambiente natural conducen al genocidio.
Artículo 13.
A) Un animal muerto debe ser tratado con respeto.
B) Las escenas violentas en las que haya víctimas animales deben ser prohibidas en el cine y en la televisión, a no ser que su objetivo sea denunciar los atentados contra los derechos de los animales.
Artículo 14.
A) Los organismos de protección y salvaguarda de los animales deben ser representados a nivel gubernamental.
B) Los derechos del animal deben ser defendidos por la ley, al igual que los derechos del hombre.
- [67] En uno de los Diálogos de Platón este refiere que Sócrates decía que el perro es un filósofo, puesto que es capaz de distinguir a un amigo de un enemigo, mientras que los hombres no son capaces de hacerlo.
- [98] Leyendo Colmillo Blanco lo que nos encontramos es la crueldad del ser humano, su falta de respeto a la naturaleza y a quienes forman parte de ella.
La historia de Colmillo Blanco es un canto a la libertad, pero también a la lucha por la supervivencia. Toda una lección de vida.
- [101 - 102] Aquí reposan los restos de un ser
que poseyó la belleza sin la vanidad.
La fuerza sin la insolencia.
El valor sin la ferocidad,
y todas las virtudes del hombre sin sus vicios.
Este elogio, que constituiría una absurda lisonja
si estuviera escrito sobre cenizas humanas,
no es más que un justo tributo a la memoria de Boatswain, un perro,
nacido en Newfoundland en mayo de 1803
y muerto en Newstead el 18 de noviembre de 1808.
Cuando algún orgulloso Humano regresa a la Tierra,
desconocido para la Gloria, pero enaltecido por su nacimiento,
el arte del escultor agota las pompas de dolor y los ataúdes conmemoran a quienes descansan allí.
Cuando todo terminó, sobre la tumba se ve
no lo que él fue sino lo que debió haber sido.
Pero el pobre Perro, en vida el amigo más fiel,
el primero en saludarte, el más dispuesto a defenderte,
cuyo honesto corazón es propiedad de su dueño,
quien trabaja, pelea, vive, respira por él,
cae sin honores, sin que Nadie note su valía.
Y el alma que le acompañó en la Tierra es
rechazada en el Cielo.
Mientras que el hombre, ¡ vano insecto!, desea ser perdonado,
y reclama un cielo exclusivo para él.
- [105] Les confieso mi irritación por ese axioma tramposo en el que militan algunos críticos literarios, según el cual si un libro tiene buena acogida entre los lectores significa que no tiene calidad porque el común de la gente carece de entendederas para distinguir lo bueno, lo exquisito. La soberbia ensombrece la inteligencia y el buen juicio de algunos críticos.
- [108] El perro es el único amigo que no te traiciona nunca, que te perdona todo.
- [112] Los perros callejeros tienen una larga experiencia en sobrevivir, en enfrentarse a situaciones difíciles, y sobre todo son tan inteligentes que, como Paco, no dudan en intentar complacer a aquellos que pueden darles una caricia y sobre todo, algo de comida. El caso es que Paco se convirtió en la mascota de los madrileños.
- [116 - 118] Oh, sí, lo sé, buen Sirio, cuando me miras con tus grandes ojos profundos.
Yo bajo a donde tú estás, o asciendo a donde tú estás
y en tu reino me mezclo contigo, buen Sirio,
buen perro mío, y me salvo contigo.
Aquí en tu reino de serenidad y silencio, donde la voz humana nunca se oye,
converso en el oscurecer y entro profundamente en tu mediodía.
Tú me has conducido a tu habitación, donde existe el tiempo que nunca se pone.
Un presente continuo preside nuestro diálogo, en el que el hablar es el tuyo tan solo.
Yo callo y mudo te contemplo, y me yergo y te miro.
Oh, cuán profundos ojos conocedores.
Pero no puedo decirte nada, aunque tú me comprendes... Oh, yo te escucho.
Allí oigo tu ronco decir y saber desde el mismo centro infinito de tu presente.
Tus largas orejas suavísimas, tu cuerpo de soberanía y de fuerza,
tu ruda pezuña peluda que toca la materia del mundo,
el arco de tu aparición y esos hondos ojos apaciguados
donde la Creación jamás irrumpió como una sorpresa.
Allí, en tu cueva, en tu averno donde todo es
cenit, te entendí, aunque no pude hablarte.
Todo era fiesta en mi corazón,
que saltaba en tu derredor,
mientras tú eras tu mirar entendiéndome.
Desde mi sucederse y mi consumirse te veo,
un instante parado a tu vera,
pretendiendo quedarme y reconocerme.
Pero yo pasé, transcurrí y tú, oh gran perro mío,
persistes.
Residido en tu luz, inmóvil en tu seguridad,
no pudiste más que entenderme.
Y yo salí de tu cueva y descendí en mi alvéolo
viajador, y al volver la cabeza, en la linde vi,
no sé, algo como unos ojos misericordes.
- [118] Sirio no es una mascota, palabra abominable, sino un interlocutor que se comunica con la mirada. Sus ojos no expresan sentimientos primarios, sino emociones hondas y complejas, no muy distintas a las humanas.
Son ojos profundos porque atisban lo que se escapa a la razón: que el universo no acaba; que la eternidad no está más allá, sino más acá, en la vida misma; que el ser es un río interminable.
Y otro párrafo para y sobre Sirio: Gracias a un perro, el hombre puede mirar a la muerte de frente.
- [129] Vivir en las calles es duro para el hombre, pero también para los perros que no tienen defensa frente a extraños y otros congéneres, de manera que, juntos, además de compañía, se saben protegidos. Los dos recorren Norteamérica, sobreviven al frío y al calor, al hambre y a la violencia y sobre todo a la soledad. Cuando te acompaña un perro, nunca estás solo.
- [130] Ningún ser humano vale lo que un perro. Cuando desaparece un perro noble y valiente, el mundo se torna más oscuro, más triste, más sucio.
- [149] Pero creo que para adoptar un perro hay que ser responsable y no dejarse llevar por la emoción de un momento, sino tener en cuenta la situación y los medios de los que se dispone para incorporar un nuevo miembro a la familia.
Si yo tuviera una casa en el campo, sin duda adoptaría perros grandes, pero vivo en un piso y, además, no tengo la fuerza física y el tiempo que requieren los perros grandes. No es una disculpa, es la descripción de una realidad. De ahí mi empeño, en esta etapa de mi vida, de adoptar un perro de tamaño pequeño o mediano al que incluso me resulte fácil llevar en mis viajes.
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