98 segundos sin sombra - Giovanna Rivero
98 segundos sin sombra | Giovanna Rivero
Sinopsis
98 segundos sin sombra nos ofrece el extraordinario retrato de Genoveva, una joven inteligente e hipersensible que intenta liberarse de una realidad solitaria y asfixiante, en el marco de realidad solitaria y asfixiante, en el marco de una familia disfuncional y un pueblo remoto sumido en el hastío. Se trata de una novela escrita con una prosa fluida y certera que reconstruye la huida desde la infancia arrebatada hasta una adultez ajena, mientras se sobrepone a la relación conflictiva con su padre, a la indiferencia de su madre y a la lenta agonía de su abuela, para terminar buscando consuelo en un gurú que parece robarle la inocencia, así como en su hermanito recién nacido, la luz más brillante de su anónimo vida.
Crítica
La adolescencia es una edad maldita. Para algunos es el territorio de la incomprensión; para otros, es la fase donde se gesta esa salvaje rebeldía que despoja la inocencia para debatirnos entre la bestia y lo que podríamos ser. En 98 segundos sin sombra, Giovanna Rivero nos arroja al rostro a Genoveva Genovés Bravo, una entidad híbrida ni niña ni mujer atrapada en el ambiente abúlico y feroz de Therox. Es la Bolivia de los años 80, un microcosmos de una Latinoamérica que, antes de aprender a hablar, ya respira la sangre y la marginalidad como oxígeno cotidiano.
La estructura familiar de Genoveva es un bodegón en ruinas: un padre abandonado en su propia desidia que, en un gesto de torpe redención, le regala el diario de Ana Frank. Genoveva no solo lee el libro; lo extrapola, lo habita. Encuentra en la reclusión de Ana un espejo para su propio encierro en Therox, convirtiendo su cuaderno en un espacio de resistencia donde el cinismo es la única tinta posible. Su madre, en cambio, sumida en una sumisión asfixiante, busca en la religión una salida desesperada a la precariedad de su hogar. Paradójicamente, es ese arranque de fervor materno el que le abre a Genoveva las puertas de lo místico. Al intentar "salvarla" a través de la fe, la madre la entrega sin saberlo a una fase de experimentación espiritual que Genoveva acoge como propia, construyendo un sistema de creencias privado que justifica cada una de sus decisiones futuras, sin detenerse a medir las consecuencias.
Rivero utiliza a Genoveva para diseccionar una sociedad de doble moral, personificada en la jerarquía de "las Madonnas". El choque de la protagonista con Vacaflor es magistral: el aborto de esta última funciona como el gran nivelador. Bajo el lujo del narcotráfico y el pop de la época con la voz de Freddie Mercury resonando como un eco de libertad inalcanzable y gloria trágica, todas las mujeres en Therox comparten la misma carne herida. Freddie no es solo música; es el himno de una joven que busca la grandiosidad en medio del polvo.
Sin embargo, el verdadero giro de la novela reside en la metamorfosis mística. A través de su abuela, Clara Luz, hereda el oficio del vudú y una sed por lo sobrenatural que la prepara para el encuentro con el gurú Hernán y la promesa de Ganímedes. Genoveva abraza estas experiencias con la convicción de quien ha encontrado una verdad absoluta, aunque esta sea destructiva.
Aquí es donde Rivero ejecuta su crítica más feroz: la libertad en el tercer mundo se arrebata con sangre. Genoveva rompe el pacto de la "víctima desvalida" para asumir su rol de verdugo lúcido. Para alcanzar su edén extraterrestre, para ser finalmente dueña de su sombra, sacrifica lo único que la ata a la tierra: la vida de Clara Luz. Al asesinar a su mentora, ejecuta un parricidio místico que es su verdadero rito de iniciación. En el universo de Rivero, para nacer de nuevo hay que destruir el origen. Genoveva no escapa de Therox; lo trasciende a través del crimen, demostrando que en un mundo podrido, la única forma de no tener sombra es apagando la luz de quienes nos dieron el nombre.
Frases
- [13] Yo sé que mis deseos matutinos son engendros, anhelos deformes que ningún Dios habrá de cumplir. Una hija ama, una hija respeta, una hija no echa tierra en la cara, pienso, mientras pateo piedritas.
-[20] (…) Esta segunda vez estuvo mejor y fue entonces que decidí imitar eso de llevar un diario y al principio escribí algunas cosas, sentimientos, progresos de Nacho, y cuando descubrí que escribir en serio me ponía triste, porque la vida no es algo para escribir en serio, lo dejé.
-[21] (…) Padre ve a Clara Luz, su propia madre, mi abuela, como si fuera una extraterrestre. Debe ser que así nomás son las cosas con las madres. Algo se rompe mientras te haces grande y luego las madres se cansan, se pudren, se avergüenzan y de algún modo te abandonan.
-[29] (…) Nacho es un conejo, Nacho es un búho, Nacho es un cerdito rosa, Nacho es, la mayor parte de las veces, una lechuza bebé. (O será que estoy toda atragantada de ternura y las palabras solo estorban y se vuelven igual de patéticas que los manifiestos roncos de papá).
-[63] (…) Ni mi mamá ni yo contábamos con que la crueldad de las Madonnas tenía la misma raíz de otras habladurías: la estupidez.
-[81] Es la Reciprocidad lo que hace que la vida avance, dice mi abuela, hacia donde tiene que avanzar. Y a diferencia de Madre, cuando ella habla así, jamás utiliza la archiconocida palabra "futuro". Futuro es una palabra chantajista y barata.
-[92] Siete, seis, cinco, cuatro, tres...¡Dos, uno! Nos tragamos la sombra. Luego, damos tres saltitos, para aplastarla bien, para que no se escape. Volvemos a contar hasta noventa y ocho, y la sombra comienza a escurrirse, huyendo otra vez. Pero durante los noventa y ocho segundos que la sombra es toda nuestra, una alegría efervescente, tipo sal de frutas o espuma de Coca-Cola ,o mejor onda baba de Nacho antes de la leche, nos hace sentirnos como reinas totales. Son los "segundos de Inés", como yo los llamo, porque durante ese tiempo parece que el mundo es perfecto y que Inés ya no le importa la mierda de familia que tiene y su obsesión metamorfósica por cambiar de estado material a estado gaseoso.
-[121] (…) Pensé que en todos los cuentos de hadas, los verdaderos cuentos, había una abuela agonizante que necesitaba decir cosas. Incluso la Revista Duda, lo Increíble es la Verdad, las agonías necesitaban palabras. Tanto así que muchas veces pienso en las últimas palabras que me gustaría decir a mí, algo personal que no se parezca en nada a las postales secretas de Padre, nada de ríos convirtiéndose en tiempo ni al revés.


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