La elegancia del erizo - Muriel Barbery

La elegancia del erizo - Muriel Barbery

La elegancia del erizo | Muriel Barberry

Sinopsis 

En el número 7 de la calle Grenelle, un inmueble burgués de Paris, nada es lo que parece. Dos de sus habitantes esconden un secreto. Renné, la portera, lleva mucho tiempo fingiendo ser una mujer común. Paloma tiene doces años y oculta una inteligencia extraordinaria. Ambas llevan una vida solitaria, mientras se esfuerzan por sobrevivir y vencer la desesperanza. La llegada de un hombre misterioso al edificio propiciará el encuentro de estas dos almas gemelas.

Crítica

Releer La elegancia del erizo en la adultez es una experiencia profundamente distinta a la de la adolescencia. No solo porque una ya no es la misma lectora, sino también porque el libro tampoco ocupa el mismo lugar simbólico: deja de ser un texto que deslumbra por su “profundidad” intelectual y se convierte en una obra que revela con mayor claridad sus tensiones, sus excesos y su origen marcadamente filosófico.

Le otorgo cuatro estrellas, no solo porque logró conmoverme —hasta sacarme algunas lágrimas—, sino porque, incluso con sus zonas densas y desiguales, sigue siendo una novela con una sensibilidad emocional real, con personajes memorables y con una capacidad de resonancia afectiva que se mantiene en el tiempo.

Esta es una relectura, y eso lo cambia todo. En la adolescencia, las partes filosóficas me resultaban sorprendentemente accesibles. En ese momento estaba viendo filosofía en el colegio y había una especie de continuidad natural entre el lenguaje académico y el lenguaje del libro: conceptos, abstracciones, reflexión constante. Recuerdo incluso pensar que ojalá las clases fueran, al menos, un poco tan interesantes como lo que proponía la novela.

Hoy, desde la adultez, la experiencia fue otra. Los primeros capítulos se me hicieron eternos. La filosofía ya no fluyó como antes: se volvió pesada, exigente, menos orgánica. Quizá por no estar ya inmersa en la academia, quizá porque ahora leo desde otros ritmos, otras disposiciones y otras formas de atención. En esta relectura se hace evidente algo que antes no me pesaba tanto: este es un libro que se nota que fue escrito por una filósofa. No solo por los temas, sino por la estructura del pensamiento, por la forma de construir la mirada del mundo, por una tendencia constante a conceptualizar la realidad más que a narrarla.

Las partes de Paloma fueron las que más disfruté. Volví a conectar con esa mirada crítica sobre el mundo adulto, con esa lucidez precoz que observa las contradicciones, la hipocresía y los automatismos de los mayores. Me reconocí en esa forma de mirar el mundo, pero también en la tensión: yo, como adolescente, no solo cuestionaba a los adultos, también quería ser parte de ese mundo, pertenecer, habitarlo. En eso Paloma y yo no coincidimos. Ella rechaza; yo deseaba entrar. Esa diferencia hace que su personaje funcione al mismo tiempo como espejo y contraste.

Con Renée la experiencia fue más ambigua. Hubo momentos en los que me resultó entrañable, incluso divertida, pero otros en los que su voz se volvió difícil de seguir, lenta, cerrada sobre sí misma, a ratos directamente soporífera. Su construcción es interesante en términos simbólicos —la mujer invisible, subestimada, profundamente culta—, pero no siempre logra sostener el interés narrativo. A veces conmueve, a veces emociona, otras simplemente pesa.

En el texto aparecen además algunos temas que siguen siendo potentes. La amistad, por ejemplo, especialmente la que se construye entre Renée y Manuela, una relación que se aleja del ideal romántico y se sostiene más en la complicidad silenciosa, en la lealtad cotidiana y en una forma de afecto que no necesita grandilocuencia. También está la necesidad de ocultamiento: Renée esconde su inteligencia para sobrevivir socialmente; Paloma, de otra forma, también se oculta. Ambas comparten esa experiencia de saber quiénes son, pero no poder —o no querer— mostrarse completamente al mundo. Esa tensión entre lo que somos y lo que mostramos atraviesa toda la novela y sigue siendo uno de sus núcleos más interesantes.

En medio de ambas aparece Kakuro Ozu, el personaje que articula el encuentro entre Paloma y Renée, el punto de unión entre dos soledades que hasta entonces existían en paralelo. Kakuro funciona como puente narrativo y como catalizador de los vínculos, pero también como un gesto autoral muy visible: se percibe con claridad el amor de Barbery por la cultura japonesa. Su condición de japonés no es estrictamente necesaria para la función que cumple en la historia; podría haber sido español, portugués o de cualquier otra nacionalidad y el personaje seguiría funcionando en términos narrativos. En ese sentido, más que una necesidad estructural, Kakuro se siente también como un capricho simbólico de la autora, una elección estética que responde más a su universo personal que a una exigencia interna del relato.

Además, su arco narrativo introduce una idea de resarcimiento que se percibe forzada: la lógica de “reparar” a la persona que fue afectada —en este caso, Renée— mediante una especie de redención simbólica. Esa construcción no termina de sentirse orgánica, sino más bien diseñada desde una intención moral y estética que desde una necesidad narrativa real.

La novela se percibe hoy como un texto con una identidad muy clara, pero también con una fuerte impronta autoral que condiciona la experiencia de lectura. Es una obra donde la filosofía no es un recurso, sino una estructura: organiza el pensamiento, la voz, el ritmo y la forma de mirar el mundo. Eso le da singularidad, pero también le resta fluidez narrativa y accesibilidad.

La relectura no destruye el libro: lo desplaza. También permite ver con más claridad a Muriel Barbery como autora: una filósofa que escribe novela, no una novelista que incorpora la filosofía como recurso. Su formación atraviesa todo el texto y se impone como una estructura de pensamiento, de sensibilidad y de escritura. Eso marca profundamente el libro y explica tanto su singularidad como sus límites.

La elegancia del erizo es, además, una novela muy situada en su época. Es un libro muy de los años 2000: en su manera de entender la cultura como capital simbólico, en su relación con la intelectualidad, en su forma de construir personajes altamente conscientes de sí mismos, en esa estética de la profundidad, de la cita, de la referencia cultural constante, de la sensibilidad "refinada" como valor narrativo. Hoy, esa forma de escritura puede sentirse forzada para muchos lectores, incluso artificiosa. No es casual que existan lecturas críticas que cuestionan este tipo de novelas por su tendencia al exceso conceptual, a la solemnidad estética y a una cierta pose intelectual que a veces sustituye el conflicto narrativo real. También permite ver con más claridad a Muriel Barbery como autora: una filósofa que escribe novela, no una novelista que usa la filosofía. Su voz, su formación y su mirada atraviesan todo el texto, y eso hace que La elegancia del erizo sea un libro profundamente situado en su tiempo. Es, en muchos sentidos, una novela muy de los años 2000: en su sensibilidad, en su forma de entender la cultura, en su relación con la intelectualidad, en su idea de profundidad y de belleza, en su manera de construir personajes simbólicos más que psicológicos. Ya no seduce tanto por su complejidad conceptual, sino por sus vínculos, sus afectos, sus silencios y sus momentos de humanidad. Ya no se admira igual, pero sigue conmoviendo.

Además, hay un dato que resulta casi anecdótico pero revelador: La elegancia del erizo hace parte de una serie de novelas dentro del universo narrativo de Barbery. Sin embargo, no es en absoluto necesario haber leído los otros libros para comprender o disfrutar este. Funciona de manera completamente autónoma, cerrada en sí misma, sin dependencia real de un conjunto mayor. De hecho, hasta hace poco yo misma no lo sabía; lo descubrí casi por accidente, a través de Goodreads, lo que dice mucho de lo poco relevante que resulta ese dato para la experiencia real de lectura.

Por eso las cuatro estrellas: no por perfección, sino por impacto. Porque, a pesar del cansancio inicial, de los tramos densos y de la dificultad filosófica, sigue siendo una novela capaz de tocar fibras profundas, de generar emoción genuina y de dejar una huella afectiva duradera. No es un libro que hoy admire como antes, pero sí es un libro que todavía me afecta, y en la lectura —y en la crítica—, esa persistencia también es una forma de valor.


La elegancia del erizo Muriel Barbery



Frases

- [12] Los hombres a quienes pierde el deseo, harían bien en limitarse a sus necesidades. En un mundo en el que se amordace la hibris del deseo podrá nacer una organización social nueva,  despojada de luchas, opresiones y jerarquías deletéreas.
- Quien siembra deseo, recoge opresión - a punto estoy de murmurar como si sólo me escuchara mi gato.

- [17] Aparentemente, de vez en cuando los adultos se toman el tiempo  de sentarse a contemplar el desastre de sus vidas. Entonces se lamentan sin comprender y, como moscas que chocan una y otra vez contra el mismo cristal, se inquietan, sufren, se consumen, se afligen y se interrogan sobre el engranaje que los ha conducido allí donde no querían ir. Los más inteligentes llegan incluso a hacer de ello una religión: ¡ah, la despreciable vacuidad de la existencia burguesa!

Hay cínicos de esta índole que comparten mesa con papá: ¿Qué ha sido de nuestros sueños de juventud?, preguntan con aire desencantado y satisfecho. Se han desvanecido, y cuán perra es la vida... Odio esta falsa lucidez de la edad madura. La verdad  es que son como todos los demás: chiquillos que no entienden qué les ha ocurrido y que van de duros cuando en realidad tienen ganas de llorar.

Sin embargo, es fácil de comprender. El problema está en que los hijos se creen lo que dicen los adultos y, una vez adultos a su vez, se vengan engañando a sus propios hijos. La vida tiene un sentido que los adultos conocen es la mentira universal que todos crean por obligación. Cuando, una vez adulto, uno comprende que no es cierto, ya es demasiado tarde. El misterio permanece intacto, pero hace tiempo que se ha malgastado en actividades estúpidas toda la energía disponible. Ya no le queda a uno más que anestesiarse como puede tratando de enmascarar el hecho de que no le encuentra ningún sentido a la vida, y engaña a sus propios hijos para intentar convencerse mejor a sí mismo.

- [18]  La gente cree ansiar y perseguir estrellas, pero termina como peces de colores en una pecera. Me preguntó si no sería más sencillo enseñarles a los niños desde el principio que la vida es absurda. Ello le robaría algunos buenos momentos a la infancia,  pero permitiría que el adulto ganara un tiempo considerable ( por no hablar de que uno se ahorraría al menos un trauma: el de la pecera).

- [20] Mi vida ya está toda trazada, lo cual es tristísimo: nadie parece haber caído en la cuenta de que si la existencia es absurda, lograr en ella un éxito brillante no tiene más valor que fracasar por completo. Simplemente es más cómodo. O ni siquiera: creo que la lucidez hace amargo el éxito,  mientras que la mediocridad alberga siempre alguna esperanza.

- [20] En el fondo, estamos programados para creer en lo que no existe, porque somos seres vivos que no quieren sufrir. Por ello empleamos todas nuestras energías en convencernos de que hay cosas que valen la pena y que por ellas la vida tiene sentido.Por muy inteligente que yo sea,  no sé cuánto tiempo aún podré luchar contra esta tendencia biológica. Cuando  entre en el mundo de los adultos, ¿seré todavía capaz de hacer frente al sentimiento de lo absurdo? No lo creo.

- [22]  Pero el mundo tal y como es no está  hecho para las princesas. Dicho esto, que uno tenga el proyecto  de morir no quiere decir que hasta entonces tenga que vegetar como una verdura podrida. Antes al contrario. Lo importante no es morir ni a qué edad se muere, sino lo que uno esté haciendo en el momento de su muerte.

- [29]  ¿Qué es una aristócrata? Una mujer a la que la vulgaridad no alcanza pese a acecharla por todas partes.

Vulgaridad de una familia política que, los domingos, combate a golpe de risotadas el dolor de haber nacido débil y sin porvenir; vulgaridad de un vecindario marcado por la misma pálida desolación que los neones de la fábrica a la que van los hombres cada mañana como si bajaran al infierno; vulgaridad de las señoras cuya vileza no podría enmascarar ni todo el dinero del mundo, y que se dirigen a ella como a un perro tiñoso.

- [38]  Lo que hace la fuerza del soldado no es la energía que emplea en intimidar a su adversario enviándole un montón de señales, sino la fuerza que es capaz de concentrar en sí mismo, centrándose en sí, sin salir de sí mismo. El jugador maorí se convertía en árbol, un gran roble indestructible con raíces profundas, que irradiaba una fuerza poderosa, de la que todo el mundo era consciente. Y sin embargo, uno tenía la certeza de que ese gran roble también podía echar a volar, que iba a ser tan rápido como el viento, a pesar de o gracias  a sus grandes raíces.

- [51]  Resumiendo, yo pienso que el gato es un tótem moderno. Por mucho que se diga, por mucho que se perore sobre la evolución, la civilización y un montón más de palabras que terminan en "ción", el hombre no ha progresado mucho desde sus inicios: sigue pensando que no está aquí por casualidad y que unos dioses en su mayoría benévolos velan por su destino.

- [56]  Ésta es una idea profunda mía, pero nació a su vez de otra idea profunda. Lo dijo un invitado de papá que vino ayer a cenar: " Los que saben hacer las cosas, las hacen; los que no saben, enseñan a hacerlas; los que no saben enseñar,  enseñan a los que enseñan, y los que no saben enseñar a los que enseñan, se meten en política" Todo el mundo pareció encontrar aquello muy inspirado, pero no por los motivos adecuados. "Cuanta razón tiene", dijo Colombe, que es especialista en la falsa autocrítica. Forma parte de aquellos que piensan que el saber vale por el poder y el perdón.Si sé que formo parte de una elite autosatisfecha que sacrifica el bien común por exceso de arrogancia, me libro de la crítica y consigo con ello el doble de prestigio. Papá también tiende a pensar así, aunque es menos cretino que mi hermana. Él todavía cree que existe algo llamado "deber" y, aunque sea a mi juicio quimérico, ello lo protege de la idiotez del cinismo.

- [57]  Si uno ascendiera en la escala social de manera proporcional a su incompetencia, os puedo asegurar que el mundo no marcharía como marcha. Pero el problema no es ése. Lo que esta frase quiere decir no es que los incompetentes tengan un lugar bajo el sol, sino que no hay nada  más difícil e injusto que la realidad humana: los hombres viven en un mundo donde lo que tiene poder son las palabras y no los actos, donde la competencia esencial es el dominio del lenguaje. Eso es terrible porque, en el fondo, somos primates programados para comer, dormir, reproducirnos, conquistar y asegurar nuestro territorio, y aquellos más hábiles para todas esas tareas, aquellos entre nosotros que son más animales, ésos siempre se dejan engañar por los otros, los que tienen labia pero serían incapaces de defender su huerto, de traer un conejo para la cena y de procrear como es debido. Es un terrible agravio a nuestra naturaleza animal, suerte de perversión, de contradicción profunda.

- [62]  He aquí el idealismo Kantiano. No conocemos del mundo más que la idea que nuestra conciencia forma parte del mismo. Pero existe una teoría más deprimente que ésta,  una teoría que abre perspectivas más aterradoras todavía que la de acariciar sin darse cuenta de ello a un pedazo de baba verde o, por las mañanas, hundir en una cueva pustulosa las rebanadas de pan que uno creía destinadas al tostador.

Existe el idealismo de Edmund Husserl, que ahora ya evoca para mí una marca de sotanas de tela basta para sacerdotes seducidos por un oscuro cisma de la Iglesia baptista.

En esta última teoría sólo existe la aprehensión del gato. ¿Y el gato? Pues bien, el gato no le importa a nadie. El gato no es necesario en absoluto. ¿Para qué? ¿Qué gato? A partir de ahora,  la filosofía se permite complacerse sólo con la lujuria de la mente nada más. El mundo es una realidad inaccesible que sería vano tratar de conocer. ¿Qué conocemos del mundo? Nada. Puesto que todo conocimiento no es más que la autoexploración por sí misma de la conciencia reflexiva, se puede mandar el mundo de paseo.

- [75]  Cuando la enfermedad entra en un hogar, no se apodera sólo de un cuerpo, sino que teje entre los corazones una tela oscura que entierra toda esperanza. Como el hilo de una teleraña que se enreda alrededor de nuestros proyectos y de nuestro aliento, la enfermedad, día tras día, devoraba nuestra vida.Cuando volvía a entrar a casa desde el exterior, tenía la impresión de penetras en una tumba y sentía frío todo el rato, un frío que nada aliviaba hasta el punto que,  los últimos tiempos, cuando dormía junto a Lucien me parecía que su cuerpo aspiraba todo el calor que el mío hubiera podido robar en otro sitio.

- [124]  El jugador demasiado ávido pierde la partida: es un juego sutil de equilibrio en el que hay que lograr ventaja sin aplastar al otro. Al final, la vida y la muerte no son sino la consecuencia de una edificación bien o mal construida.

- [125]  Vivir, morir: no son más que consecuencias de lo que se ha construido. Lo importante es construir bien. Por ello, me he impuesto una nueva obligación: voy a dejar de deshacer, de derribar, y me voy a poner a construir. Hasta de Colombe haré algo positivo. Lo que cuenta es lo que uno hace en el momento de morir y, el próximo 16 de junio, quiero morir construyendo.

- [142]  No hay que olvidar que el cuerpo se degrada, que los amigos se mueren, que todos te olvidan, que el final es soledad. No hay que olvidar tampoco que esos viejos fueron jóvenes, que el tiempo de una vida es irrisorio, que un día tienes veinte años, y al siguiente ya son ochenta.

(...) Yo en cambio hace tiempo que aprendí que la vida se pasa volando, mirando a los adultos a mi alrededor, tan apresurados siempre, tan agobiados porque se les va cumplir el plazo, tan ávidos del ahora para no pensar en el mañana... Pero si se teme el mañana es porque no se sabe construir el presente, y cuando no se sabe construir el presente, uno se dice a sí mismo que podrá hacerlo mañana y entonces ya está perdido porque el mañana siempre termina por convertirse en hoy, ¿lo entendéis?

De modo que sobre todo no hay que olvidarlo. Hay que vivir con la certeza de que envejeceremos y que no será algo bonito,  ni bueno, ni alegre. Y decirse que lo que importa es el ahora: construir, ahora, algo, a toda costa, con todas nuestras fuerzas. Tener siempre en mente la residencia de ancianos para superarse cada día, para hacer que cada día se imperecedero. Escalar paso a paso cada uno su propio Everest y hacerlo de manera que cada paso sea una pizca de eternidad.

Para eso sirve el futuro: para construir el presente con verdaderos proyectos de seres vivos.

- [158] Antoine Pallières es el hijo del señor Pallières, el industrial del sexto, un tipo que le da lecciones de moral a papá sobre la manera de dirigir el país y  que vende armas a traficantes internacionales. El hijo es menos peligroso porque es un cretino redomado, pero nunca se sabe: la nocividad suele ser un capital familiar.

- [159] He aquí mi idea profunda del día: es la primera vez que conozco a alguien que busca a la gente y ve más allá de las apariencias. Puede parecer trivial,  pero yo creo sin embargo que es profundo. Nunca vemos más allá de nuestras certezas y, lo que es más grave todavía, hemos renunciado a conocer a la gente, nos limitamos a conocernos a nosotros mismos sin reconocernos en esos espejos permanentes.Si nos diéramos cuenta, si tomáramos conciencia del hecho de que no hacemos sino mirarnos a nosotros mismos en el otro,  que estamos solos en el desierto, enloqueceríamos. 

(...) Yo suplico al destino que me dé la oportunidad de ver más allá de mí misma y de conocer a la gente.

 - [174] Yo en cambio creo que la gramática es una vía de acceso a la belleza. Cuando hablas, lees o escribes, sabes muy bien si has hecho una frase bonita, o si estás leyendo una. Eres capaz de reconocer una expresión elegante o un buen estilo. Pero cuando se estudia gramática, se accede a otra dimensión de la belleza de la lengua. Hacer gramática es observar las entrañas de la lengua, ver cómo está hecha por dentro, verla desnuda, por así decirlo. Y eso es lo maravilloso, por que te dices " Pero ¡que bonita es por dentro, qué bien formada!""¡Qué sólida, que ingeniosa, qué rica, qué sutil!". Para mí, sólo saber que hay varias naturalezas de palabras y que hay que conocerlas para poder utilizarlas y para estar al tanto de sus posibles compatibilidades hace que me sienta como en éxtasis.

- [225] ¿Para qué sirve el Arte? Para darnos la breve pero fulgurante ilusión de la camelia, abriendo en el tiempo una brecha emocional que parece irreductible a la lógica animal. ¿Cómo surge el Arte? Nace de la capacidad que tiene la mente de esculpir el ámbito sensorial.¿Qué hace el Arte por nosotros? Da forma y hace visibles nuestras emociones y, al hacerlo, les atribuye este sello de eternidad que llevan todas las obras que, a través de una forma particular, saben encarnar el universo de los afectos humanos.

El sello de la eternidad...¿Qué vida ausente sugieren a nuestros corazón estos manjares, estas copas, estos tapices y estos vasos?Más allá de los límites del cuadro, sin duda, el tumulto y el tedio de la vida, esa carrera incesante y vana acosada de proyectos; pero en el interior, la plenitud del momento en suspenso arrancado al tiempo por la codicia humana.¡La codicia humana! No podemos dejar de desear, y ello nos magnifica y nos mata.¡El deseo! Nos empuja y nos crucifica, llevándonos cada día al campo de batalla, donde, la víspera, fuimos derrotados, pero que, al alba, de nuevo se nos antoja terreno de conquistas; nos hace construir, aunque hayamos de morir mañana, imperios abocados a convertirse en polvo, como si el conocimiento que de su caída próxima tenemos no alterara en nada la sed de edificarlos ahora; nos insufla el recurso de seguir queriendo lo que no podemos poseer y, al llegar la aurora, nos arroja sobre la hierba cubierta de cadáveres, proporcionándonos hasta la hora de nuestra muerte proyectos al instante cumplidos y que al instante se renuevan.

- [227] El arte es la emoción sin el deseo.

- [235] Qué cómodo es reprocharles a los fenomenólogos su autismo sin gato; yo he dedicado mi vida a la búsqueda de lo intemporal.

Pero quien persigue eternidad recoge soledad.

- [259] Día tras días, recorremos nuestras vida como quien recorre un pasillo.

- [306] Porque lo bello es lo que se coge en el momento que ocurre. Es la configuración efímera de las cosas en el momento en que uno ve al mismo tiempo la belleza y la muerte.
Ay, ay, ay, me he dicho ¿quiere esto decir que así es como uno tiene que vivir su vida?¿Siempre en equilibrio entre la belleza y la muerte, el movimiento y la desaparición?
Quizá estar vivo sea esto: perseguir instantes que mueren.

- [332] ¿Qué guerra es esta que combatimos, seguros de nuestra derrota? Aurora tras aurora,  extenuados ya de todas las batallas que aún están por venir, nos acompaña el espanto del día a día, ese pasillo sin fin que, en las horas postreras, será nuestro destino por haberlo recorrido tantas veces.Sí, ángel mío, así es el día a día: tedioso, vacío y anegado en desdicha. Las calles del  infierno no le son en nada ajenas; uno acaba allí un buen día por  haber permanecido en ese pasillo demasiado tiempo. De un pasillo a las calles: entonces acontece la caída, sin sacudidas ni sorpresas. Cada día, volvemos a experimentar la tristeza del pasillo y,  paso tras paso, seguimos el camino de nuestra lúgubre condena.

- [364] Pensando en eso esta noche, con el corazón y el estómago hechos papilla, me dijo que a fin de cuentas quizá sea esto la vida: mucha desesperación pero también algunos momentos de belleza donde el tiempo ya no es igual. Es como si las notas musicales hicieran una suerte de paréntesis en el tiempo, una suspensión, otro lugar aquí mismo, un siempre en el jamás.
Si, eso es, un siempre en el jamás.

Comentarios

Entradas populares