Dónde estás, mundo bello - Sally Rooney
Dónde estás, mundo bello | Sally Rooney
Sinopsis
Dos amigas se acercan a la treintena en ciudades distintas y tras mucho tiempo sin verse. Alice, novelista, conoce a Felix, que trabaja en un almacén, y le pide que la acompañe a Roma para promocionar su último libro, Eileen, está superando una ruptura y empieza a flirtear con Simon, un chico al que conoce desde que eran niños.
El verano se acerca, y las dos chicas se siguen enviando correos electrónicos en los que se ponen al día. Hablan de su amistad, de sus relaciones, de arte, de literatura y de un futuro cada vez más incierto. Dicen que quieren verse pronto, pero ¿qué pasará cuando lo hagan?
Alice, Felix, Eileen y Simon todavía son jóvenes, pero pronto dejarán de serlo. Se juntan y se separan, se desean y se mienten. Sufren por amor, por sexo, por sus amistades y por el mundo en el que viven.¿Están en la última sala iluminada antes de la oscuridad? ¿Encontrarán una manera de creer en un mundo bello?
Crítica
Me topé con Dónde estás, mundo bello después de haber rebotado con Conversaciones entre amigas. No voy a mentir: arranqué el libro sin muchas expectativas, casi esperando que fuera más de lo mismo. Pero algo pasó. Esta novela me agarró de una forma que la primera no lo hizo, y creo que tiene que ver tanto con lo que Rooney escribió como con el momento en el que yo lo leí.
Cuando empecé el libro estaba sin trabajo, con esa sensación horrible de que todo lo que habías construido se te desarmaba en las manos. Y ahí estaba Rooney, hablando exactamente de eso: de personas que hicieron todo "bien" y aun así no llegaron a ningún lado seguro. No es que el libro me consolara, pero sí me hizo sentir menos sola en la confusión. Hay algo muy jodido en darte cuenta de que seguiste todas las reglas del juego y aun así perdiste. Y Rooney entiende eso. Lo entiende sin ponerse condescendiente, sin ofrecerte respuestas fáciles o finales esperanzadores que no se sienten reales.
La historia gira alrededor de Alice y Eileen, dos amigas que se escriben emails larguísimos mientras cada una navega su propia crisis. Alice es la escritora exitosa que se mudó a un pueblo perdido en Irlanda, tratando de escapar de la fama, la presión y probablemente de sí misma. Eileen, en cambio, sigue en Dublín, trabajando en una revista literaria que le paga una miseria y saliendo con un tipo casado que claramente nunca va a dejar a su esposa. Pero fue Eileen la que me partió. Ella es esa persona que todos conocemos (o que fuimos): la brillante de la clase, la de las mejores notas, la que iba a comerse el mundo. Y resulta que termina en un trabajo mediocre que no la llena para nada, mientras su compañera —que nunca destacó tanto— sí logra avanzar. Rooney desarma ahí todo el cuento del mérito, y lo hace sin ponerse didáctica ni sermoneadora. Simplemente te muestra que el sistema es una mierda y que el esfuerzo no garantiza nada.
Es una historia profundamente millennial, de esa generación a la que le prometieron que después del sudor, las lágrimas y la sangre iban a encontrar su lugar en el mundo. Pero no fue así. Han sorteado crisis tras crisis —económicas, climáticas, políticas— hasta volverse más apáticos, más cansados. Ya no ven nada bello o brillante en el mundo que heredaron. Y ese título, Dónde estás, mundo bello, es casi una pregunta desesperada lanzada al vacío: ¿dónde quedó esa promesa? ¿Por qué todo se siente tan roto? Los personajes de Rooney no están deprimidos de una forma clínica, están cansados de una forma existencial. Están hartos de fingir que todo tiene sentido cuando claramente no lo tiene.
Hay una escena que me tocó especialmente: cuando Eileen recuerda los mundos imaginarios que inventaba con su hermana cuando eran chicas. Ese tipo de complicidad, ese refugio compartido en la ficción... yo también tuve eso. La diferencia es que en mi caso esa relación no se rompió con el tiempo, lo que hizo que la escena me doliera de otra manera: por todo lo que Eileen perdió, por lo frágil que es ese tipo de intimidad. Rooney escribe esa memoria sin caer en la nostalgia barata. No te dice "qué lindo era todo antes", te muestra lo que se pierde cuando crecemos y nos alejamos de las personas que nos conocieron en nuestra versión más pura, más imaginativa, menos dañada por el mundo.
Y lo peor es que esa relación con su hermana se dañó por algo tan dolorosamente humano: la hermana mayor se enamoró de Simon, y cuando se dio cuenta de que él quería a Eileen, se rompió su vinculo, volviendo a Lola (la hermana mayor) una arpía. Esta la veía como una mocosa, como alguien que no merecía esa atención, y de repente resulta que esa "mocosa" es la que Simon elige. Rooney no necesita hacer grande ese conflicto, no lo dramatiza innecesariamente, pero está ahí, envenenando todo. Y me dolió porque pensé en lo fácil que es perder a alguien por algo así, por el resentimiento que se va acumulando cuando sentís que te quitaron algo que creías tuyo. Aunque, para ser justos, Rooney le da a la hermana su final feliz. Al final encuentra una pareja con la que pasar este trago amargo y casarse. La escritora es generosa con ella, no la deja hundida en su amargura.
La relación de Eileen con su madre también me llamó mucho la atención, y resonó en mí de una forma inesperada. Hay una escena donde la madre la llama egoísta porque Eileen no quiere involucrarse más en los problemas entre sus padres. Eileen le responde que ella también está cargando con sus propias cargas, que tiene su propia vida, sus propios problemas. Pero leyendo esa escena yo pensé algo que Eileen no dice explícitamente pero que está ahí, latente: ustedes se escogieron, son pareja, tienen que apoyarse entre ustedes y aceptar cómo la vejez los afecta a ambos. No es responsabilidad de los hijos arreglar el matrimonio de sus padres. Y me pareció tan certero, tan necesario de leer. Esa culpa que te cargan los padres cuando no querés ser su terapeuta, su mediador, su red de contención emocional para problemas que son de ellos, no tuyos. Rooney pone el dedo en esa llaga sin miedo, y aunque Eileen no lo verbaliza de esa forma tan directa, el conflicto está perfectamente planteado.
Ahora, la relación entre Alice y Felix no me convenció tanto. Felix especialmente me resultó irritante en varios momentos. Es un tipo que trabaja en un almacén, sin grandes ambiciones intelectuales, y Rooney claramente quiere que veamos ahí una diferencia de clase que genera tensión. Y está bien, lo entiendo como propuesta. Pero Felix a veces se siente más como una idea que como una persona real. Se pone a la defensiva por todo, hace comentarios pasivo-agresivos, y aunque entiendo que eso viene de su inseguridad frente a Alice —la escritora famosa, la que tiene plata, la que vive en otro mundo—, igual me costó empatizar con él. No sé si Rooney quería que fuera así o si simplemente no logró construirlo con la misma profundidad que a Simon, pero hay algo en él que no termina de cuajar. Dicho esto, tienen sus escenas buenas, sus puntazos. Hay momentos donde la química funciona, donde se nota que hay algo genuino entre ellos. No es que la pareja sea un desastre total, pero definitivamente no fue lo más fuerte del libro para mí.
En cambio, Simon. Simon merece su propio párrafo. Podría haber sido el típico tipo rudo y emocionalmente cerrado, el cliché del hombre fuerte que no habla de sus sentimientos. Pero Rooney le da matices que lo vuelven infinitamente más interesante. Tiene fe —católica, irlandesa, complicada—, tiene culpa, tiene ganas de cuidar y de ser cuidado. No es frío solo porque sí, como esos personajes masculinos que parecen estar hechos de piedra para parecer profundos. Simon es una persona complicada, contradictoria, real. Y pensé: ojalá autoras como Ali Hazelwood tomaran nota. Puedes escribir a un hombre con cierto aire de dominio, con esa energía que algunas novelas románticas buscan, sin convertirlo en un cartón de dos dimensiones. Simon es la prueba de que se puede. Tiene poder, tiene presencia, pero también tiene debilidad, duda y ternura.
La estructura del libro es rara, y sé que no es para todo el mundo: alterna escenas narrativas normales con esos emails súper largos donde Alice y Eileen se ponen filosóficas y hablan de política, arte, el fin del mundo, el sentido de escribir cuando todo se está cayendo a pedazos. Y aquí es donde tengo sentimientos encontrados. Algunos de esos correos me resonaron muchísimo, como si fueran conversaciones que yo podría tener con mi mejor amiga: esas charlas largas, medio inconexas, donde saltas de hablar de tu vida amorosa a preguntarte si tiene sentido seguir intentando hacer algo con tu carrera cuando el planeta se está muriendo. Esas conversaciones donde mezclas lo personal con lo político porque, al final, todo está conectado. Pero otros emails se me hicieron pesados, demasiado densos, como si Rooney quisiera meter toda su tesis política en un intercambio de correos electrónicos. A veces funcionan perfecto, te hacen pensar, te hacen sentir que estás leyendo algo importante. Otras veces frenan la historia en seco y solo querés que vuelvan a pasar cosas.
Pero entiendo por qué Rooney eligió esa estructura. Quería mostrar que nuestras vidas íntimas no existen en el vacío, que todo lo que sentimos —el amor, el deseo, la frustración, la soledad— está atravesado por el contexto político y económico que nos rodea. No podés hablar de una relación sin hablar de clase. No podés hablar de tu trabajo sin hablar de precariedad. No podés hablar de tu futuro sin hablar del colapso climático. Todo está entrelazado, y Rooney se niega a separar lo personal de lo estructural. Y eso, aunque a veces sea agotador de leer, me parece honesto.
No es una novela perfecta. A veces se repite, a veces se pone demasiado en modo ensayo y perdés un poco la conexión emocional con los personajes. Hay momentos donde pensás "ya entendí el punto, sigamos con la historia". Pero cuando pega, pega fuerte. Logra narrar esa sensación de estar a la deriva que tiene nuestra generación: crecimos creyendo que si hacíamos las cosas bien, si estudiábamos, si trabajábamos duro, si éramos buenas personas, todo iba a estar bien. Y nos despertamos en un mundo que se cae a pedazos y que no cumplió ninguna de esas promesas. Un mundo donde podés tener un título universitario y vivir con tres roommates hasta los treinta. Donde podés escribir una novela exitosa y aun así sentir que todo es absurdo. Donde podés encontrar el amor y todavía preguntarte si tiene sentido traer hijos a este desastre.
Le doy cuatro estrellas no por amor ciego, sino porque me sorprendió. Rooney me agarró desprevenida con este libro. Y viniendo de alguien que arrancó la lectura con recelo, que estaba convencido de que no iba a conectar, eso cuenta. Mucho.
Frases
- [11] ¿No te gusta, entonces?
Dios, no, respondió él. Lo odio a muerte.Pero no me pagarían por hacer algo que me gustase, ¿no? Es lo que tiene el trabajo, si valiese la pena lo harías gratis.
- [31] Cuando las hermanas se fueron haciendo mayores, dejaron de incluir a Simon y a ningún otro niño en sus juegos y emigraron al interior de la casa, donde esbozaban mapas ficticios en papel de carta, inventaban alfabetos crípticos y se grababan en cintas de casete. Sus padres miraban esos juegos con una benévola falta de curiosidad, y les suministraban encantados papel, rotuladores y cintas vírgenes, pero sin mostrar ningún interés por saber nada de los habitantes imaginarios de países ficticios.
- [36] Mary levantó las manos palmas arriba, parecía agotada, parecía mayor de lo que era en realidad.Todo, dijo. Yo que sé. Vienes a casa quejándote de tu trabajo, quejándote de tu vida. ¿Y qué pasa con mi vida?¿A mí quién me cuida? Eileen tenía veintitrés años entonces, y su madre de cincuenta y uno. Eileen se llevó ligeramente las yemas de los dedos a uno de los párpados durante un segundo y le dijo: ¿No te me estás quejando de tu vida ahora mismo? En ese momento Mary se echó a llorar. Eileen la observó incómoda: A mí me preocupa de verdad que no seas feliz, es solo que no sé qué quieres que haga yo. Su madre se tapaba la cara, sollozando. Pero ¿qué he hecho mal?, dijo.¿Cómo he podido criar unas hijas tan egoístas? Eileen recostó la espalda en el sofá como si se planteara seriamente la cuestión. ¿Qué resultado esperas sacar de aquí?, le preguntó. No te puedo dar dinero. No puedo viajar atrás en el tiempo y hacer que te cases con otro hombre.¿Quieres que te escuche mientras te quejas? Yo te escucho.Te estoy escuchando. Pero no entiendo por qué crees que tu infelicidad es más importante que la mía.Mary se marchó de la habitación.
- [41] La gente cree que el socialismo se mantiene por la fuerza - por medio de la expropiación forzosa de la propiedad- pero ojalá reconociesen también que el capitalismo se mantiene mediante exactamente la misma fuerza pero en sentido contrario, la protección forzosa de los acuerdos de propiedad existentes. Ya sé que lo sabes. No soporto tener los mismos debates una y otra vez partiendo de postulados erróneos.
Yo también he estado pensando últimamente en el tiempo y el conservadurismo político, aunque de otra manera. En este momento creo que podríamos decir que vivimos en una crisis histórica, y la mayor parte de la población parece aceptar en general esta idea.
- [44] Es de suponer que el sufrimiento recordado nunca duele tanto como el sufrimiento presente, incluso si en realidad fue mucho peor; no podemos recordar cuán pero fue, porque recordar no tiene tanta fuerza como experimentar.Tal vez sea por eso por lo que la gente de mediana edad cree siempre que sus ideas y sus sentimientos son más importantes que los de los jóvenes, porque tienen solo un vago recuerdo de los sentimientos de su juventud, y dejan que las experiencias presentes dominen su visión de la vida.
- [83] No, puede que tú no. Pero no mucha gente sería feliz, si viese la vida como la ves tú. Que nada va a ninguna parte, que no tiene ningún sentido. La mayoría de la gente prefiere creer que sí tiene alguno. Así que, en ese aspecto, todo el mundo se engaña. El engaño de Simon solo es más estructurado.
- [109] Porque al final de nuestras vidas, cuando ya no nos queda nada por delante, eso sigue siendo lo único de lo que queremos hablar.Puede que solo estemos hechos para amar a y preocuparnos por las personas que conocemos, y para seguir amando y preocupándonos incluso cuando deberíamos estar ocupándonos con cosas más importantes. Y eso acaba haciendo que la especie humana se extinga, ¿no es cierto modo un motivo bonito por el que extinguirse, el más bonito que se te pueda ocurrir? Porque mientras teníamos que estar reorganizando el repartimiento de los recursos del planeta y haciendo una transición colectiva a un modelo económico sostenible, andábamos preocupándonos del sexo y la amistad. porque nos amábamos demasiado y nos encontrábamos demasiado interesantes. Yo adoro eso del ser humano, y de hecho es precisamente la razón por la que abogo por nuestra supervivencia: por lo atontados que estamos unos con otros.
- [157] Sentía que todo era posible, que no había ninguna puerta cerrada tras de mí, que allí fuera, en algún lugar todavía desconocido, había gente que me querría y me admiraría y desearía hacerme feliz. Puede que eso explique en cierto modo lo abierta que estaba al mundo: tal vez sin saberlo, estaba proyectando mi futuro, buscando señales.
- [158] El mundo parecía capaz de albergar estas cosas, y mis ojos eran capaces, mi cerebro era capaz de incorporarlas y comprenderlas. Estaba cansada, era tarde, iba sentada medio dormida en el asiento trasero de un taxi, recordando por un impulso extraño que allá donde voy, tú vas conmigo, y también él, y que mientras vosotros dos estéis vivos el mundo será bello para mí.
- [220] Yo, particularmente, debo ejercer un papel muy activo en la lectura, y en la comprensión de lo que leo, y tenerlo todo en mente el tiempo necesario para ir dotando de sentido al libro a medida que avanzo. No es en ningún aspecto un proceso pasivo por el que la belleza me sea transmitida sin contar mi participación; es un esfuerzo activo, en el que la experiencia de la belleza es la construcción resultante.Pero, lo más importante, a mi parecer: las grandes novelas me generan una conexión emocional, y me llevan a desear cosas.Cuando miro las " Demoiselles d'Avignon" no quiero nada del cuadro. El placer está en contemplarlo tal cual. Pero cuando leo libros, sí que experimento deseo: quiero que Isabel Archer sea feliz, quiero que Anna y Vronsky le vaya bien, quiero incluso que indulten a Jesús en lugar de a Barrabás. Tal vez sea una lectora insulsa y estrecha de miras, que desea sentidamente lo mejor para todos (menos para Barrabás), pero si deseara lo contrario, que Isabel se casara mal, que Anna se arrojara a las vías del tren, sería una simple variación de la misma experiencia. La clave es que hay una conexión emocional, ya no soy una espectadora desinteresada.
- [220] En la doctrina católica, por lo que yo entiendo, la belleza, la verdad y la bondad son cualidades del ser que forman un todo con Dios. Dios viene a ser literalmente la belleza ( y también la verdad, que igual es a lo que se refería Keats, no estoy segura). El género humano se esfuerza por poseer y comprender estas cualidades como una forma de acercarse a Dios y entender su naturaleza; por tanto, todo lo que sea bello nos conduce a una contemplación de lo divino. Como críticos, podemos discutir sobre lo que es o no es bello, porque solo somos humanos, y la voluntad de Dios no nos es perfectamente accesible, pero podemos estar todos de acuerdo en la importancia inigualable de la belleza en sí.
- [221] Dios nos hizo como somos, seres humanos complejos con impulsos y deseos, y los vínculos compasivos con personajes de pura ficción - de los que, como es evidente, no podemos esperar obtener ningún tipo de gratificación o ventaja material - son una forma de comprender tanto, las complejidades de la condición humana y, por tanto, las complejidades del amor de Dios por nosotros.Podría ir incluso más allá: Jesús, con su vida y su muerte, destacó la necesidad de amar a los demás sin atender a nuestro propio interés. En cierto modo, amar a personajes de ficción, sabiendo que nunca podrán correspondernos, ¿no es un método de practicar a pequeña escala el tipo de amor desinteresado al que nos invita Jesús? Quiero decir que la conexión emocional es una forma de deseo que tiene objeto pero no sujeto; una forma de desear sin desear; un desear para los otros, no lo que quiero para mí, sino cómo deseo para mí.
Supongo que adonde quiero ir a parar es que una vez te metes en la mentalidad cristiana, la diversión no tiene fin. Para ti y para mí es más complicado, porque no parece que podamos quitarnos de encima la convicción de que nada importa, de que la vida es arbitraria, de que nuestros sentimientos más sinceros son reducibles a reacciones químicas, y de que ninguna ley moral estructura el universo.
- [313] Quiero que todo sea como era antes, dijo Eileen. Y que tú y yo volvamos a ser jóvenes, y a vivir cerca la una de la otra, y que nada cambie.
Alice sonreía con tristeza.
Pero si las cosas cambian, ¿podemos seguir siendo amigas?,
preguntó.
Eileen le pasó un brazo por los hombros.
Si no fueses mi amiga, yo no sabría quién soy.
Alice apoyó la cara en el brazo de Eileen, y cerró los ojos.
No, dijo. Yo tampoco sabría quién soy. Y, de hecho, durante un tiempo no lo supe.
- [316] Me enseñó el tweet en la pantalla del móvil una noche sin decir nada, y cuando le pregunté qué le parecía, solo se encogió de hombros. Al principio pensé: un ejemplo perfecto de la "cultura libresca" superficial y petulante nuestra, en la que se margina a los no lectores como si fuesen moralmente inferiores, y en la que cuántos más libros lees, más por encima estás de todo el mundo. Pero luego pensé: no, lo que tenemos aquí en realidad es un ejemplo de cómo el pensamiento de una persona supuestamente cuerda y normal se ha visto perturbado por el concepto de celebridad. El ejemplo de alguien que cree con toda sinceridad que, como ha visto mi foto y ha leído mis novelas, me conoce personalmente, y de hecho sabe mejor que yo lo que me conviene en la vida. ¡Y le parece normal! Le parece normal, no solo tener estos pensamientos extraños en privado, sino expresarlos en público y recibir una reacción y atención positivas como resultado.No tiene ni idea de que, en este reducido aspecto, ésta es simple y literalmente loca, porque a su alrededor todo el mundo está loco de la misma manera exacta. No son capaces de distinguir entre alguien de quien han oído hablar y alguien a quien conocen en persona. Y creen que los sentimientos que tienen hacia esa que imaginan que soy yo - confianza, resentimiento, odio, lástima - son tan reales como los sentimientos que tienen hacia sus propios amigos.Esto me lleva a preguntarme si la cultura de los famosos no habrá metastatizado para llenar el vacío dejado por la religión. Como un tumor maligno que antes ocupaba lo sagrado.
- [323] Pero yo ya no soy eso, si es que alguna vez lo fui. Y la vida es más cambiante de lo que pensaba. Quiero decir que una vida puede ser desgraciada durante mucho tiempo y luego ser feliz. No es solo una cosa o la otra; no está anclada a un raíl llamado "personalidad" y tiene que seguir por ahí hasta el final. Pero yo antes creía que sí.
- [324] Ojalá supiese qué piensas de todo esto. Yo aún no me hago una idea de cómo será: qué sentiré; cómo pasarán los días, si continuaré teniendo ganas de escribir o si seré capaz, en qué se convertirá mi vida. Supongo que creo que tener un hijo es simplemente la cosa más normal que me imagino haciendo.Y quiero eso: demostrar que la cosa más normal en los seres humanos no es la violencia, ni la avaricia, sino el amor y el cuidado. Demostrárselo a quién, no sé . A mí misma, quizá. En fin: no lo sabe nadie más, y vamos a esperar unas cuantas semanas antes de anunciarlo, salvo a ti y a Felix. Se lo puedes contar si quieres, por supuesto, o Simon se lo puede decir por teléfono. Sé que no es la vida que imaginabas para mí, Alice: comprar una casa y tener un hijo con el chico con el que crecí.Tampoco es la vida que yo imaginaba para mí antes. Pero es la vida que tengo, la única. Y mientras te escribo este mensaje, soy muy feliz. Te quiero.


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