Caída Libre - Ali Hazelwood

 

Caída Libre - Ali Hazelwood
Caída Libre | Ali Hazelwood

Sinopsis 

Scarlett Vandermeer nada a contracorriente. Está cursando tercero en la Universidad de Stanford y su especialidad es el salto de trampolín. Prefiere pasar desapercibida para poder concentrarse en ingresar en la Facultad de Medicina y en recuperarse de la lesión que estuvo a punto de acabar con su carrera. No tiene tiempo para relaciones, o al menos eso es lo que se dice a sí misma.

Lukas Blomqvist, capitán de natación, campeón del mundo y el chico de oro de todo lo que tenga que ver con el agua, adora la disciplina. Gracias a su capacidad para centrarse plenamente en cada brazada, bate récords y gana medallas de oro. A primera vista, Lukas y Scarlett no tienen nada en común. Hasta que un secreto bien guardado sale a la luz y lo cambia todo.

Entonces llegan a un acuerdo. Y, a medida que se incrementa la tensión por la llegada de los Juegos Olímpicos, también aumenta la tensión entre ellos. Se suponía que lo suyo solo iba a ser algo sexual, temporal y mutuamente placentero. Sin embargo, al darse cuenta de que le es imposible mantenerse alejada de Lukas, Scarlett comprende que quizá su corazón se esté adentrando en aguas peligrosas...

Crítica

Caída libre es romance comercial en su forma más pura, diseñado para enganchar rápido y consumirse en un fin de semana. El problema es que Hazelwood sacrifica demasiado en el camino.

Scarlett tiene un arco de transformación que funciona. Su bloqueo físico opera como metáfora de su trauma emocional, y verla intentar reconstruirse tiene peso. Ahí la autora hace bien su trabajo. Pero Lukas es otra historia completamente distinta. Es un personaje plano que existe solo para apoyar a Scarlett. Tiene un trauma potente —la muerte de su madre durante una competencia— pero Hazelwood apenas lo desarrolla. No hay evolución propia, no hay conflicto interno real. Es el novio perfecto de apoyo, sin matices. Esta asimetría desequilibra toda la novela: Scarlett carga todo el peso narrativo mientras Lukas simplemente está ahí.

La relación entre ambos avanza a velocidad de rayo. No hay construcción real de intimidad emocional. El texto nos dice que están conectados, pero no nos muestra cómo llegaron ahí. La conexión se sostiene casi enteramente por química sexual, lo que hace que todo se sienta superficial. De un momento a otro ya están profundamente enamorados sin que quede claro por qué, más allá de la atracción física.

El tema del BDSM dejó expectantes a muchas lectoras por esa famosa lista de prácticas que los personajes supuestamente quieren explorar. La autora aclara que es "light" porque ambos son jóvenes y es su primera relación de este tipo, lo cual tiene sentido: no se puede esperar que lleguen al nivel de Cincuenta sombras de Grey. El problema no es tanto lo que hacen o dejan de hacer, sino que el libro se vende con ese gancho cuando la exploración es mínima. Termina sintiéndose más como estrategia de marketing que como elemento orgánico de la historia.

Pero lo más problemático de Caída libre es cómo trata la dependencia emocional. Hay pasajes que normalizan dinámicas relacionales poco saludables bajo la apariencia de amor profundo. Scarlett dice cosas como:

"Siento que soy un objeto creado para él. Por él. ¿Existía yo antes de que me follara por primera vez? No consigo recordarlo. ¿Existo cuando no estamos juntos? Solo soy un juguete. Su favorito. Irremplazable."

Y también:

"Él te pidió que lo hicieras, me recuerda una vocecita. Me pidió que acudiera a él cuando me desmoronara. Se le da muy bien recomponerme, remendar los agujeros como si fuera una camisa desgastada, cosiéndome para devolverme a mi forma original."

Esto no es romántico. Es dependencia emocional en su forma más pura: Scarlett literalmente dice que no existía antes de que Lukas la "follara", que es un objeto, un juguete. Que solo él puede "recomponerla" como si ella estuviera rota y necesitara que un hombre la arregle. Entiendo que la novela contextualiza esto dentro de una dinámica BDSM ligera entre personas inexpertas, pero el problema es que el texto nunca cuestiona estas afirmaciones. Las presenta como expresiones de amor intenso, no como señales de alerta.

Esto es especialmente delicado considerando que el público objetivo son chicas jóvenes que están formando su idea de lo que es el amor. Normalizar que una mujer sienta que no existe sin su pareja, que es un "objeto" creado para él, que necesita que la "recompongan"... es enviar un mensaje peligroso sobre las relaciones sanas.

El conflicto con Pen es otro tropiezo narrativo. Irónicamente, es gracias a Pen que Scarlett y Lukas empiezan a salir: Pen era la novia de toda la vida de Lukas, pero rompen porque a ella no le atrae el BDSM y quiere experimentar con otras relaciones. Es una ruptura madura, sin drama. Durante la mayor parte del libro, Pen y Scarlett se llevan bien como compañeras de equipo. Tienen una relación cordial, de apoyo mutuo.

Y entonces, de la nada, Pen se convierte en la villana. Sin justificación, sin desarrollo, solo para crear drama entre mujeres. Es el tropo más gastado del romance: las chicas no pueden llevarse bien, siempre tiene que haber rivalidad femenina. Lo peor es que Hazelwood ya había construido algo mejor —una relación positiva entre mujeres— y decidió destruirla. Este conflicto no aporta nada, es relleno forzado que solo sirve para estirar la trama unos capítulos más.

La nota final de Hazelwood resulta reveladora: este libro no era el que había prometido a su editorial. Lo escribió por impulso, por capricho personal, sin pensar en el contrato. La historia que debía entregar era otra completamente diferente. Pero su editora decidió publicarlo de todas formas. Eso explica mucho: las inconsistencias, los elementos que prometen pero no se desarrollan (como la lista de BDSM), los conflictos forzados, el desequilibrio entre personajes. No es un libro cuidadosamente estructurado. Es un manuscrito impulsivo que se publicó porque el nombre de Hazelwood vende, no porque fuera especialmente bueno. Caída libre es más producto editorial que obra literaria, y eso se nota en cada página.

En conclusión Caída libre entretiene si buscas romance ligero, pero se queda en lo superficial. La confesión de Hazelwood lo explica: este libro no era el proyecto acordado, sino un capricho publicado porque su nombre vende. Las inconsistencias, los personajes desequilibrados y los mensajes preocupantes sobre dependencia emocional lo convierten en entretenimiento desechable. Si buscas algo más sustancial, mejor busca en otra parte.





Frases

- Se sentó conmigo para recordarme que un par de entradas escandalosas en el agua no me convertían en mala saltadora, que a veces tenemos demasiadas cosas en la cabeza y que ella había pasado por lo mismo: había experimentado aquel torbellino de pensamientos sobre la plataforma,  cuando parece que estás en la cuerda floja y eres incapaz de confiar en tu cuerpo. El momento en el que pierdes la concentración, el pánico se apodera de ti y la cagas antes incluso de empezar.

No hay una forma correcta o incorrecta de existir. La vida real no viene con manual de instrucciones.

- Los celos nacen más de la inseguridad que del amor.

Las circunstancias perfectas. Hay que recrearlas para ganar.

Probablemente pensaban que yo no era más que otra deportista con complejo de superioridad, y puede que estuviesen en lo cierto. En aquel momento,  me sentía invencible, como si mi única obligación fuera cosechar los frutos de mi esfuerzo. 

Sentía que tenía el control, una armadura de wolframio,  y que la gente se burlaba de mi dedicación al deporte o a los estudios o a rendir al máximo nunca iba a traspasar a mis defensas.

Pero esas defensas hace mucho que desaparecieron, arrasadas por el tiempo, las lesiones y la dolorosa constatación de que merecer y conseguir son dos cosas completamente distintas.

- ¿De verdad te cuesta creer que pensara que estabas falta de caricias?
No puedo respirar.
- ¿Cómo lo supiste?
- No tengo ni idea, pero cuando te miro, siento que te conozco, que te entiendo. Y cuanto más te entiendo. Y cuanto más te observo, más veo lo duro que trabajas. Veo que te esforzabas tanto porque valía la pena, hasta que dejó de hacerlo. Veo lo poco que te gusta el caos. Veo que quieres tener el control en todos los aspectos de tu vida y, sin embargo, te desmoronas con facilidad.

- Lamento que hagas este calor de mil demonios justo ahora que estás de visita - le digo a Jan.
- Ah, no te preocupes. Somos suecos. Para nosotros no existe el concepto de mal tiempo...
- ... solo el de no llevar la ropa adecuada - terminan a la vez él y Lukas.

Así es él. Necesita sentir que tiene el control. Pero a mí me parece una tontería. Somos humanos, no tenemos el control de nada. La capacidad de autodeterminación es un mito.

(...) - ¿Y, entonces, de qué tienes miedo?
Me agarro al suave extremo del reposabrazos.
- De lo imprevisible de la existencia. De no ser capaz de controlar el rumbo de mi vida. De que por mucho que planee las cosas, no podré evitar situaciones tristes o dolorosas. Pero sobre todo...- Tomo una profunda bocanada de aire y me río con suavidad, porque lo que estoy a punto de decir es absurdo, incluso si es verdad. Incluso si se trata de mí- Sobre todo, tengo miedo de intentar hacer algo y que no me salga perfecto.

- Tener autoestima no implica poder hacer esto o lo otro, Vandy. Tener autoestima es ser capaz de plantarse ahí e intentarlo, y no rendirse porque en el fondo sabes quién eres y lo que vas a lograr.

Tiene razón. Por eso nos gustan las cosas que nos gustan y no sentimos atraídos por el otro. El orden. Los acuerdos y negociaciones. Lo previsible.

Me dejarías hacerte cualquier cosa ¿verdad? Hasta ese punto confías en mí. Así de perfecta eres.

Es Lukas quien es perfecto. Quien sabe cómo poner a prueba mis límites sin cruzarlos en ningún momento. Hacerme el daño justo para que resulte placentero.

Cariño, estoy aquí para recogerte- susurra- Para follarte y romperte en mil pedacitos y luego volverte a recomponer. No necesitas que lo haga, pero lo deseas, ¿verdad? Quieres que vuelva a unir los pedazos.

¿De qué tienes miedo, Scarlett?
- Su mirada refleja... tristeza, tal vez. No lo tengo claro. Un rastro de emoción le arruga las comisuras de los ojos.
- De todo.
Suelta un largo suspiro.
- A la hora de la verdad, eres una valiente. Intenta recordarlo, ¿vale?

Oigo la voz de Sam en mi cabeza, que me recuerda: El cerebro no es un músculo, pero a veces, puede usarse como tal. Entrénalo para competir igual que harías con cualquier otra parte del cuerpo.

Hay preguntas que no necesitan ser resueltas, sino disueltas.

El único tiempo perdido es el que pasamos separados.

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