Mirarse de frente - Vivian Gornik
Mirarse de frente |
Vivian Gornik
Sinopsis
Como ya hiciera en Apegos feroces y La mujer singular y la ciudad, Vivian Gornick vuelve a mostrar, en las irresistibles viñetas que componen Mirarse de frente, su inigualable talento para aunar el recuento de sus propias vivencias y la reflexión, con esa mezcla de ingenio, frescura y sabiduría que ha hecho de ella una autora ya insustituible para tantos y tantos lectores.
En este nuevo libro, Gornick convierte el recuerdo de su experiencia como camarera en los Catskills no sólo en una agridulce aproximación al deseo juvenil y los trabajos veraniegos, sino en una indeleble toma de contacto con las desigualdades de clase y de género. Su periplo como profesora visitante por varias universidades estadounidenses le sirve para trazar una maravillosa y tragicómica radiografía del paisaje académico como suplicio para el espíritu: comunidades aisladas, con sus ritos y rencillas, con su peculiar dinámica de soledad y sociabilidad, donde el alma se enmohece rodeada de seres sólo en apariencia afines. Ya sea para hablarnos de su relación con la ciudad, de su evolución como feminista o para meditar sobre los recónditos motivos por los que una antigua amiga suya, pese a ser admirada y amada por muchos, evadía sistemáticamente cualquier atisbo de intimidad, Gornick vuelve a ofrecernos la singular mirada –valiente y feroz, empática y siempre de frente– con la que encara el mundo.
Crítica
Frases
- La idea de que los hombres, por naturaleza, se toman en serio sus cerebros, mientras que las mujeres, por naturaleza, no, es una creencia, no una realidad; esta idea está al servicio de la cultura imperante; y nuestras vidas parte de esa base.
- En cuanto fuera dueña de mí misma, sería dueña de todo.
- El poder sobre la vida propia solo llega a través del control estable del pensamiento propio.
- Otros me hicieron esclavo pero tengo que sacarme al esclavo que llevo dentro, gota a gota.
- No era el "trabajo" lo que me salvaría sino el penoso esfuerzo diario.
- Todo el que se ha molestado alguna vez en indagar en la naturaleza de la soledad humana ha entendido que solo la mente trabajadora de uno mismo quiebra la soledad del ser.
- La esclavitud del alma es una especie de amnesia: no puedes aferrarte a lo que sabes; si no puedes aferrarte a lo que sabes, no puedes asimilar tus propias vivencias; si no asimilas las vivencias, no hay cambio. Sin cambio, la conexión con una misma perece. Y como eso es insoportable, la vida es una infinitud de recordar lo que ya sé.
- (...) Lo único que tenía que hacer era mirar al frente, mantener el pico cerrado y el equilibrio intacto. La vida, reflexioné, da igual su tamaño o su composición, depende de caminar por lo recto y estrecho del momento.
- Era un mundo basado en el hambre ciega: era todo una cuestión de ceguera. Permanecer ignorante conllevaba un gran esfuerzo. A los que no lo conseguíamos nos metían en cuarentena. Los que sí lo conseguíamos exigíamos continuamente la humillación de alguien.
- Gracias a la originalidad del símil de Rhoda, los lectores comprendían que en el aparato de la autoridad estaban entretejidos el deseo de crecer y, a la vez, el rechazo a crecer; el anhelo por ocupar el lugar que te corresponde en el mundo y, a la vez, el rencor por tener que ocupar el lugar que te corresponde en el mundo; la avidez por construirse a una misma y, a la vez, el odio por tener que construirse a una misma. La historia de la autoridad estaba emponzoñada con las corrupciones de la infancia prolongada: igual que en la vida de cualquier mujer. Era un relato de división interna de principio a fin: amargo, profundo y contado con un regusto metálico en la boca.
- Cocinar era una forma de crear arte y dar amor.
- Era una noche fresca y luminosa, de una tersura que te partía el alma. Y entonces me volví. Vi su cara en la luz de poniente. Estaba plantada al borde del agua mirando el horizonte. Tras ella, la gente, por delante, el mundo natural. La expresión de su cara era de un alivio intenso. La intensidad fue la clave, lo que me hizo pensar de pronto: sufre de soledad, y no es que ame la naturaleza, es que la naturaleza la ayuda a olvidarse de lo sola que está cuando está con gente.
Lo comprendí entonces: no era que yo no le cayera bien, le caía muy bien, pero daba igual lo bien que le cayera yo o cualquier otra persona; ni lo que hablara conmigo o con quien fuese. Pronto, muy pronto, volvería a sentirse sola: vaciada. No conocía a nadie que pudiera llenarla. Aunque nos devorara a todos a la vez, seguiría teniendo hambre. Necesitaba repuestos de continuo. Y habría repuestos más talentosos, más interesantes o entretenidos que otros, pero todos seríamos sustituidos al final. Ninguna podía cumplir la tarea por la que se nos había convocado allí.
- Yo era la única que insistía en que era presa de una rabia perenne. En realidad la depresión es rabia, decía y seguí diciéndolo.
- - No me gusta la energía masculina- dijo pensativa Rhoda con la vista puesta en la cocina - Demasiado fuerte, demasiado atrevida, demasiado directa. Los gestos, los movimientos, todo el repertorio. Demasiado limitado. No como con las mujeres. No hay matices ni modulación. No me atrae. Y luego a veces es agobiante - Se detuvo de pronto como si hubiera llegado a un pensamiento que no pudiera completar. Se quedó mirando hacia una media distancia en penumbra de su mente. Después se levantó de la silla, sacudió la cabeza, se pasó la mano por el pelo alborotado y rio - Cuando era joven- le dijo a Andrea -, los hombres eran siempre el primer plato, ahora no son más que el aliño. Mi consejo es que llegues a ese punto cuanto antes, la vida se te hará mucho más llevadera.
(...) Lo que quiere es que Andrea concluya que los hombres significan muy poco o nada para ella, pero yo sé que no es así. Aunque, ¿qué significan entonces? Yo sabía que, cuando hablaba del amor como primer plato, estaba recordando una época en la que se sentía sedienta de hombres que se negaban a acatar sus condiciones; en realidad, cuando hablaba de amor como aliño, hablaba de hacer que de un hombre al que ella no necesitaba la necesitase.
- En la amistad como en el amor, la paz es tan necesaria como la emoción. Si ambas cosas no están en la ecuación, el injerto no prospera. La conexión no pasa de ser una cuestión del momento, por lo demás imprevisible. Sin una conexión estable, la amistad no tiene futuro. En Nueva York todo lo que no tiene futuro se lanza al instante de vuelta al torrente de lo que distrae.
- La buena conversación depende de un engarce entre mente y espíritu tan sencillo como misterioso que, por lo demás, no se logra, sucede sin más. No es una cuestión de intereses mutuos, conciencia de clase o ideales compartidos, es una cuestión de talante; lo que hace que alguien responda como por instinto con un sensible "sé a lo que te refieres" en lugar de con un desafiante " ¿a qué te refieres con eso?". Cuando se dan dos talantes iguales, muy rara vez perderá la conversación de su flujo libre y despreocupado. Cuando no coinciden, hay que andar siempre con pies de plomo. Los talantes iguales funcionan de forma parecida a un conjunto de engranajes. No es una idea compleja pero el acoplamiento ha de ser perfecto. No aproximado, perfecto. De lo contrario los engranajes se niegan a girar.
- El lenguaje expresivo ha dejado de ser moneda corriente; la gente habla para transmitir información, no para conectar.
- "El escritor tiene que dejarse la piel, tiene que abrirse al dolor, al sufrimiento. El lector debe sentir ese dejarse la piel tan crucial.Y luego de pronto dejaba a un lado la retórica y anunciaba en una voz de una autoridad categórica: " La buena escritura se caracteriza por dos cosas: está viva en la página y el lector se convence de que el autor está en pleno viaje de descubrimiento".
- Todos sabemos que solo somos interesantes hasta cierto punto, aunque, en realidad, no lo sabemos, y para nuestros adentros creemos que no es así. Enfrentarte a diario a la sospecha de que tal vez en realidad no seas nada pero que nada interesante es un brete que da miedo intentar salvar. Al principio piensas: "Es cosa de ellos, no puedo ser yo". Luego piensas: " No, no son ellos, es cosa mía". Llegar al tercer pensamiento "No son ellos, ni soy yo, somos todos juntos" exige su dedicación.
- Si supieran quiénes son y dónde están, aceptarían con más serenidad las cosas como les vienen, y llevarían una vida infinitamente más alegre. Pero el caso es que viven en un estado de continua preocupación y angustia porque esto no es lo que esperan. lo que esperaban es " una vida del intelecto"... Nadie se para a pensar estas cosas cuando se lanzan a ser titulares...Llegan todos a la universidad con la fantasía de tener unos talentos intelectuales que esperan haber alimentado bien. Pero resulta que la mayoría no son ni pensadores ni eruditos, sino profesores muy trabajadores, solo eso. Y, por lo visto, esas es una realidad que cuesta mucho aceptar. Tienen la sensación de que se les niega el reconocimiento de su valía inherente, que se lo niega toda esa gente desagradable e inferior que los rodea. Sabina Morris se pasará el resto de sus días reconcomiéndose viva por la injusticia de su existencia y odiando pero odiando con ganas, a los alumnos, a su jefe de departamento, al vicerrector y al rector. Es todo culpa de ellos.
- El matrimonio promete intimidad; cuando no consigue proporcionarla, el vínculo se destruye.
La comunidad promete amistad; cuando no consigue proporcionarla, la empresa se disuelve.
La vida del intelecto promete conversación; cuando no consigue proporcionarla, sus discípulos se vuelven excéntricos.
En realidad es más fácil estar sola que estar en presencia de lo que suscita una necesidad pero no consigue atenderla, puesto que entonces estamos en presencia de una ausencia y eso, no sé por qué, no debe consentirse. La ausencia nos recuerda, del peor de los modos posibles, que en realidad estamos solos: suprime la fantasía, ahoga toda esperanza. La viveza que tenemos de partida se ve oprimida. Nos desmoralizamos y nos volvemos inertes. El estado inerte es un tipo de silencio. El silencio se vuelve vació. Nadie puede vivir realmente con un vacío así. La presión es terrible, insoportable, de hecho: no se debe consentir. O te parte el alma o te vuelve inmune. Volverse inmune es dejarse llevar por el desconsuelo.
- Fue el matrimonio lo que me enseñó que la angustia se parece a la entrega, y que la soledad es la condición humana que menos se presta al análisis fácil.
- La soledad, cuando llega, llega - ahora y siempre- como la arremetida de una enfermedad física.
- Escribí un controvertido artículo titulado " Contra el matrimonio" en el que argumentaba que, cuando nos casamos, lo hacemos no para vivir una aventura de descubrimiento personal o compartir una vida interior, sino por un solaz emocional que era primitivo. El solaz trae consigo el aislamiento, una relación poco profesional con la soledad, y crudas preguntas sobre el yo interior que se quedan años y años sin formular. El miedo a la soledad era el meollo de la cuestión, decía en aquellas páginas; para blindarse ante un miedo, hay que avanzar hacia él, vivir con él, encararlo. Vivir sin amor o intimidad en el hogar era de hecho estar medio viva, reconocía en mi generosidad, pero, concluía, lo que queremos ahora es ser reales para nosotras mismas. El mito de que " y los dos serán un solo ser" ha dejado de ser válido. Lo que ha de ocupar nuestras vidas es vivir conscientemente. Si no es posible congraciarse con la soledad, al menos podemos aprender que no es letal. Esa constatación se convierte en una fuerza, una aliada, un arma.
- Vivir sola es plantarle cara a la soledad.
- Una vida sometida a la depresión diaria está condenada a la mediocridad.
- La soledad era la evaporación de la vida interior. Soledad era yo seccionada de mí misma. La soledad era la cosa que nada podía curar.
- Un mundo donde las cartas se recibían con avidez y se entregaban con fidelidad; donde el teléfono era un medio de comunicación costoso y bárbaro [...] y se confiaba en las cartas [...] para combatir los padecimientos de la existencia diaria. Bayley nos recordaba lo que dijo Auden "Anhelar ciertas cartas es ser plenamente humano, así como admitir una humanidad en común."
- La expresividad reside en la escritura y esa, al fin y al cabo, es la función de la carta: comunicarse expresivamente. En nuestros días escribir una carta es una decisión, mientras que cuando yo era pequeña era una forma de vida.
- No, me respondí.No me bastaba.Una cosa es trasmitir y otra narrar: comparables pero no intercambiables. Escoger entre una y otra es como escoger entre el trabajo y el amor: sea como sea, es media vida. Fue entonces cuando comprendí lo que había en juego en el asunto de la carta o la llamada.
La conversación telefónica es, por su propia naturaleza, reactiva, no reflexiva. La inmediatez es su virtud primordial. La inmediatez suscita compañía rápida, estimulación instantánea; la estimulación es catártica; la catarsis hace que la angustia remita; vierte al espacio abierto la clase de pensamientos que genera la reacción eléctrica. La carta, escrita en una soledad ensimismada, es un acto de fe; asume la presencia de otro ser humano; el mundo y el ser se generan desde dentro; la soledad se busca, no se teme. Escribir una carta es estar a solas con mis pensamientos ante la presencia evocada de otra persona. Me hago compañía imaginaría a mí misma. Ocupo la habitación vacía. Conjuro yo sola el silencio.
- A solas a medianoche, con su tinta, su pluma y su papel, solo alcanzaba la alegría de la frase moldeada. Esa alegría lo llevaba donde la conversación no podía, le hacía meterse a presión en sitios de su ser que solo visitaba de esa manera. Las cartas son una prueba escrita de su anhelo por buscarles el sentido a las cosas, por penetrar su propio caos, descubrir lo que sentía a través de lo que estaba escribiendo. Otro tipo de búsqueda interior; un viaje fuera de los mapas. La transmisión es un conjunto de señales conectadas que se envían hacia la superficie que se quiere explorar. La narración es una vereda abierta por en medio de la naturaleza salvaje. Ambas cosas son deseables en la vida; por sí solas suscitan una insuficiencia vital. Cuando sustituimos lo uno por lo otro conlleva un coste elevado, pero siempre parecemos vivir en un mundo que nos dice que tener ambas cosas no es rentable, que con una u otra podemos arreglarnos.
- << Tenemos que aceptar la vida ( la sociedad y las relaciones humanas) más o menos como nos toca - escribió Wilson - Lo único que realmente podemos hacer es nuestro trabajo. Y una vez hecho, el trabajo deliberado de la mente, la imaginación y la mano, pese a todo, como decía Nietzche, rehace a la larga el mundo.>> A la inversa, el trabajo que no se hace - rehuida la deliberación- es también un hacer mundo. Cada vez que las ganas de escribir una carta mueren nonatas en mí, estoy haciendo el mundo contra el que despotrico. Dejo en la estacada al impulso narrativo. Dejo que prevalezca el ruido.
La aspiración noble no está en escribir cartas. La aspiración noble está en no perder la expresión en toda su extensión.
- Comprendí lo que a menudo que la calle se convierte para mí en una composición: el fogonazo de experiencia que extraigo una y otra vez de la corriente infinita de acontecimientos. La calle hace por mí lo que no puedo hacer por mi cuenta. En la calle nadie es espectador, todo el mundo actúa.
- Hay dos categorías de amistades: aquellas en que las personas se animan entre sí y aquellas en que hay que animar a las personas para quedar. En la primera categoría despejas todo para quedar. En la segunda buscas un hueco en la agenda.
- Estar receptiva es sentirse expresiva. Valoro la expresividad por encima de todas las cosas.
- La mayoría nos pasamos la vida librando una batalla interna que nunca se gana, en una guerra a la que solo la muerte pone fin. Aunque, eso sí, en cada vida predomina un elemento distinto.
- Comprendo con un sobresalto que estoy escribiendo la historia del día, brindándoles forma y textura a las horas que acabo de dejar atrás. Ahora toda esa gente con la que me he rozado hoy en mi paseo está conmigo en la habitación. Se han convertido en mi compañía, una gran compañía.Esta noche prefiero estar aquí con ellos que con cualquiera de mis conocidos. Me devuelven el impulso narrativo. Me permiten verle el sentido a las cosas. Me recuerdan que cuente la historia que no consigo que mi vida cuente.



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