El misterio de la guía de ferrocarriles - Agatha Christie
El misterio de la guía de ferrocarriles - Agatha Christie
Sinopsis
Cuando Hércules Poirot recibe una carta que lo desafía a solucionar un crimen inminente, cree que se trata sólo de una broma de mal gusto. Pero, aun así, su intuición le hace temer lo peor... Y no se equivoca: Alice Ascher, una cantinera de Andover, es asesinada el día anunciado en la misiva. Después de ella, el misterioso asesino amenaza a una segunda víctima, esta vez en Bexhill. Y luego, a una tercera, en Churston. Parece que las víctimas no guardan relación entre sí y que el diabólico criminal, que firma como A.B.C, las elige siguiendo un riguroso orden alfabético. El mejor detective de la historia está decidido a evitar que el misterioso asesino complete el abecedario...
Crítica
Hay libros que una quiere amar por pura afinidad emocional. El misterio de la guía de ferrocarriles era uno de esos para mí. No solo porque Agatha Christie es, como figura, fascinante —una mujer llena de claroscuros, silencios estratégicos y una imaginación afiladísima— sino porque, además, compartimos algo profundamente humano: el poco interés en lavar los platos. Ella misma confesó que muchas de sus mejores ideas surgieron en ese momento doméstico y repetitivo. Y no puedo evitar pensar que este crimen, con horarios, trenes y coartadas imposibles, nació entre espuma y tedio.
Dicho eso… no fue amor.
Fue, como mucho, una relación cordial.
La novela tiene todos los ingredientes del Christie clásico: un asesinato, un rompecabezas temporal, pistas dispersas y una estructura milimétrica. Sin embargo, esta vez el mecanismo se siente más admirable que emocionante. Hercule Poirot —a quien respeto más de lo que quiero— nunca terminó de ganarse mi afecto. Curiosamente, disfruto mucho la serie y sus adaptaciones, pero en la página escrita me resulta distante, excesivamente seguro de sí mismo, casi hermético. Lo observo, lo escucho… pero no conecto con él.
Y aquí entra otro punto clave: la saturación de personajes. Christie puebla el relato con tantos sospechosos, nombres, horarios y trayectorias que el lector no juega realmente a adivinar al asesino, sino a no perderse en el mapa. Para algunos críticos —como Julian Symons— esta es una de las novelas más “ingenieriles” de Christie, donde la brillantez del truco supera a la profundidad emocional. Coincido. El misterio funciona, sí, pero más como un ejercicio intelectual que como una experiencia absorbente.
Otros lectores y estudiosos han señalado que esta novela marca una etapa temprana de Poirot, donde aún no hay demasiada introspección ni calidez, y eso se nota. Todo está al servicio del enigma. El crimen importa más que las personas, y quizá por eso nunca sentí el deseo genuino de descubrir quién fue el asesino, sino simplemente cómo se resolvía el artificio.
Escucharla en audiolibro fue, curiosamente, una experiencia más amable que leerla: la cadencia, las voces y el ritmo ayudan a sostener una historia que, en papel, puede sentirse fría o excesivamente técnica.
En resumen, El misterio de la guía de ferrocarriles es una novela inteligente, bien construida y representativa del talento de Agatha Christie, pero también distante. La admiro más de lo que la disfruto. Le doy 3 estrellas porque reconozco su precisión, su ingenio y su lugar en la historia del policial, aunque no haya logrado que Poirot y yo seamos amigos… ni cómplices.
Quizás, como los platos, hay misterios que se resuelven mejor por obligación que por amor.
Frases
-[5] Me gustaría decir que si he descrito muy a grandes rasgos algunas de las relaciones personales y secundarias que se derivaron de esta extraña serie de crímenes, se debe a que el elemento personal y humano no puede ser ignorado nunca. El mismo Poirot, me enseñó, de un modo en cierta forma dramático, que el romanticismo puede ser un subproducto del crimen.
-[12] - Un loco, mon am, es un ser al que hay que tomarse muy en serio. Un loco es alguien muy peligroso.
-[80] - Mademoiselle- alegó Poirot -, lo que usted no sabe y lo que yo ignoro llenaría con toda seguridad un libro. Pero eso no tiene la menor importancia. Lo que importa es eso que no podemos encontrar tan fácilmente.
- ¿Y qué es?
- La muerte, mademoiselle, por desgracia provoca un prejuicio a favor del muerto. He oído lo que acaba de decir a mi amigo Hastings. Una joven muy decente, sin amistades masculinas de ninguna clase. Estas palabras pronunció usted burlándose de los diarios. Tiene usted razón, cuando una joven muere es lo que se dice de ella. Era alegre.Era feliz. Tenía buen carácter. Ninguna preocupación pesaba sobre ella. Carecía de amistades indeseables. Hay siempre una gran caridad para las muertos.¿Sabe usted lo que me gustaría en este momento? Desearía encontrar a alguien que conociera a Elizabeth Barnard y no supiese que está muerta. Entonces quizá escucharía algo útil: la verdad.
-[108] - Debería ser más fácil descubrirlo porque el asesino está loco. Un crimen cometido por una persona inteligente y sana sería más complicado.Si pudiéramos captar la idea que tiene detrás... Eso del orden alfabético desentona en algunos puntos. Si pudiera encontrar esa idea, todo aparecería claro y sencillo.
-[127] - Si Hastings. Estoy seguro de que habrá otro crimen. Hay que confiar un poco en la chance. Hasta ahora nuestro inconnu ha tenido suerte. Esta vez la suerte puede volverse contra él. Sea como fuere, después del próximo crimen estaremos mejor informados. Un asesinato es algo terriblemente revelador.Por más esfuerzos que haga por varias los métodos, gustos y costumbres, el modo de comportarse de un criminal revela su personalidad a través de sus acciones. A veces aparecen pistas confusas, puede parecer que incluso hay dos cerebros detrás del delito, pero al fin el esquema se ve claro, y yo lo sabré todo.
- ¿Sabrá quién es?
- No, Hastings, no sabré su nombre y dirección.Sabré qué clase de hombre es.
-[137] - Las palabras, mademoiselle, son el vestido de los pensamientos.
- Yo creo que lo que ha dicho monsieur Poirot es muy sensato, señorita - intervino Mary Drower- Muchas veces, cuando se habla de asuntos que no parecen claros, de pronto se descubre un camino abierto. El cerebro encierra muchas cosas que uno no sospecha, y estas salen cuando se habla.
-[146] -Sí. Cantar es algo peligroso. Revela lo que piensa nuestro subconsciente.
-[224] - Luego hablaremos.¡Le aseguro, Hastings, que para aquel que tiene algo que esconder nada hay tan peligroso como una conversación! La conversación, como me dijo una vez un sabio francés, es un invento del hombre para impedir pensar. Es también un medio infalible para descubrir lo que se desea ocultar. Un ser humano, Hastings, no puede resistir la posibilidad que le ofrece la conversación de revelar y expresar su personalidad.
- ¿Qué espera que le diga Cust?
Hércules Poirot sonrió.
- ¡Una mentira! ¡ Y gracias a ella hallaré la verdad!
-[241] - Sí, pero desde un principió cometí un error. Permití que mi sensación, mi fuerte sensación acerca de la carta se convirtiese en una mera impresión. La traté como si hubiese sido una intuición. En una mente que razona y bien equilibrada no existen simples intuiciones, ¡las suposiciones inspiradas! Se puede imaginar algo, de acuerdo, y la suposición puede ser exacta o errónea. Si es exacta, se llama intuición. Si es errónea, lo mas probable es que jamás vuelva a hablarse de ella. Pero lo que a menudo se llama intuición es, en realidad, experiencia.



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