Sanditon - Jane Austen

 

Sanditon - Jane Austen
Sanditon | 
Jane Austen

Sinopsis

En los albores del siglo XIX, viajamos de la mano de Jane Austen a Sanditon, una localidad costera decidida a convertirse en el reclamo turístico del momento: un balneario excepcional para recibir a la más alta sociedad, un lugar de recreo y sanatorio gracias a las virtudes del mar. Allí, asistiremos a la pugna de sus personajes por lograr ubicar Sanditon en el mapa.

En pleno cambio social, la autora, sagaz observadora, desenfunda el sable de su afilada ironía y retrata a una comunidad excéntrica, dividida entre personajes pretenciosos y arrogantes.

Sanditon es su última e inconclusa novela y un regalo póstumo para sus lectores.

Crítica 

Como lectora —y como amante de Jane Austen a la que siempre le gusta volver— acercarme a Sanditon en el año en que se conmemoran los 250 años del nacimiento de la autora fue una experiencia especial. No solo por lo que representa esta obra inconclusa, sino por todo lo que deja entrever de una Austen que aún tenía mucho que decir cuando la enfermedad la obligó a detenerse.

Aunque Sanditon quedó inacabada, no se siente como un simple boceto. Al contrario, revela a una autora en plena evolución, que ya no se centra únicamente en los grandes terratenientes o en las herencias como motor del destino, sino que abre la mirada hacia un mundo en cambio, donde aparecen las inversiones, el desarrollo urbano, el turismo y los trabajadores. Sanditon, ese proyecto de balneario moderno, funciona casi como un reflejo de una sociedad que comenzaba a reorganizarse alrededor del dinero, el progreso y la promesa de bienestar.

Lo que más nos impresionó fue la lucidez con la que Austen observa su tiempo, incluso cuando ya estaba gravemente enferma. A pesar de su estado, la chispa de su pluma sigue ahí: la ironía sutil, el humor elegante y esa capacidad tan suya de retratar las contradicciones humanas sin caer en el juicio directo.

La enfermedad atraviesa la novela de una forma muy presente. En Sanditon aparecen personajes hipocondríacos, obsesionados con su salud, pero también otros que fingen estar enfermos para evadir responsabilidades o compromisos incómodos. Austen retrata estas actitudes con una ironía fina, dejando claro que no toda fragilidad es genuina y que, en muchos casos, la enfermedad se convierte en excusa o en refugio moral. Este tema cobra aún más peso si recordamos que la autora escribía rodeada de dolencia: la de su madre y la suya propia, que decidió ocultar con una discreción casi dolorosa.

De esta edición de Alma nos gustó especialmente la introducción, que ayuda a comprender mejor el contexto de la obra y el momento vital en el que fue escrita. Es una lectura previa que prepara y acompaña muy bien al lector. Las ilustraciones son bonitas y delicadas, aunque algo contenidas: al estar realizadas a dos colores, nos quedamos con ganas de ver una propuesta más arriesgada o más cercana a la paleta cromática de la portada, que nos gustó mucho. Aun así, creemos que el amarillo es una elección acertada, ya que evoca el verano, la luz y la playa, elementos muy presentes en el escenario de la historia.

Nuestra valoración es de 4 estrellas.

No porque Sanditon no tenga fuerza, sino porque se me hizo corta. La historia termina de forma abrupta, justo cuando comenzaba a ponerse realmente interesante, algo comprensible si tenemos en cuenta que la novela quedó inconclusa por la muerte de Jane Austen. Me quedé con tramas apenas esbozadas y con esa pregunta tan propia de Austen flotando en el aire: Quién terminaría con quién?

Leer Sanditon es aceptar ese vacío y completarlo con la imaginación. Tal vez ahí resida parte de su encanto y también de su melancolía: en ser el último testimonio de una autora que no se repetía, que estaba cambiando, y cuya voz se apagó cuando todavía tenía mucho por contar.




Sanditon - Jane Austen



Frases

- [8] A pesar de la sombra mórbida que planea sobre Sanditon, Austen no construye un relato quejumbroso ni doliente ni oscuro, sino todo lo contrario; desenfunda el sable de su afilada ironía y una comicidad con las que parece retrotraerse a la atmósfera de sus primeros trabajos. Tres de los personajes son hipocondríacos de manual: Diana, Susan y Arthur Parker, hermanos del promotor urbanístico. Arthur, el pequeño, es en realidad un vago redomado y comilón: Charlotte no puedo menos que sospechar que él había adoptado esa forma de vida principalmente para complacer su propio temperamento indolente, y que esta decidido a no padecer ninguna enfermedad más que las que precisaban de estancias cálidas y una buena alimentación.... Por el contrario, Diana y Susan Parker, más endebles físicamente en apariencia, están atravesadas por una energía nerviosa que no saben dónde depositar - ahora reposan derrengadas sobre una chaise longe, pero enseguida repechan una ladera a buen paso- , y sin quehaceres ni renta holgada parecía que las hermanas se vieran empujadas a disipar las suyas inventando extrañas afecciones. Un cuarto personaje, la señorita Lambe, una joven mulata procedente de las Antillas, enfermiza, delicada y friolera, toma píldoras vigorizantes y vive bajo el constante cuidado de un doctor con mucha experiencia.

- [11] Austen es la hija de Shakespeare: sus heroínas desafían las contingencias de la historia y sus heroínas se cuentan entre las muy escasas imágenes de libertad interior.

- [27] Estaba convencido de que nadie podía encontrarse verdaderamente bien,  absolutamente nadie podía gozar de un estado de buena salud permanente ( por muy buena apariencia que tuviera en ese momento gracias al ejercicio y el buen ánimo) sin pasar por lo menos seis semanas junto  al mar cada año. La unión de la brisa marina y los baños de mar era prácticamente infalible, pues uno u otro servían  para curar cualquier enfermedad estomacal,  de los pulmones o la sangre. Tenían propiedades antiespasmódicas, antipulmonarias, antisépticas, antibiliosas y antirreumáticas. Nadie podría resfriarse estando junto al mar;  a nadie le faltaba el apetito allí; a nadie se le ensombrecía el ánimo; a nadie le flaqueaban las fuerzas. La brisa del mar era curativa, relajante, tonificante y vigorizante, según hiciera  falta en cada caso, bien lo uno o lo otro. Cuando la brisa marina no era la solución, un baño en el mar lo arreglaba; y cuando los baños no eran el remedio más adecuado, no había duda que la naturaleza prescribía la brisa marina como cura.


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