Pizzería Vesubio - Walter Risso


Hay autores que en cierta parte de nuestra vida aseguramos: "jamás" vamos a leer algo escrito por ellos, ya sea porque están atados a un tipo de literatura la cual odiamos o no nos sentimos identificados o por el simple hecho de tener x o y argumento del cual luego olvidamos; algo parecido sucede con el caso del afamado y reconocido escritor Walter Riso, cuyos libros indudablemente siempre encontramos en la parte de literatura de autoayuda  en cualquier biblioteca municipal, y seamos sinceros siempre he huido por considerarla "basura" debido a que se aferran como sanguijuelas a la psicología barata de la que ya he tenido bastante en mi época escolar.

Dejando de lado la crítica a este nefasto género cuyo aporte deja bastante que desear, nos centramos en el libro Pizzería Vesubio, un libro que a las clara atrae por su nombre y la portada ilustrada bastante en consonancia con los libros publicados hoy en día, es decir con colores vivos y un muy buen párrafo introductorio en la tapa posterior que te deja a medias y quieres devorarlos en un santiamén para ver cuál  es el meollo del asunto, y claro divertirte de paso de lo lindo con los hermosos paisajes y una muy apetitosa historia que te puede dejar saciado, como también puede que no. 

He de decir que la historia en un principio me atrapó, no solo por sus personajes sino por el mensaje en sí, pues ¿Quién no ha sido un emigrante hasta en su propio país? En estos tiempos convulsos en los que los jóvenes cada vez están más expuestos a salir de sus pueblos, ciudades e incluso países para poder forjarse un mejor futuro que en sus lugares de orígenes, algunos se han puesto en los zapatos de Salvatore o Andrea quienes son inmigrantes de segunda generación en este caso, y quienes han crecido en un hogar itinerante, pues a pesar de poseer unas raíces propias que se niegan a morir son propensas a mezclarse con ese entorno que les da la bienvenida.

Otro punto a su favor es las ciudades en las que se desarrolla la historia, Buenos Aires es una ciudad que tiene un lugar especial en mi corazón y las pequeñas escenas que ocurren en plaza de Mayo, el café Tortoni, las caminatas por la calle Corrientes y el cementerio de la Recoleta se mezclan con experiencias propias resultando en una mezcla de nostalgia y las ganas de volver a este país;además de esto ciudades como Barcelona o Nápoles están tan bien retratadas que es como pisar sus calles a medida que se desenvuelve la trama y la infaltable cuota culinaria que te hace agua la boca con tan solo imaginar el olor de los platillos que tanto se ha esmerado el escritor en describir.

Ahora bien, este libro  flojea un poco en algunos puntos de su narrativa debido a que en algunos casos se vuelve una telenovela con sus reveses algo forzados e incluso con la forma en que se van desenvolviendo las historias de algunos personajes secundarios, dado que en vez de aportarle un poco al hilo de la historia le restan.

Resumiendo un poco es una buena historia, entretenida hasta cierto punto, pero que ha pecado por querer llenarla de aderezos; sin embargo,  se salva por dejar que cada ingrediente en su narrativa dejará la marca de su sabor y  su punto de vista. En cuanto a su escritor por lo menos diré ahora que ha roto el hielo y que quizás en un futuro me atreva a leer otro libro de su cosecha.




Apartes

  • Un hospital está diseñado para que se sufra en soledad y abandono en un plan de mentiras sutilmente orquestado. (Pág. 19)

  •  << La supervivencia todo lo justifica, y cuidado: la gente puede ser como tú>> (Pág 23)

  •  Su premisa estaba basada en las lógicas de la guerra: << Tenés que preparate para la lotta>>. Para muchos emigrantes napolitanos e italianos, la palabra lotta, que significaba lucha, era sinónimo de vida. (Pág. 31)
  • Algo muy básico y casi sagrado nos vinculaba a los Merola con el acto de comer. No lo hacíamos para sobrevivir. Era otra cosa, lo sentíamos como una especie de alquimia. (Pág.66)

  • Mi amada Buenos Aires. Fui parte de cada plaza, cada cafetín, cada calle trasnochada que transité a la deriva. Era inevitable sentirlo: la nostalgia flotaba en el aire de la ciudad y se mezclaba con el hollín y el acelere de la gente que la recorría como un gigantesco amasijo histérico. La letra de un tango dice: <<Hay un fuelle que rezonga>>. Y es verdad. Aún cuando nadie lo esté tocando, hay un acordeón silencioso que tiñe la existencia rioplatense de melancolía: lo silba la gente en las veredas de baldosines disparejos y lo tararea la mente como un mantra, distraída pero constantemente. (Pág. 84)
  • << El primer paso a dar es tomar conciencia de que el amor es un arte, tal como es un arte el vivir. Si deseamos aprender a amar, debemos proceder en la misma forma en que lo haríamos si quisiéramos aprender cualquier otro arte, música, pintura, carpintería o el arte de la medicina o la ingeniería>> (Pág. 128)

  • <<Serás amado el día en que puedas mostrar tu debilidad sin que el otro se sirva de ésta para afirmar su fuerza>> (Pág.134)
  • Me pregunté cómo es posible extrañar aquello que se rechaza y pensé en el espíritu del guerrero que se alimenta y crece a cada combate y no puede dejar de serlo, porque los guerreros no se jubilan, reposan (Pág.174)


  • - A morte nun se mètte appaùra d´o mièdico.
    La muerte no teme al médico. A lo que María Grazia respondió con otro:
    - 'A morte va truvanno 'accasione.
    La muerte va buscando la ocasión.( Pág. 266)

  • Nunca le tuve miedo a la muerte, hasta que nació Mariano. Con vos yo era joven - agregó, mirándome a los ojos- y a la muerte al veía lejos. Pero no se puede abandonar a un bambino. (Pág.270)

  • Padre no es quien los crea, sino quién los cría. (Pág.271)
  • Detrás de su exigencia se percibía otra cosa. Recordé las palabras que le dije a Julia aquel día, sentado en el suelo de la pizzería, cuando rompimos: << Necesito que mi dolor te duela>>. Lo que se opone al amor no es el odio, sin la indiferencia, pero el sufrimiento de Tere traspasaba sus facciones y llegaba hasta mí. Sentí la misma urgencia por aliviarlo que con el mío entonces. (Pág.293)

  •  - No se si me quería- interrumpí- De lo que sí estoy seguro es de que nunca llené sus expectativas... No queremos a la gente porque es valiosa, tía, la vemos valiosa porque la queremos. (Pág.312)

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